Viaja al centro de la Tierra sin salir de Burgos: así es la primera mina industrial navegable de España
De las entrañas de Olmos de Atapuerca emerge un nuevo atractivo en el que paisaje subterráneo y elementos fantásticos inspirados en el imaginario de Julio Verne se alían para ofrecer una experiencia sensorial. La llamada es irresistible: "Desciende, audaz viajero"
Ciencia y fantasía atrapan al visitante que surca el nivel -3 de Mina Esperanza.TOMÁS ALONSO
Verne tiene la clave. Su imaginario sirve de brújula y tienta a dejarse llevar a quien se asoma. ‘Desciende, audaz viajero’, clama, como lo hacía el enigma de su célebre novela para avivar la curiosidad y desatar la aventura. Porque la belleza, en este caso como en tantos, aguarda en el interior. Allá donde el susurro del agua reclama presencia, allá donde es posible surcar las entrañas de las tierras burgalesas sobre las que descansa el pequeño municipio de Olmos de Atapuerca, custodio de un tesoro esculpido en su momento a golpe de sudor. Descendían entonces los trabajadores consagrados a Santa Bárbara por donde hoy familias enteras se dirigen de cabeza al disfrute, ahora multiplicado tras la apertura de una nueva dimensión que convierte a Mina Esperanza en la primera explotación industrial navegable del país y, al mismo tiempo, trasunto de los mundos del escritor francés.
Acceso al nuevo nivel habilitado que convierte este enclave en único en el país.TOMÁS ALONSO
Media hora de disfrute
En su obra se inspira precisamente el citado llamamiento, que apela a avanzar: «Desciende, audaz viajero, y / alcanzarás el centro de la tierra. / La Mina de la Esperanza se abre, la cual / el noble Matagrande sostuvo. / En las calendas de julio, antes de que la sombra / de Matagrande caiga, / el camino al centro de la tierra se te revelará». Ni falta hace esperar a que reine el verano para adentrarse en el corazón de un enclave en marcha desde hace más de una década. Una cita previa en reservas@minaesperanza.com basta para que el periplo arranque. En grupos reducidos, como máximo de doce personas, los valientes que acepten el reto subirán a las barcas (cuatro en total, en turnos de media hora) dispuestas en el nivel menos tres de la mina. Arriba quedan los restos de su antiguo destino durante los siglos XIX y XX, que dan paso a una travesía fantástica. El recorrido real apenas comprende doscientos metros, pero se requieren los treinta minutos disponibles para dejarse llevar y disfrutar del paseo con calma.
Diversos detalles evocan las primeras formas de vida, enlacadas con elementos fantásticos.TOMÁS ALONSO
Una experiencia mágica
Atrapan al explorador los detalles dispuestos por Eduardo Cerdá, responsable de la empresa que gestiona el espacio, Ociosfera, empeñado en extraer la magia del lugar como antaño los mineros arrancaban el hierro de sus paredes hasta los años setenta. «La idea es recrear cómo era la Tierra cuando aparecieron las primeras formas de vida y unificarlo con la fantasía de Verne para que la gente no solo vea la mina, sino que viva una experiencia diferente. Esta es una primera fase, pero la intención es crecer y añadir más elementos para que el recorrido sea cada vez más completo», avisa, satisfecho con lo logrado para empezar. El desarrollo pleno de la iniciativa requerirá una inversión considerable, en torno a los 100.000 euros. En el horizonte se perfila la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), por la que Cerdá peleará, asegura.
En un punto puede degustarse el agua que brota del mismo manantial que nutre la Fuente del Rey de RubenaTOMÁS ALONSO
El agua como hilo conductor
Hongos, luces de neón que revelan presencias desapercibidas de otro modo, árboles resplandecientes y todo un monarca del que mana agua cristalina para degustar, literalmente. Porque el líquido elemento es la razón de ser de esta propuesta, y marca la diferencia. Procede de los mismos manantiales que alimentan la histórica Fuente del Rey que emerge en el municipio de Rubena. Brota, pues, del propio subsuelo y da forma a ese paisaje interior que oscila entre lo real y lo sugerido, ya sea en el leve movimiento de las barcas o en surgencias que asemejan un géiser. Su presencia ejerce de hilo conductor de la visita y refuerza la sensación de estar en un entorno vivo.
El empeño del responsable de la gestión de Mina Esperanza es brindar una experiencia sensorial.TOMÁS ALONSO
Universo fantástico
Sobre esa base real se superpone una capa narrativa que, como pretende Cerdá, transforma la visita en algo más que un recorrido geológico. Los ambientes húmedos, la escasa luz, las formas vegetales primigenias se confabulan con elementos que remiten a un universo fantástico en el que la fosforescencia o la evocación del firmamento en determinadas galerías cobra un tinte poético. Ciencia y ficción conviven y tientan a la imaginación.
La puesta en servicio del nuevo tramo ha exigido limpiar galerías colmatadas por los propios trabajadores de antaño.TOMÁS ALONSO
Trabajo de recuperación
Financiada gracias a una línea de ayudas inédita dirigida a empresas del sector concedida por la Consejería de Cultura (de la que este proyecto fue el único beneficiario de la provincia), la recuperación de este espacio no ha sido inmediata, ni mucho menos. «Buena parte de las galerías permanecían colmatadas por los propios mineros, que durante años fueron acumulando en ellas el material sobrante de la explotación», explica Cerdá. Reabrir el recorrido, siempre bajo la tutela técnica de la Universidad de Burgos, responsable de topografiar la zona y determinar la seguridad de los pasos, exigía limpiar y trabajar con precisión en aquellos puntos donde la mina aún ofrecía continuidad, en un equilibrio constante entre intervención y respeto por la estructura original.
Desde hace una década Mina Esperanza permite conocer el trabajo de la explotación de hierro.TOMÁS ALONSO
Explotación activa desde 1853 hasta 1974
Más allá del tramo navegable, Mina Esperanza permite recorrer galerías secas -donde aún reposan vagonetas y raíles originales, carbureros, entibaciones y barrenos-, antiguos espacios de trabajo y zonas iluminadas con faroles de queroseno en las que todavía se percibe la huella de la explotación de hierro, plenamente activa desde 1853 hasta 1974.
También se ha incorporado un pozo de los deseosTOMÁS ALONSO
Alicientes por doquier
Todo ello, además, en un entorno que suma atractivo por sí mismo. Sin ir más lejos, Olmos de Atapuerca está cerca de los yacimientos de idéntico apellido y de los centros de visitantes vinculados al que es uno de los enclaves arqueológicos más relevantes de Europa, lo que refuerza su potencial como destino vinculado al turismo cultural y de naturaleza. He ahí el hueco en el que quiere reivindicarse este espacio recuperado.
Salida de Mina Esperanza.TOMÁS ALONSO
55 escalones
Completada la experiencia inmersiva, el regreso a la superficie exige remontar, con tiento, los 55 escalones que conducen de nuevo a la luz. Este ascenso cierra el trayecto, aunque, como en los libros de Verne, la sensación de haber recorrido otro mundo perdura.