Nevenka García: estudiar, crear y convivir con una discapacidad visual
Esta joven con síndrome de Stickler explica su experiencia en la Universidad de Burgos, donde estudia el grado en Comunicación Audiovisual

Nevenka García Gómez posa con el atril que necesita para tomar apuntes en su clase en el grado de Comunicación Audiovisual de la UBU.
Nevenka García Gómez no recuerda «cómo era ver con los dos ojos», tras un desprendimiento de retina cuando apenas tenía 7 años. Hoy, a sus 20, estudia tercer curso del Grado en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Burgos, gracias al apoyo de la Unidad de Atención a la Diversidad, de la que es responsable Natividad de Juan Barriuso.
Convive, desde su nacimiento, con el síndrome de Stickler, una enfermedad rara hereditaria que afecta en la mayoría de los casos a la vista, pero que está vinculada al desarrollo del colágeno y, por tanto, puede causar problemas en las articulaciones y en los oídos.
Nevenka García tiene grabado en su memoria el momento en el que empezó a ver una sombra morada delante del ojo mientras jugaba al ordenador. Al día siguiente, los médicos confirmaron un desprendimiento de retina que obligó a una intervención de urgencia. Tras ser derivada de Madrid, donde recibía atención especializada en el Hospital de La Paz, a Barcelona y someterse a varias operaciones, perdió finalmente la visión del ojo derecho, una secuela que condiciona su día a día académico y personal.
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Esta joven habla con tranquilidad de su itinerario educativo que le ha demostrado que estudiar con una discapacidad visual no tiene por qué ser una carrera de obstáculos cuando existen apoyos y comprensión en el entorno.
«Yo creía que la universidad me iba a venir grande», asegura, después de haber vivido una etapa en el instituto, en Secundaria y Bachillerato que fue «bastante complicada» por la convivencia con los compañeros. Hoy está «muy cómoda», vive en un piso compartido con otros jóvenes con los que comparte afición por el cine, pero es que también le encanta la música.
La Unidad de Atención a la Diversidad le ayudó desde el primer momento y cuando llegó a la UBU y comprobó que le «ponían las adaptaciones que nadie cuestionaba, ni preguntaba... para mí fue guay». Para desarrollar sus estudios necesita un atril para escribir sus apuntes a más altura, las fotocopias a un tamaño de letra más grande y, a veces, más tiempo para desarrollar sus exámenes, sobre todo para escribir, «porque me canso, sobre todo se me cansa la vista», explica.
«Aquí las adaptaciones se ponen y nadie te cuestiona», explica, destacando el papel de la Unidad de Diversidad, a quien llegó de la mano del profesor Alejandro Pérez de la ONCE. La coordinación con el profesorado ha sido algo natural desde primer curso, siempre se ha interesado y preguntado cosas tan básicas como el tamaño de letra que necesita para poder leer un documento.
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En el tratamiento de este síndrome es muy importante, según explica, descansar la vista e hidratar los ojos con un suero autólogo, que es un colirio personalizado que se elabora con la sangre del paciente y en su caso con la de su madre. Necesita unas condiciones de frío y ponerlo cada pocas horas y, por tanto, en los primeros cursos necesitaba llevar una nevera para conservarlo. Hoy vive muy cerca de la facultad y puede acercarse a casa para ponérselo cuando tiene tiempo.
Aunque estudia Comunicación Audiovisual, su vocación creativa va más allá del aula. La música y la escritura ocupan un lugar central en su vida: compone canciones, escribe poesía, toca el violonchelo y participa en micros abiertos, donde poco a poco va venciendo la vergüenza a cantar en público. «Es a lo que me gustaría dedicarme», confiesa.
Su historia pone rostro a la importancia de los servicios universitarios de apoyo a la discapacidad y al impacto real que tienen en la igualdad de oportunidades. «Para mí, llegar a la universidad y sentirme aceptada tal y como soy fue un alivio enorme», resume.