GRUPO ANTOLÍN ADQUIERE MAGNA INTERIORES
Antolín controlará la producción de su nueva división desde un centro de I+D en Munich
El grupo burgalés se beneficia de la capacidad tecnológica de la filial de interiores de la firma canadiense y suma a su catálogo nuevos componentes, con lo que, por primera vez, será capaz de fabricar todo el interior del vehículo
El grupo posee 125 fábricas en todo el mundo, varias en Burgos donde también tiene su centro de I+D y sede de la compañía.-ECB
Los buenos negocios son aquellos en los que todo el mundo gana. Win-Win (ganamos todos), suelen decir los norteamericanos y éste parece ser el caso de la adquisición por parte de Grupo Antolín, de la división de interiores del gigante de la industria de componentes del automóvil Magna International. Y cuanto más fácil sea cerrar el negocio, mejor para todos. Y en este caso fue asombrosamente sencillo.
Con el acuerdo anunciado la semana pasada, el fabricante canadiense realiza una oportuna desinversión, vista desde su estrategia empresarial, y deja en manos de un competidor «establecido», con «una buena posición a nivel mundial en el negocio de interiores», en palabras de su consejero delegado, Dan Walker, al diario canadiense Financial Post. Ingresará por esta operación cerca de 500 millones de euros, menos de lo que vale a precios de mercado según ciertos analistas canadienses, pero lo compensa por el mérito estratégico significativo de la operación y la valía del comprador, Grupo Antolín, que «continuará sirviendo a nuestros clientes de interiores y proporcionará a nuestros empleados una base sólida para el futuro», dijo Walker al mismo medio.
Magna se quita de encima una parte mínima de su cartera de productos -apenas llega al 7% de su facturación, ya que su negocio principal está en componentes de chapa y asientos- con la venta de su división de interiores, que opera en un mercado altamente competitivo, en el que el margen de beneficios es reducido y el cliente, exigente. La compañía canadiense prefirió reducir esa gama de productos y centrarse en producir otros componentes del vehículo que generen retornos mayores en forma de beneficio.
Para Grupo Antolín la situación podría describirse en sentido contrario. Ostenta una situación de liderazgo mundial en el área de techos, que sólo podía mantener a ese nivel, y posiciones remarcables en otros sectores del interior del automóvil en las que el crecimiento sólo era posible por vía orgánica, «lo que es costoso, porque hay mucha competencia», aclara el consejero delegado de Grupo Antolin, José Manuel Temiño. Así las cosas, los directivos del grupo burgalés se percataron de que la compañía necesitaba dar un salto hacia adelante para seguir siendo uno de los principales actores del mundo en este mercado y que había que hacerlo por medio de una adquisición. Que es, precisamente, lo que hizo Magna en sus inicios para convertirse en una gran empresa que pelea contra otros gigantes como Johnson Controls, Lear Corp. y Faurecia.
Antolín consigue con esta operación duplicar su facturación hasta los 4.000 millones de euros, impulsar su cuota de mercado al 12%, reforzarse en territorios clave del mundo y elevar su plantilla hasta las 27.000 personas. De largo se sitúa como la mayor compañía burgalesa y en el ámbito de Castilla y León permanece en el segundo puesto en cuanto a facturación, por detrás de Renault, que en 2014 facturó 4.600 millones.
El encuentro
Antolín y Magna daban vueltas a sus planes por separado hasta que hace un año el destino les puso en el mismo sendero, se encontraron en un punto medio en el momento oportuno y en una cena en Detroit, recuerda Ernesto Antolín, presidente del Grupo burgalés, sentaron las bases del acuerdo anunciado la semana pasada. «Nos encontramos en el camino», recuerda Temiño; «no nos íbamos buscando». «También era un buen momento», agrega María Helena Antolín, vicepresidenta de la compañía.
Como si el mundo de los fabricantes de componentes del automóvil fuera un pañuelo, entre ambas compañías surgió el flechazo. Cada una ofrecía lo que buscaba la otra y esa sintonía allanó el camino para un negocio en el que ambas partes remarcan -insistentemente- que lo más importante es la complementariedad de los negocios que se suman tras esta operación, que aún tardará «dos años» en completarse, según detalló el responsable de Operaciones del grupo burgalés, Jesús Pascual.
Esa complementariedad viene dada porque Magna se dedica a fabricar partes del automóvil que Antolín no tiene en su catálogo, por lo que no son realmente competidores aunque pertenezcan al mismo sector. «Llevábamos muchos años queriendo entrar a fabricar paneles de instrumentos», lo que se conoce como salpicadero, explica Temiño. Ésa es precisamente la especialidad de la división de Magna que acaban de comprar, aunque también fabrica el revestimiento del maletero, entre otros elementos. Con todo ello, la compañía burgalesa va a ser capaz de ofrecerse a sus clientes para fabricarles todas los componentes del interior del automóvil.
