La gala navideña del Teatro Principal reivindica el circo de autor y con nombre propio
Una exhibición de técnica y vanguardia que reunió en el Teatro Principal a grandes figuras nacionales bajo la batuta del dúo Garrapete / La burgalesa Amaya Goñi regresó a casa con su espectáculo sobre el trapecio

Amaya Goñi desplegó su lenguaje de danza y trapecio en su regreso a Burgos para brillar en la Gala de Circo del Teatro Principal.
El Teatro Principal de Burgos se llenó de oficio con una gala de circo en la que los artistas participantes demostraron que el escenario puede ser un espacio de riesgo y vanguardia más allá del espectáculo navideño familiar al uso. Al frente de la velada estuvieron Garrapete, un dúo que ejerció de maestro de ceremonias e integró sus propios números de clown y música con la soltura que otorgan las muchas actuaciones a sus espaldas. Su dominio del escenario es el resultado de una formación rigurosa con maestros internacionales como Philippe Gaulier o Virginia Imaz, un bagaje que les ha permitido llevar sus creaciones a plazas de referencia como el Umore Azoka o el Festival CIR&CO de Ávila. Su presencia recordó por qué su trabajo ya fue distinguido con el premio al mejor espectáculo en la Muestra de Palencia, manejando el tiempo cómico con una naturalidad capaz de conectar todas las piezas del programa.
El regreso a casa lo protagonizó la trapecista burgalesa Amaya Goñi, quien mostró desde Barcelona una evolución artística que hunde sus raíces en la danza y el teatro. Aunque su trayectoria comenzó vinculada a la medicina, su inquietud la llevó a convertir el circo en su eje vital, formándose con creadores como Olivier de Sagazan o Alberto Velasco para desarrollar una propuesta de artes híbridas. En el Principal, Goñi utilizó el trapecio como un vehículo de expresión íntima, explorando el espacio que el cuerpo ocupa en una escena viva en la que se prioriza la búsqueda estética frente a la mera ejecución física.
El malabarismo encontró una dimensión distinta con Luichi Leal, especialista en un diábolo que domina desde hace más de dos décadas. Su trayectoria, iniciada de forma autodidacta en Córdoba antes de profesionalizarse en la escuela CAU de Granada, incluye estancias de trabajo en el Shima Supein Mura de Japón y diversos proyectos en Francia y Arabia Saudí. En su intervención, Leal integró la técnica pura con efectos lumínicos, una destreza perfeccionada tanto en su faceta de artista como en su labor pedagógica que aquí transformó el malabarismo en una experiencia puramente visual.
La función concluyó con la fuerza de Miguel Barreto y la compañía leonesa La Pequeña Victoria Cen a través de un montaje en el que la acrobacia y la danza se funden con los malabares. Barreto aportó su experiencia en el Instituto Valenciano de Cultura y en citas de la relevancia del Festival Mondial du Cirque de Demain en París. Por su parte, La Pequeña Victoria Cen demostró su solidez como premio al mejor espectáculo de circo en los recientes Premios de las Artes Escénicas de Castilla y León. El encuentro entre ambos proyectos puso sobre las tablas una estética poética que ha recorrido escenarios desde Portugal hasta Corea del Sur y que sirvió de cierre definitivo para una exhibición de circo de alto nivel.

La gala del Principal reivindica el circo de autor

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