La crisis dispara la venta de oro en la ciudad

En el último año Burgos ha pasado de tener tres establecimientos a rondar la decena. Los negocios de siempre estiman que el aumento de estas transacciones supera el 30%

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Burgos

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L. B. / Burgos

La fiebre del oro ha llegado a la ciudad. En los últimos meses sus calles se han visto salpicadas de establecimientos, revestidos de enormes carteles amarillos, cuyas letras negras anuncian que allí se compra oro. Y es que este metal suele ser la respuesta a muchas oraciones en tiempos de crisis.

La falta de liquidez en las familias obliga a tirar de alhajas bien para llegar a fin de mes, bien para permitirse algún capricho que ya no cabe en el presupuesto. Al calor de este interés se han reproducido en la ciudad los negocios que adquieren oro al instante. Tanto, que en apenas unos meses han pasado de los tres locales 'de toda la vida', que entre otros servicios incluyen éste, a doce en toda la provincia, nueve en la capital. La mayor parte de los nuevos son, sin ser franquicias, extensiones de otros similares ubicados en Logroño o Madrid y únicamente se dedican a la compra de este metal.

Aunque la proliferación de estos establecimientos ha atomizado el 'pastel' comercial, los establecimientos tradicionales calculan que el negocio del oro ha crecido más de un 30% en el último año.

Sin embargo, predomina la cautela. «Las aguas volverán a su cauce y las nuevas tiendas, salvo excepciones, cerrarán al mismo ritmo que han abierto cuando el negocio deje de ser rentable», vaticina el responsable de Gemdor, establecimiento local con más solera en el sector, Jesús Manuel Alonso.

Además de oro, Gemdor adquiere plata, joyas, piedras, bienes de arte o antigüedades. Y es que, antes de la fiebre dominante, «ha habido muchos años que con la compra de oro a duras penas podías mantenerte», explica Alonso y añade a los aprietos económicos, la moda y el «bombardeo mediático», como causas del boom que vive el sector. También la especulación, entidades financieras mediante. «En tiempos de crisis el oro se entiende mal, como inversión, y no es así. Siempre se ha considerado como valor refugio pues ante la posible desaparición de una moneda o la inminencia de la guerra, el oro permite sobrevivir. Y no es el caso, lo que ocurre es que los hay que están especulando. Se ha llegado a alertar de una posible burbuja similar a la inmobiliaria», apostilla.

Alonso explica que la reacción de este metal ha sido la contraria a lo habitual pues aunque hay más oferta, el precio no ha disminuido. «Ha pasado de unos 700 dólares por onza a 1.200, casi ha duplicado su valor», explica. En euros, el precio -aunque fluctúa casi a diario- ronda los 26 euros por gramo de oro puro.

De regreso al crecimiento del mercado en Burgos, Alonso confiesa notar la competencia. «La gente viene más a consultar y se lo piensa en lugar de decidirlo en el momento, como lo hacía antes. Pero muchos regresan», asegura satisfecho.

Los hay, no obstante, dentro del sector, que dicen padecer los rigores de un mercado que comienza a saturarse. Así lo considera al menos Moisés, que detecta un descenso paulatino en las transacciones tras una avalancha inicial. Atiende el negocio de compra de oro ubicado en plena Plaza Mayor desde mayo del pasado año, el primero en aprovechar esa gran ola dorada que diez meses después tiñe toda la ciudad.

Perfil

Preguntado por el perfil de la clientela, Jesús Manuel Alonso no duda. Y tampoco Moisés. «No existe perfil concreto», responden ambos. La misma consideración hacen en el resto de establecimientos consultados. El abanico no puede ser más amplio, «jóvenes de apenas 20 años que venden sus regalos de Comunión porque no se los han puesto nunca, ancianos que se van a una residencia y consideran que ya no van a necesitar sus joyas, familias que necesitan urgentemente disponer de dinero líquido para lo más básico o las que venden para irse de vacaciones», relata Alonso.

Entre este batiburrillo destaca un grupo especialmente dado a estas transacciones, los inmigrantes. «En Sudamérica y Rumanía, sobre todo, están mucho más acostumbrados a comprar para vender en tiempos de estrecheces. Igual que ocurría antaño en España», indica.

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