JUICIO POR EL ASESINATO EN MELGOSA

La acusada dice ahora que no mató a su marido y que confesó por miedo

Definió al fallecido como «agresivo» y se retractó de la versión que ofreció a la Guardia Civil, en la que reconoció haber iniciado el fuego «solo para asustarlo»

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Burgos

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L. B. / Burgos

Nabila Achir, la acusada de originar el incendio que provocó la muerte a su marido, Abdelaziz Bakkali, el 14 de febrero de 2011 en su domicilio del municipio burgalés de Melgosa, se retractó ayer de su confesión inicial ante la Guardia Civil, en la que aseguró que ella había colocado el cigarro que inició el fuego para asustarlo y castigarlo por los malos tratos que él la propinaba.

La Fiscalía y la acusación piden 18 años de cárcel por asesinato con alevosía, en vista del reconocimiento y por entender que se trató de un plan premeditado, y uno más por daños.

El testimonio de la joven marroquí, que lleva un año en la prisión de Villanubla y acudió a la vista sin el velo que sí lucía cuando vivía con su marido, abrió la primera jornada del juicio con jurado popular que se celebra en la Audiencia Provincial. Preguntada por el fiscal, Achir negó ser la causante del incendio y afirmó que dijo que sí «sin saber bien lo que estaba diciendo» y empujada «por el miedo» a la familia de su marido. Llegó a asegurar en este sentido que prefería estar en la cárcel para que no fueran a buscarla y relató que tras la muerte de Abdelaziz Bakkali «su familia me echó de la casa con las dos niñas, como a un perro».

El relato de los hechos por parte del Ministerio Fiscal se remontó a 2005, año en el que la acusada, con 16 años, y el fallecido, con 40, contrajeron un matrimonio concertado.

Achir confirmó que así fue y que ella llegó a Burgos sin saber español ni en qué trabajaba su marido (pastor en Melgosa) o cómo vivía. «Me encontré una casa en malas condiciones, parecía un corral», explicó. Pasó a ocuparse de la vivienda y de sus hijos. El primero, sin embargo, moría a los nueve meses de forma súbita, hecho que, tal y como reconoció la acusada, la sumió en una profunda depresión. Abandonó el tratamiento en 2010.

Se centró entonces en criar a sus otras dos hijas. Comenzó a estudiar español y se sacó el carné de conducir. Precisamente utilizó el coche el día de los hechos para acudir al médico «porque no podía dormir» y le pidió que le diera algún medicamento que la ayudara. Achir dijo desconocer el nombre del fármaco que según el informe del fiscal era alprazolam, «un potente ansiolítico». La Guardia Civil encontró la caja vacía en la casa tras el incendio y el forense halló restos de esta sustancia en el cuerpo de Bakkali.

Con todo, la acusada negó habérselo administrado a su marido. Dijo que únicamente lo depositó en el cajón donde guardaba medicinas.

De vuelta a la jornada del 14 de febrero de 2011, fiscal y acusación coincidieron en destacar el detalle de que ella acudiera a una localidad próxima a comprar tabaco. Achir, que no recordaba la marca de la cajetilla, aseguró que era para su marido y que lo hacía con frecuencia.

Ya por la noche, tras haber cenado «todos lo mismo», insistió la acusada, la joven se llevó a las niñas a Urgencias preocupada por la salud de la más pequeña. Aunque el especialista que la atendió no encontró síntomas graves «sí la recetó un jarabe», precisó la defensa.

Cuando regresó a medianoche, según su versión, encontró su casa en llamas y fue a la del jefe de su marido a pedir auxilio. En este punto, el fiscal y la acusación sostienen que ella llegó antes de lo que reconoce y que al ver que su marido dormía tras haber ingerido las pastillas encendió la colilla y usó acetona como acelerante.

A preguntas de la abogada defensora, Nabila Achir relató el «infierno» que vivió durante los años de matrimonio con Abdelaziz Bakkali, al que retrató como «muy agresivo y cruel» con ella y con sus hijas, por las que, según la acusada, decía no sentir ningún aprecio. Indicó además que ya había tenido un matrimonio anterior que fracasó por su carácter violento y que había pasado varias veces por la cárcel «por drogas». Afirmó que la pegaba y la obligaba a mantener relaciones sexuales. «Si no accedía me golpeaba o me castigaba en la calle», contó entre lágrimas. Reconoció que no lo había denunciado por miedo y porque en su cultura no está bien visto, aunque dijo que sí se lo había comentado a conocidos.

Charlas telefónicas «en broma»

Parte de la primera sesión del juicio se dedicó a leer, a petición de la Fiscalía y de la acusación particular, las conversaciones telefónicas grabadas un mes después. Y es que cuando la Guardia Civil comenzó a tener indicios de que el incendio no había sido fortuito ordenó 'pinchar' el móvil de la acusada.

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Lo que ayer se conoció de estas fue, según el fiscal, que Nabila Achir estaba preocupada por cobrar la pensión que la correspondía, y así se lo explicó a su madre, y por encontrar un dinero que su marido había guardado. Además se 'escucharon' charlas con dos hombres marroquíes, uno de ellos con residencia en Burgos, con los que según el relato de la Fiscalía, la joven mantenía relaciones extraconyugales. La acusada solo recordó estas conversaciones cuando las escuchó y afirmó que todos los comentarios que dejaban ver un  vínculo más allá de la amistad eran «solo bromas». Explicó que ambos hombres eran «solamente amigos que la habían apoyado».