Santa Dorotea, de nuevo a ‘quirófano’
Las agustinas inician los trámites para arreglar la fachada de la iglesia tras un leve desprendimiento / Será la cuarta intervención en el convento del siglo XV desde 2012
Varias vallas rodean la fachada dañada para evitar incidentes.-Santi Otero
Un leve desprendimiento en la pared de la iglesia del convento de Santa Dorotea motivaba el pasado miércoles un aviso a los bomberos. De su visita al lugar queda aún el perímetro de seguridad dibujado para evitar que el deterioro de la piedra provoque algún incidente. Aunque no existe un riesgo de desplome inmediato, las religiosas agustinas que habitan este monasterio reaccionaban con rapidez y ya han encargado la obra para solventar el problema. Están a la espera de licencia.La zona de muro que se revocará por completo es la más próxima a la puerta de entrada de los fieles al templo del siglo XV en el que se celebran misas a diario y hasta por partida doble los domingos y festivos, «con gran afluencia», señala la madre priora de la congregación que prefiere «no hablar de cifras» aunque muestra su preocupación por el desembolso al que se ven abocadas para mantener el inmueble.Y es que la nueva intervención sería la cuarta gran reforma realizada desde 2012, cuando destinaron 400.000 euros a rehabilitar la cubierta de buena parte del edificio casi al tiempo que rehacían la fachada perimetral hacia San Agustín. Le siguió después la renovación del muro que mira a la rotonda que enlaza las calles Alfareros y San Pedro y San Felices, el mismo punto del que parten ahora las vallas hacia Santa Dorotea.En todas estas intervenciones apenas han contado con ayuda de la administración «salvo una pequeña subvención» del Ayuntamiento que se retrasó en su momento por falta de liquidez.Las religiosas entienden que deben actuar para conservar «este valioso patrimonio» pero echan de menos apoyos públicos o privados para hacerlo. Preguntada por cómo logran financiar las costosas obras la priora de estas canónigas agustinas -que, con amabilidad, eso sí, rechaza incluso facilitar su nombre, porque «qué importa»- explica que «con mucho sacrificio y privándonos de muchas cosas, estirando como podemos las escasas pensiones que tenemos».En ocasiones suman los beneficios de «alguna labor esporádica» que realizan, añade, y lamenta que disponer de tal patrimonio solo las supone gastos imprevistos y muchos impuestos. Sigue en la edición impresa