Picón quiere continuar cerca de la realidad social en su nuevo cargo

Desde ayer es vicario general de la Diócesis. Inicia esta etapa con ilusión y vocación de servicio, «que es la misión de la Iglesia», señaló el arzobispo Gil Hellín

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Burgos

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L. B. / Burgos

«¡Qué voy a decir!», comentó Andrés Picón al tiempo que se incorporaba para dirigir unas palabras a todos los que acababan de presenciar su nombramiento como vicario general de la Diócesis de Burgos. Y dijo, animado por Ildefonso Asenjo, secretario canciller, maestro de ceremonias del evento que albergó el salón de actos de la Casa de la Iglesia, que procuraría hacer las cosas «lo mejor que pueda, siendo fiel al arzobispo y a todo el presbiterio».

Un aplauso le manifestaba el apoyo del público reunido, compuesto en su mayoría por sacerdotes veteranos que, al tiempo que daban la bienvenida a Picón, hasta hace poco más de un mes responsable de Cáritas Burgos, rendían homenaje a su predecesor en el cargo, Pedro Sáez Vesga.

Ya como vicario general, Picón aseguró iniciar esta nueva etapa «con ilusión» pero también con la incertidumbre que crea el desconocer si sus actuaciones serán las adecuadas.

Con todo, tiene muy claro que la perspectiva ganada en su experiencia al frente de Cáritas, más aún en los últimos años de crisis económica, le ayudará a reforzar su nueva labor, que simultaneará con las de responsable de los centros escolares diocesanos, capellán del colegio Saldaña y vicario episcopal de Acción Social.

«Quiero seguir muy cerca de la realidad, de los problemas. En el anterior puesto debía estar muy atento a ellos y lo tengo reciente. Además, la misión de la Iglesia es estar al servicio de los demás y en situación de crisis esta vocación cobra especial relevancia», explicó.

Su agenda como vicario general está aún sin estrenar. Para empezar se poblará de conversaciones «con unos y con otros» y sobre todo con el arzobispo de Burgos, Francisco Gil Hellín. Será él quien le indique las tareas pendientes a abordar en primer lugar.

Una vez Picón se haga «la composición de lugar» pasará a la acción y, en términos generales, «tendré que estar al tanto de los distintos problemas que surgen para ver cómo puedo ayudar a su resolución, siempre con la misión de velar por el bien común». Sabe que las medidas que tome -a partir, eso sí, de decisiones del propio Gil Hellín, que será quien tenga la última palabra- no siempre serán aplaudidas por todos pero lo asume como parte del cargo que ostenta desde ayer.

De vuelta al evento que lo 'consagraba' como mano derecha de Gil Hellín, cabe destacar que el arzobispo agradeció la disponibilidad de Andrés Picón y aprovechó el acto para recordar a los presbíteros, en la línea manifestada por el ya actual vicario general, que «la Iglesia no es para ensalzarse, sino para servir, ese es nuestro destino porque los fieles necesitan de nosotros la palabra del Evangelio, administración de los sacramentos y ejercicio como guías espirituales, por eso debemos vivir lo que predicamos».

En su intervención el arzobispo quiso dirigir unas palabras a Pedro Sáez, con quien después se fundió en un abrazo, a modo de despedida. Se remontó a su llegada a Burgos, hace ya una década. «Llegaba de Roma y no tenía especial experiencia en la pastoral diocesana. Al aterrizar aquí me encontré esa necesidad de ayuda que Pablo del Olmo, José Luis Rincón y Pedro me brindaron. Los dos primeros, ya en edad de jubilación, siguieron algún tiempo más como yo les pedí hasta que conociera con detalle sus áreas y Pedro, aunque en varias ocasiones me pidió que lo sustituyera, sin forzar, ha aguantado hasta hoy y le agradezco tantos años de lealtad y de exposición de su parecer cuando era divergente al mío, siempre desde el respeto», indicó y recordó que el sacerdote seguirá al frente de la parroquia de San Lesmes.

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Como muestra del cariño de la Diócesis, Pedro Sáez recibió una escultura con una placa que recuerda su labor de vicario general entre 1996 y 2012.