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«Nos fuimos de allí espantados»

Una cuidadora vizcaína, dispuesta a testificar en el juicio contra el criadero de perros de Melgar / A punto de abrir un refugio canino, se ofrece a «llenar el cupo» con ejemplares rescatados

DIEGO SANTAMARÍA DIEGO SANTAMARÍA
19/07/2019

 

Etxaurren Martín nunca olvidará su primera y última visita al «criadero de los horrores» de Melgar de Fernamental. Ocurrió hace poco más de un año. Por casualidad. Un anuncio en internet ofreciendo perros ante el inminente cierre de un centro canino despertó su interés y contactó telefónicamente con la pareja de D.O.U., el propietario de la instalación, actualmente en libertad a la espera de juicio por un presunto delito de maltrato animal. De entrada, le llamó poderosamente la atención que solo quisiesen deshacerse de «cuatro border collies y cinco dálmatas», más que nada porque las fotografías que le habían enviado mostraban un ingente número de ejemplares. En teoría, según le explicaron, el resto se enviarían a la protectora.

Con la mosca detrás de la oreja, esta joven cuidadora vizcaína concertó una cita con los responsables del criadero. Al final, acordaron que se llevaría, poco a poco, más de un centenar de ejemplares para darlos paulatinamente en adopción. El propio D.O.U. le confesó que su pareja los estaba «envenenando» y Etxaurren se comprometió a trasladarlos para evitar su muerte. Él pedía 50 euros por perro -sin chip ni vacunas- y ella cerró el trato a cambio de varios sacos de pienso porque no podía asumir tal desembolso. Finalmente, la cita tuvo lugar el 4 de mayo del año pasado. Etxaurren se presentó en Melgar junto con otras dos personas. Intuía lo que se podía encontrar por las fotos que le habían mandando previamente, pero la realidad que se encontró fue mucho peor de lo que esperaba. «Nos fuimos de allí espantados», confiesa.

La visita resultó del todo infructuosa. El criadero «olía a muerto, a podrido» y la pareja de D.O.U. le comunicó que solo le daría los ejemplares inicialmente acordados. Etxaurren no daba crédito a lo que estaba viendo y aprovechó la ocasión para recabar pruebas documentales con su teléfono móvil. Una vez fuera, lo primero que hizo fue contactar con el Seprona para informar de lo que acababa de observar. Fue entonces cuando descubrió que el centro ya acumulaba «decenas de denuncias».

La joven relató los hechos a través de las redes sociales. Al cabo de unos días, D.O.U. la amenazó con denunciarla por «difamación». Lejos de achantarse, Etxaurren siguió investigando y pronto descubrió que todos los compradores eran citados «en una gasolinera» para cerrar las operaciones de venta. Nadie, según pudo saber después, visitaba las instalaciónes. Puede que ella fuese la primera, o al menos una de las pocas personas que lograron entrar. Por otro lado, recabó testimonios de clientes que adquirían perros gravemente enfermos o que pagaban cierta cantidad por adelantado pero nunca recibían el ejemplar en cuestión.

Nada más enterarse de la detención de D.O.U. y del procedimiento penal abierto en su contra, Etxaurren ofreció su colaboración a la Plataforma Justicia y Defensa Animal de Burgos, que se personará como acusación popular. Está dispuesta a declarar en el juicio como testigo de las condiciones extremas en las que se encuentran los perros. Además, conserva las pruebas gráficas de aquella visita que tanto le revolvió por dentro.

A punto de abrir un refugio canino, la joven ciudadora se ha prestado a acoger al mayor número de animales posible en sus instalaciones. Permanece a la espera de obtener el certificado de núcleo zoológico para saber cuántos ejemplares puede albergar. En cuanto lo sepa, no tiene ningún problema en «llenar el cupo» porque ha visto con sus propios ojos lo que sucede en esa parcela. Por eso no entiende que el Ayuntamiento y el Gobierno regional hayan hecho la vista gorda tanto tiempo. Y mucho menos que un veterinario de la Juntaemitiese «valoraciones positivas» en sus informes. A día de hoy, todavía no le entra en la cabeza.

La salvación in extremis de Dover, Aaron y Desi

Aaron, Desi, Dover y Linda. Son los nombres de los cuatro perros confiscados por el Seprona tras su última inspección al criadero de Melgar. Su estado de salud era tan grave que se ordenó su traslado «urgente» a un centro veterinario. El pronóstico de Linda era ya entonces tan «desfavorable» que se acordó una «eutanasia humanitaria» para que dejase de sufrir. El parte, difundido por Justicia y Defensa Animal, no puede ser más desolador. «Alta deshidratación», «anemia severa» o «enfermedad cardiaca avanzada agravada por malnutrición» forman parte de una larga lista de afecciones irreversibles.

La «deshidratación» y la «desnutrición» se repiten en los cuatro informes. También se constata la presencia de «pulgas» y «garrapatas». Por si fuera poco, a Dover se le ha detectado «sarna demodécica con pioderma profunda» y «pústulas sangrantes».

Las conclusiones del informe veterinario son demoledoras. El estado general de los cuatro ejemplares que fueron rescatados del criadero era «deplorable». Salvaron la vida gracias a la intervención del Seprona, pues «en caso de no haber recibido asistencia veterinaria, es muy probable que hubieran fallecido en las siguientes 48-72 horas», informaba ayer Justicia y Defensa Animal a través de las redes sociales.

 

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