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MIRANDA

El recuerdo de Félix Padín se consolida en forma de busto

La Plataforma contra los Crímenes del Franquismo insta al Ayuntamiento de Miranda a personarse en la querella argentina que el sindicalista defendió en sus últimos años de vida

 

La Plaza de los Olivos, junto a la estación del ferrocarril, acoge desde ayer la escultura de Félix Padín, el anarcosindicalista que permaneció seis años cautivo en el campo de concentración de Miranda, donde sufrió las peores condiciones de vida que un ser humano pueda padecer, privado de libertad y obligado a realizar trabajos físicos para el régimen de Franco. Una experiencia que Padín nunca dejó de recordar a cuantos le quisieron escuchar hasta que su fallecimiento el pasado 7 de octubre de 2014 a los 98 años de edad. Eso sí, antes acudió a los juzgados de Miranda para declarar contra los crímenes del franquismo en la querella abierta por la magistrada argentina María Servini en su país. Era la primera vez que narraba su historia ante la justicia y su testimonio resultó de especial relevancia por tratarse de uno de los pocos represaliados que permanecía con vida.

Padín luchó en los batallones de Isaac Puente y Durruti hasta caer prisionero, en 1937, en Vizcaya. De ahí pasó por las prisiones de Arrigorriaga, Galdakano, Vitoria y el campo de concentración de Miranda. Sin embargo, en el discurso de este veterano combatiente antifranquista nunca se escucharon tintes de venganza, sino un deseo de justicia y reparación moral. Unos valores que se resaltaron durante el homenaje, en el que la encargada de presentar el acto, Mayte González subrayó que «Félix transmitió a lo largo de su vida y militancia todo lo vivido en su lucha activa». Asimismo, destacó que «era un hombre especial, humilde, sin rencores pero sin olvidar, cuya vida giró entorno a la libertad».

Por su parte, Josu Ibargutxi, portavoz de la Plataforma Vasca para la Querella Argentina contra los Crímenes del Franquismo, manifestó durante el acto que su asociación emplazará al Ayuntamiento de Miranda a que apruebe una moción y se persone como institución «en este proceso contra la impunidad franquista», al igual que «lo están pensando» otras ciudades como Barcelona, Pamplona o Zaragoza, además de las que apoyan a la plataforma en el País Vasco.

El busto, obra del artista local Claudio Palma, está realizado con una aleación de metales y colocado sobre una peana con una placa en la que puede leerse: «En memoria de Félix Padín Gallo y en la de todos los presos que cumplieron su pena o dieron su vida en el Campo de Concentración de Miranda (1936-1950). Su lucha por la libertad y la verdadera democracia no fue en vano».

No es la primera obra de Claudio Palma sobre la figura de Félix Padín que ya en 2012 concibió una escultura del sindicalista, en resina y de tamaño natural y que lleva por título ‘Lucha y resistencia’.

La iniciativa ha corrido a cargo de un grupo de ciudadanos que durante meses ha reclamado la necesidad de realizar un homenaje a la memoria de este hombre y que han llevado a cabo varias actividades para recaudar fondos con los que costear su construcción, en la que el Ayuntamiento ha colaborado con 800 euros.

Oriundo de Bilbao, Padín se afilió a la CNT con 14 años y se estableció en Miranda de Ebro en 1854 en busca de empleo. Tras la muerte de Franco, reactivó su militancia hasta convertirse en el alma del sindicato local, que siempre lo consideró como un «símbolo de resistencia y lucha contra la impunidad». Y es que «ya fuese en la cárcel o en la calle, Félix siempre mantuvo su espíritu de resistencia».

El último campo

Apenas unos muros sirven de referencia para ubicar los escasos restos que se conservan del campo de concentración de la ciudad, que permaneció en activo desde 1937 hasta 1947, por lo que fue el último en clausurarse en España. Una década en la que este centro, ubicado entre las instalaciones ferroviarias y el río Bayas, vio desfilar entre 65.000 y 80.000 prisioneros republicanos.

 

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