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INVESTIGACIÓN HISTÓRICA / VIAJE HACIA LO DESCONOCIDO

Los obreros del metal que no regresaron

Ya nadie habla castellano en Alphonso Street. Sobre esa calle de Dowlais (Gales) se configuró, a principios del siglo XX, una colonia de obreros procedentes de los Altos Hornos de Bilbao. No todos eran vascos. Como mínimo, partieron también una treintena de burgaleses. Muchos revitalizaron el movimiento anarquista y se quedaron de por vida en el país. Judith Evan, nieta de un matrimonio oriundo de Las Merindades, se reencontrará estos días con sus raíces familiares. Se perdió el idioma, pero jamás la memoria colectiva.

DIEGO SANTAMARÍA DIEGO SANTAMARÍA
17/07/2019

 

Casi todos los habitantes de Dowlais (Gales) saben que las viviendas unifamiliares de Alphonso Street se construyeron expresamente para la colonia de españoles que se instaló en la localidad a partir de 1900. La historia es de sobra conocida en el condado de Merthyr Tidfyl, donde aún reside buena parte de la tercera generación de aquellos obreros procedentes de los Altos Hornos de Bilbao que en su día se asentaron en el país. La mayoría eran vascos, aunque también había un nutrido grupo de burgaleses, oriundos principalmente de Las Merindades, que partieron hacia Vizcaya en busca de un futuro laboral más próspero. La expedición, repartida en varias oleadas durante la primera década del siglo XX, también propició el traslado de operarios palentinos, leoneses e incluso «una persona de Asturias».

Ya nadie habla castellano en la calle que adoptó el nombre del rey Alfonso XII en versión anglófona. Sin embargo, los descendientes de aquellos emigrantes que desembarcaron en Dowlais y que aún residen en la zona mantienen el «sentimiento de comunidad» que se gestó a partir de su asentamiento. Son galeses «al 100%», de eso no cabe duda, pero aún persisten ciertas costumbres de sus abuelos como la «gastronomía». Casualidad o no -seguramente no-, a tan solo cinco minutos del «barrio de los españoles» se encuentra el restaurante La Bodega. Su propietario, Emilio Ortiz, es originario de Bilbao y su especialidad son las tapas.

Óscar Álvarez, profesor titular de Historia de América de la Universidad del País Vasco (UPV), lleva varios años tras la pista de aquel grupo de emigrantes que se mudaron al sur de Gales tras el acuerdo alcanzado entre los Altos Hornos y la Orconera, filial de la otrora poderosa -hoy extinta- Dowlais Iron Works. Sus conocimientos sobre movimientos migratorios se circunscriben fundamentalmente al otro lado del charco, pero no pudo resistirse a desarrollar una investigación conjunta con el doctor Stephen Murray, miembro honorario del centro Richard Burton, de la Universidad de Swansea.

El punto de partida de su trabajo se ubica en la situación laboral de Gales a raíz de la Segunda Guerra Boer que enfrentó al Reino Unido con el Estado Libre de Orange y la República Sudafricana. La industria siderúrgica se vio gravemente afectada por el número de bajas durante la contienda y no quedó más remedio que buscar mano de obra foránea. De entrada, la contratación de obreros irlandeses resultó un «fracaso» por su escasa cualificación. También se pensó en la comunidad de judíos de origen polaco afincados en Merthyr, pero descartó dicha opción -entre otras cosas- porque Gales era para ellos un «paso intermedio» en su larga travesía hasta Estados Unidos.

Finalmente, la imperiosa necesidad de mano de obra «especializada» se cubrió, sobre todo, gracias a los obreros de los Altos Hornos. El manager general de Dowlais Iron Works y representante de la Orconera, E.P. Martin, supo ver los «beneficios a largo plazo» que acarreaba la creación de una comunidad vasca en la localidad. La empresa quiso «ir a lo seguro» apostando por «gente con experiencia». Lo que no está del todo claro es si los propietarios de la compañía siderúrgica galesa conocían las inclinaciones políticas de los operarios o si los responsables de los Altos Hornos «se la metieron doblada». El caso es que muchos de esos emigrantes procedentes de Vizcaya «activaron el movimiento obrero» en el país británico gracias a sus planteamientos anarquistas y socialistas.

La investigación histórica de Álvarez y Murray ha podido constatar que los españoles «eran muy visibles» en Dowlais. No tardaron en «hacer piña» con los sindicatos locales y expandir su influencia tras la posterior dispersión de la colonia hacia otros pueblos como Abercrave en busca de trabajo. Aún con todo, nunca perdieron el contacto con la península ibérica ni con el resto de movimientos internacionalistas que emergían dentro y fuera de Europa. Así lo demuestran las múltiples referencias al país británico en la prensa anarquista de la época, que se hacía eco de las «colectas solidarias» en favor de los obreros represaliados por huelgas o, después, por la Guerra Civil tras el golpe de Estado de 1936. En este caso, ayudaron a financiar la «evacuación de niños que fueron rumbo a Gales».

