El Correo de Burgos

De Belorado a Orduña: las monjas cismáticas impiden la salida de las clarisas mayores

Después de inspeccionar el monasterio de Santa Clara, la Guardia Civil se persona en el País Vasco con una comitiva judicial y religiosas de la Federación de Aránzazu. Sor Paloma: «Esto es un secuestro»

Las cinco monjas mayores ya no están en el monasterio de Santa Clara, en Belorado.

Las cinco monjas mayores ya no están en el monasterio de Santa Clara, en Belorado.SANTI OTERO

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Videntes no serán, pero supieron anticiparse a lo que estaba por venir y movieron ficha. Las monjas okupas de Belorado han impedido este viernes la salida de las cinco religiosas de mayor edad tras su traslado, el martes, al monasterio de Orduña (Vizcaya). Para ello, han tenido que enfrentarse a una comisión judicial que se personó en el convento vasco junto a la Guardia Civil y cinco consejeras de la Federación de Aránzazu que pretendían llevar a las hermanas a Medina de Pomar

Según relata la exabadesa Laura García de Viedma, también conocida como Sor Isabel de la Trinidad, la jueza de Briviesca que ha estimado la demanda de desahucio contra las exclarisas se personó en Belorado el miércoles «de una manera totalmente ilegal» y «sin ningún poder para entrar». Quería interrogar a las cinco religiosas ancianas, cuyo estado de salud es sumamente delicado, y le comunicaron que «no estaban aquí». Al no poder acceder, la Guardia Civil acudió este mismo viernes con una orden de registro. Junto a la comisión judicial, precisa la lideresa del movimiento cismático, se encontraba el secretario personal del comisario pontificio, Carlos Azcona

De ahí a Orduña. «Otra comisión con otros cinco guardias civiles que no tenían precisamente mucha jurisdicción allí porque eso le pertenece a la Ertzaintza», apunta Sor Isabel de la Trinidad. Ahora sí, se procedía al interrogatorio de tres de las monjas. Según la versión de las exclarisas, «han dicho que querían permanecer en el monasterio con nosotras, que estaban bien y que no tenían intención de irse a ningún sitio». Quienes no han prestado declaración, al menos por ahora, son Sor Pureza y Sor Lucía. «Son las dos hermanas más vulnerables (...) y estamos rezando muchísimo para que las dejen tranquilas», apostilla. 

«Esto es un secuestro», denunciaba Sor Paloma, quien no dudó en trasladarse junto a Sor Berit hasta Orduña. De camino, grabó un vídeo y difundió un audio asegurando que la comisión judicial pretendía ejercer un «abuso de poder» al querer llevarse a las cinco monjas «a la fuerza» y «en contra de su voluntad». Su postura, dadas las circunstancias, es que «no hay obediencia cuando se va en contra de la conciencia». 

«Lo que han hecho pasar a nuestras hermanas no tiene nombre», sentenciaría posteriormente Sor Paloma, ya en Orduña, después de que la comitiva abandonase el convento. Y aunque sabe que lo acontecido tendrá «consecuencias judiciales» por impedir el traslado, no se cortó un pelo al aseverar que estaba «temblando de ira e indignación» porque «esta gente no tiene entrañas».

Con las exreligiosas rebeldes negándose a entregar las llaves del convento e impidiendo la salida de las cinco ancianas, su jefe de prensa, Francisco Canals, apuntaba que el principal objetivo de estas dos visitas a los conventos de Belorado y Orduña es «dividir a la comunidad en contra de la voluntad de las propias monjas»

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