El desembarco del e-cigarrillo
Cinco tiendas han abierto en los últimos meses. Los médicos piden cautela por la falta de datos sobre su composición
L. B. / Burgos
La fiebre del cigarro electrónico es aún incipiente en Burgos. Pero sus primeros síntomas ya se perciben. Como prueba, el desembarco en la ciudad de tiendas especializadas en la venta de este producto que, sin ser novedoso -ya sonó con fuerza al tiempo que entraba en vigor la Ley Antitabaco-, ha cobrado impulso al calor del fenómeno franquicia. Así, en apenas un par de meses cinco negocios comunicaban al Ayuntamiento su puesta en marcha.
El reclamo es común: el cigarro electrónico ofrece una alternativa al tabaco «con un menor riesgo», según aseguran las marcas que lo comercializan, y permite fumar en espacios cerrados. Se vende además como terapia de reemplazo para dejar de fumar pues permite reducir progresivamente la cantidad de nicotina ingerida.
La demanda masiva llegará si se cumplen las previsiones. Tanta es la expectativa que hasta los estancos, por si acaso, peleaban para poder vender este producto. Y lo han logrado, aunque no esté todavía en sus locales porque a los proveedores les pilló de sorpresa el permiso. Así, en breve los cigarros electrónicos o e-cigarros compartirán espacio con el tabaco de toda la vida. El portavoz de los estanqueros burgaleses, Carlos Pérez, es, no obstante, un tanto receloso con el éxito de ventas que se augura. «En España aún no ha calado porque es bastante reciente. Preferimos no crearnos expectativas y ver como evoluciona la respuesta», explica y emplaza a un primer balance después de Navidad. Con todo, reconoce que si hay demanda podría paliar el desplome de ventas del tabaco ordinario, que se agrava año a año.
Por el contrario, el descenso de fumadores alegra a los neumólogos. Aunque en sus consultas ahora ven los devastadores resultados del consumo masivo de tabaco de décadas anteriores, confían en percibir en el futuro el impacto de las restricciones. En este sentido, la especialista del Hospital Universitario Ana Pueyo, afirmaba ayer que sí se registra una menor incidencia de enfermedad cardiovascular vinculada a la inhalación de humo.
Sobre el cigarro electrónico, el responsable del servicio burgalés de Neumología, Luis Rodríguez, explicaba que «se vende como vapor de agua pero en realidad no sabemos qué sustancias se añaden, no tenemos ni idea de la composición como durante muchos años ocurrió con el tabaco, por lo que no podemos prever que efecto puede tener en los pulmones».
Pueyo indicaba al respecto que hay en marcha varios estudios para conocer sus componentes y explica que la comunidad científica es escéptica con los beneficios. La neumóloga pone incluso en duda su validez como ayuda para dejar de fumar. «La adicción al tabaco tiene dos vertientes, la física y la psicológica. Mantener un cigarrillo en cualquiera de sus formas desatiende el segundo tipo de deshabituación, que es fundamental», apostilló.