Poco se sabe aún de las tensiones ideológicas entre obreros españoles por cuestiones políticas. Álvarez está pendiente de analizar este fenómeno porque hasta ahora sus indagaciones junto a Murray se han centrado más en la corriente libertaria que desembarcó en Dowlais. No en vano, el investigador Nick Heath, experto en movimientos anarquistas en el Reino Unido, ha podido demostrar que se registraron diversos conflictos en las cuencas mineras de Gales, hasta el punto de abrirse un debate sobre la idoneidad de emplear a obreros españoles, franceses o alemanes. Al mismo tiempo, también ha estudiado la influencia de la izquierda ibérica en Gales, reconocida por su «conciencia de clase avanzada» y su «perspectiva internacionalista».

De Las Merindades a Gales

Resulta complicado precisar con exactitud cuántos burgaleses se asentaron en Dowlais durante la primera década del siglo XX. De momento, Álvarez ha podido confirmar que la primera gran oleada partió con 98 personas. La mitad nacieron en el País Vasco y la otra mitad en Castilla y León salvo el obrero asturiano. De esos cerca de 50 operarios, aproximadamente «tres cuartos eran de Burgos». Por lo tanto, estaríamos hablando de más de una treintena de vecinos de la provincia, mayoritariamente de Las Merindades, que aterrizaron en los Altos Hornos a finales del siglo XIX sin saber que acabarían haciendo las maletas en dirección a Gales.

Pero no fue la primera incursión. Como si de una experiencia piloto se tratase, una docena de obreros partieron hacia Cardiff en un barco de vapor que transportaba minerales. Algunos iban acompañados de sus familias porque quizá daban por sentado que se afincarían allí definitivamente. Y así fue. De hecho, una oferta de empleo con viviendas unifamiliares en un área residencial junto a otros compatriotas supuso un importante aliciente para quienes formaban parte de aquellos contingentes que se fueron multiplicando con el paso de los años. En total, Álvarez estima que la colonia española en Dowlais llegó a rondar los 500 habitantes. Incluyendo, eso sí, a las esposas e hijos de los trabajadores.

El viaje a la inversa de Judith

A mediados de los 50, varios emigrantes de primera generación fueron entrevistados en Gales. Frente a la cámara, demostraron que «seguían siendo un grupo identificable». Álvarez y Murray están al tanto de esas grabaciones y su principal objetivo es localizarlas, pues se trata de un documento muy valioso para seguir profundizando en su investigación histórica desde un punto de vista entográfico y cronológico.

Los descendientes que aún permanecen en Gales «han perdido sus rasgos visibles, pero no la memoria de donde vienen». La dispersión poblacional al cabo de unas décadas fue inevitable por la «crisis de la siderurgia» que agitó los cimientos de la industria local, aunque Alphonso Street nunca dejó de ser un «referente simbólico» para la colonia primigenia.

La recuperación de esa memoria colectiva a veces trae consigo sorpresas gratificantes. Judith Evan, nieta de dos emigrantes burgaleses, se reencontrará a partir de mañana con sus raíces gracias a la colaboración del historiador Juan Carlos Maestro. Sus abuelos eran Sabino Gallo Ruiz (Porquera del Butrón) y Victoriana de la Hera Alonso (San Martín de Humada). La pareja contrajo matrimonio en 1897 en la localidad vizcaína de La Arboleda, su primer lugar de residencia en común antes de trasladarse a Bilbao y Getxo.

Los tres primeros hijos de Sabino y Victoriana nacieron en Bilbao entre 1898 y 1904. La tercera, Rafaela, en Burgos en 1905. Ya en Dowlais, donde se instalaron un año después, tuvieron otros cinco vástagos, tres varones y dos mujeres. El padre de Judith, según apunta Álvarez, fue uno de los que nació en Vizcaya antes de que el matrimonio cambiase de aires para asentarse definitivamente en Reino Unido. Por cierto, Sabino Gallo fue un activista concienciado. Bien lo refleja el periódico anarquista ‘Tierra y Libertad’, que se hizo eco de sus donaciones a dicha publicación en julio de 1916.

El profesor de Historia de América de la UPV aguarda impaciente el reencuentro de Judith con sus orígenes. No es para menos, pues más allá de la emotividad que despierta una visita de estas características, no cabe duda de que su testimonio puede resultar de vital importancia para seguir indagando en una historia «curiosa» sobre la que, incomprensiblemente, «aquí no teníamos ni idea».

 

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