Por otro lado, en los apartados en los que Antolín es especialista y tiene una posición destacada, Magna no tiene presencia o si la tiene es en un ámbito geográfico diferente o con un cliente distinto. Esas son, a su vez, las otras dos claves de la complementariedad que se evidencia con este acuerdo.
Magna Interiores y Grupo Antolin también se complementan en presencia territorial. Magna reforzará territorios en los que Grupo Antolin ya estaba y que serán muy importantes para el futuro de la industria. «Por ejemplo, en México su capacidad instalada complementa muy bien nuestras necesidades futuras. Además, nos da entrada en dos países más: Hungría y Austria», aclara Pascual.
A mayores, a los burgaleses se les consolida muy particularmente su negocio en EEUU, donde hasta ahora tenían cierta fortaleza en torno al fabricante Ford, y ahora la obtiene también con General Motors gracias a la compra de Magna.
Esa es la tercera clave del acuerdo: Antolín se va a convertir en proveedor de piezas como el panel de instrumentos, para marcas premium como Mercedes, BMW, Audi, GM o Jaguar, para las que ahora se estaban realizando encargos pero a menor nivel.
Qué gana cada cual
Todo el mundo parece ganar con esta operación; el comprador y el vendedor. Pero el acuerdo también ha sido muy bien recibido entre los fabricantes de automóviles que, recuerda Helena Antolín, no sólo ven con buenos ojos sino que han recomendado al diversificado sector de los componentes de automoción que se vaya consolidando y concentrando en menos proveedores. Además, las marcas tienden a trabajar con quienes son capaces de producir las gamas más complejas y variadas de componentes y que además cuenten con una amplia presencia geográfica. Todo ello para ahorrar costes.
Está claro que Magna logra generar caja con la venta de su división de interiores, a la vez que se desvincula de un área de negocio que para ellos no es vital, aliviando la carga salarial con 16.000 empleados menos. Grupo Antolín se hace con 36 procesos de fabricación de componentes del interior del vehículo, «lo que es el ‘core’ de nuestro negocio, resalta Temiño», de una compañía reconocida por su «capacidad tecnológica», según puntualiza María Helena Antolín, que ahora será aprovechada por las fábricas del grupo burgalés. Además, refuerza su posición en toda América y China.
Dificultades no ha habido ninguna, ni siquiera las diferentes nacionalidades de ambas empresas, ya que las dos están ampliamente extendidas por el mundo y tienen una dimensión global, aclara Pascual.
Contrataciones
El acuerdo tiene que ser validado ahora por las autoridades de la competencia y el precio aún tiene que cerrarse definitivamente, pero todo apunta a que en el próximo trimestre la división de interiores de Magna cambiará de manos. La integración la lleva a cabo un equipo mixto de personas de ambas empresas y durará dos años, según su responsable, Jesús Pascual. Se ha concebido de una manera muy sencilla y natural, ya que Magna Interiores se convertirá, tal como es y tal como está, en una nueva división del Grupo Antolín. No supondrá ninguna afección ni a la posición financiera de la compañía ni movimientos de personal o de salarios, tan sólo es posible que haya que reforzar el área de ingenieros en Burgos para aprovechar el capital tecnológico que Magna trae consigo para que redunde en todo el grupo.
A partir de que la operación sea efectiva, Grupo Antolín dispondrá de tres centros de ingeniería e I+D en todo el mundo. El primero de ellos, la base de operaciones del negocio anterior del Grupo, es el de Villafría, en Burgos, y se añaden uno en Munich y otro en Detroit, con más de 200 ingenieros cada uno en plantilla, gracias a la adquisición de Magna Interiores. El de Munich será el centro principal -ya lo era con Magna- en la fabricación de la cartera de productos que ahora llevará la marca de Grupo Antolín.
Desde ese punto se aprovechará el conocimiento tecnológico y el ‘know how’ de la firma canadiense que se irá filtrando en diferentes procesos productivos de la compañía burgalesa en busca de un «crecimiento orgánico» que vendrá condicionado, también, por el plan estratégico de la compañía, que marca un horizonte de cinco años.
La idea es que en estos dos próximos años que durará la integración se combinen la «posición tecnológica» de Magna con el «gen de la investigación y la innovación» que es la seña de identidad de Antolín, explica Pascual, ya que la firma canadiense tiene menos inclinación por la investigación que la burgalesa, según reconoció Ernesto Antolín.