Descubre el sabor ancestral que custodia un pequeño (y bonito) pueblo de Burgos
Poza es sal. Lo lleva en su ADN y en su apellido. Para reivindicar este legado fraguado en tiempos remotos, el municipio apostó por restaurar las salinas de Rusalado. Aspira a reforzar el tirón de su 'oro blanco’, no en vano conserva el diapiro más grande y perfecto del continente

Sacos de sal en la exposición que acerca este oficio a los visitantes del Centro de Interpretación de las Reales Salinas de Poza.
Poza es sal. Lleva incorporada en su ADN, además de en su nombre, este ‘oro blanco’. La atesora como la joya que es, alumbrada por el prehistórico mar de Tetis hace 200 millones de años, un gran contenedor cincelado por el tiempo: el llamado diapiro que se presenta como el mayor y más perfecto de Europa. Un salero del que emerge la historia remota de un pueblo que se niega a olvidar sus raíces. Es más, las reivindica con orgullo y las mima para que la sal vuelva a ser lo que fue para este enclave durante siglos, un motor de desarrollo.

Visita a las salinas de Poza de la Sal.
El valle de Rusalado recupera su brillo
Los pozanos se propusieron recuperar su brillo y, fondos europeos mediante, aquel afán se materializaba este mismo verano en la zona del valle de Rusalado, o Río Salado, una de las últimas en desocuparse de todas las que llegaron a estar en activo en los diferentes valles del diapiro, por lo que conservaban en mejor estado diversos elementos originales. Precisamente por su ubicación cercana al municipio, del que le separa apenas un paseíto a pie, su recuperación se entendió como una oportunidad, dada además su visibilidad y fácil accesibilidad.

Visita a las salinas de Poza de la Sal.
Cuna de Félix Rodríguez de la Fuente, otra razón más

Dos niños contemplan la sal extraída en Poza
Un producto de relevancia histórica
De tal fuente bebía la arqueóloga María Negrero, responsable del proyecto de rehabilitación que recuperaba la esencia de la granja de Rusalado, con la inestimable aportación de la Asociación Amigos de la Salinas, promotores de la conservación de este legado y encargados de realizar, en un espacio próximo al espacio rescatado, demostraciones en vivo para que vecinos y visitantes puedan aprender como se ‘cosecha’ este producto, a la vieja usanza.

Grupo de visitantes frente a la recreación de una caña o pozo.
Ambiciosa restauración
A la reconstrucción de las eras de tres tipos: de piedra, de arcilla y de cemento -las más modernas, donde se produce la sal blanca, sin otros materiales- y de chozas y chozones desaparecidos, de los que apenas quedaban restos documentales, y a la restauración de elementos auxiliares como arquetones, pingostes y canales de madera, se sumaba la creación de itinerarios con paneles explicativos que permiten a los visitantes entender el proceso de producción y su importancia histórica, urbanística y paisajística del entorno.

Visita a las salinas de Poza de la Sal.
'Pureza' heredada del mar de Tetis
No obstante, la primera referencia documental aparece en el año 937, cuando las salinas se mencionan en una donación al monasterio de San Pedro de Cardeña. Desde entonces, Poza se consolidó como uno de los principales centros productores del norte peninsular.

Visita al Centro de Interpretación de las Reales Salinas de Poza de la Sal.
'Oro blanco' para monasterios y nobleza
La importancia de esta industria llevó a la creación de la Casa de Administración de las Reales Salinas, promovida en 1786 por la Hacienda Real de Carlos III. Desde su inauguración en 1789, este edificio centralizó los procesos de elaboración, almacenamiento y distribución de la sal, no solo en Poza sino también en explotaciones cercanas de Álava.

Recreación de una era con materiales tradicionales