El Correo de Burgos

LA POSADA

Camping La Trapera. Un espacio para reconectar

Cuatro años de actividad han bastado para encumbrar este negocio familiar enclavado en Pradoluengo. Su apuesta por «el detalle y la calidad» opta por partida doble a los premios nacionales de mayor prestigio del sector

El complejo cuenta con 50 parcelas y 10 bungalows de tres tipos: tradicionales, tiendas safari y dos suites.

El complejo cuenta con 50 parcelas y 10 bungalows de tres tipos: tradicionales, tiendas safari y dos suites.ECB

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Burgos

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Un paseo por la Senda de los Batanes, en el municipio burgalés de Pradoluengo, se tornó punto de partida hace más de siete años. Entre bromas y veras la ruta discurrió junto a una finca que llamó la atención a los Echavarría Lozano. Pensaron entonces que aquel entorno natural de excepción era el espacio perfecto para albergar un refugio, un lugar de descanso y desconexión, un rincón donde alojarse y alejarse del mundanal ruido urbano que marca el paso de la sociedad actual. La caminata prosiguió y, aunque la charla cambiara de rumbo, la idea quedó prendida en el corazón de la familia.

A fuego lento, como bullen los guisos más sabrosos, fue cobrando forma aquella ensoñación que desde hace cuatro años encarna La Trapera, un camping que combina descanso y gastronomía de calidad en un marco tan incomparable como desconocido (dado el asombro de los visitantes que recalan en estos lares por vez primera), repleto de rutas para todos en escenarios impresionantes, en los dominios de un pueblo de marcada herencia indiana en el que la actividad textil tradicional, a la que hoy veneran, dejaba su impronta.

Desde el inicio, el objetivo de este proyecto fue claro: ofrecer un espacio «cuidado al detalle», según precisa Elvira Echavarría Lozano, donde cada elemento, desde las instalaciones hasta la comida, refleje mimo y excelencia.

La Trapera destaca tanto por el paisaje en el que se enclava, como por su propuesta culinaria con la propia Elvira y su marido, el chef Javier Andrade, a los mandos.

Situado en un valle aterrazado con vistas privilegiadas a la Sierra de la Demanda y próximo al río Oropesa, este alojamiento ofrece una experiencia distinta a la del camping tradicional, enriquecida con el lujo de una desconexión que invita precisamente a reconectar, empeño que, sin duda, refleja el espíritu del lugar.

Abierto tras la pandemia, el camping ha sabido atraer a un público deseoso de espacios abiertos y tranquilidad para su tiempo de ocio. «Cada vez más gente valora el ‘slow life’, el contacto con la naturaleza y la vida consciente», apunta Elvira, para detallar que el complejo gestionado por su familia cuenta con unas 50 parcelas y 10 bungalows de diferentes tipologías: cinco tradicionales, tres tiendas safari tipo ‘glamping’ y dos suites con bañera de hidromasaje y extraordinarias vistas al valle. Comparten formatos tan dispares un denominador común, la calidad: «Queremos que tanto el alojamiento más sencillo como el más lujoso estén cuidados y bien equipados», afirma la responsable.

La gastronomía es otro de los grandes alicientes del lugar, tal y como recoge su web www.campinglatrapera.com. El restaurante apuesta por una cocina que combina tradición y creatividad. «Nos gusta conservar los platos de siempre, pero dándoles una pequeña vuelta. Queremos que el cliente sienta que come como en casa, pero con un toque profesional», destaca. Las materias primas de calidad y el respeto al producto se revelan, así, los pilares fundamentales de una carta que reivindica la cocina local y los guisos tradicionales. El establecimiento tiene capacidad para medio centenar de personas en el interior y otras 30 en el porche.

En verano, la piscina cubierta corona la larga lista de reclamos de La Trapera, especialmente para las familias. Aunque no está climatizada, «la cubierta ayuda a mantener la temperatura del agua agradable durante los meses de más calor». Elvira Echavarría Lozano no disimula el orgullo que siente por lo logrado. El trabajo duro que requería la puesta en marcha de este negocio familiar "ha merecido la pena".

Su éxito lo evidencia. Y es que La Trapera lograba una doble nominación, por su encanto y su restaurante, en los principales premios nacionales del sector, un reconocimiento que todo el equipo vive con ilusión, más allá de lo que ocurra en la gala que se celebrará en Madrid el 27 de noviembre, donde sabrán si finalmente se llevan esos ‘Óscar’ de los campings de España. «Es muy gratificante porque un proyecto así tiene momentos difíciles. Estos reconocimientos son un chute de energía», señala Elvira, convencida de que el recorrido que nació, cual afluente, de la Senda de los Batanes, transcurre por el camino correcto: ese que desemboca en La Trapera, un refugio rural moderno y acogedor donde naturaleza, calma y buen comer se alían para ofrecer una experiencia auténtica.

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