EXCLUSIVA / El sumario del 'Caso Carrasco'
«¿Me puedo declarar loca?»
Montserrat declaró que tras disparar a Carrasco abandonó el lugar «fatal y medio ida» pero se quitó los guantes, le dio el bolso a su hija con el arma y se cambió de parka
FELIPE RAMOS / LAURA CORNEJO
Día 12 de mayo 16,45. Montserrat González sale con su hijaTriana del ático de la calle Cruz Roja. Se dirigen al centro, según relata a la Policía y después a la juez instructora, sin ningún objetivo. Pero lo había. Montserrat llevaba en el bolso un revólver Taurus HR Magnum calibre 32 con cachas de goma y una navaja automática de un filo y 11 centímetros de hoja.
Además de las armas, complementos para cambiar de atuendo: una gorra que se puso al llegar a la pasarela y un foular naranja y marrón. Ella lucía otro pañuelo negro, rojo y blanco. El mismo con el que se cubrió la cara al huir —la mujer del policía jubilado, testigo clave de los hechos, declaró que lo iba «mordiendo» para que no se le cayese— y que se quitó antes de reunirse con su hija Triana. También llevaba un callejero de León y unos guantes de piel de Tous.
Montserrat salió preparada para matar. Y lo hizo casi como un sicario profesional. Llevaba unos guantes de latex que se puso antes de disparar y que después guardó en la parka marrón de la marca Boss Orange que llevaba encima de su vestido negro.
Los testigos del crimen y posterior huída aseguraron que dejó la pasarela andando, que guardó la pistola en el bolso, manteniendola empuñada, y que parecía «tranquila», con una actitud «fría y normal». Tanto es así, que una vez que se encontró con Triana en el pasadizo de la confitería Fuensanta, le entregó el bolso, se cambió la parka por una cazadora blanca Belstaff y se fue hasta donde habían dejado el coche, en San Marcos. Una vez allí, esperó tranquilamente en el asiento del copiloto.
Esa actitud choca frontalmente con su declaración judicial, en la que aseguró que abandonó el lugar del crimen «fatal, muy mal, medio ida», y que el crimen había sido fruto de la «desesperación» que sentía por el modo en que Isabel Carrasco había tratado a su hija Triana. Montserrat explicó que estaba «obsesionada».
En la frialdad descrita por los testigos coinciden los agentes que participaron en su interrogatorio: «Se sentía como si hubiese hecho justicia. En ningún momento mostró arrepentimiento», declaró a la juez uno de los dos inspectores de Policía de Burgos que participaron en la investigación.
Es más, el agente relata que la dejaron subir de calabozos a dependencias porque estaba muy angustiada por su hija «y no le gustaba la comida» y llegó a anunciar que iba a declararse culpable para a continuación preguntar: «¿Me puedo declarar loca?».
Estos dos policías manifestaron a la juez que Montserrat, que insistía en exculpar a su hija también les contó que esa noche —la primera que había pasado en los calabozos de la comisaría de León «había dormido muy bien».Sigue en edición impresa