BURGOS
Gozosa y sabrosa expedición al medievo
El mercadillo se instala por sexto año consecutivo en la plaza de la Cecina de San Pedro de la Fuente hasta hoy
El alfarero atrajo la mirada de grandes y pequeños durante la mañana en la plaza de la Cecina, donde instaló su torno.-Raúl Ochoa
Pasaban en el medievo sucedidos no tan distintos a los que ocurren en la actualidad. San Pedro de la Fuente viaja este fin de semana hasta aquella época y escenas muy similares a las del siglo XXI se producían en el microcosmos en que se ha convertido la plaza de la Cecina hasta hoy.
En el medievo como en el siglo XXI, los hombres buscan ávidos la sombra cuando el sol calienta y gustan de refrescar el gaznate con bebidas bien frías y llenar la panza con suculentos platos de chorizo, morcilla, morro o tortilla de patatas. Los niños se quedan atrapados con cualquier artilugio desconocido y más si quien está detrás de él es un alegre charlatán. Los mercaderes cantan las bondades de sus productos sin mirar a los lados. Y hasta los hombres más peludos ruegan por que alguien los libere de su pelambrera.
Con uno de estos metrosexuales medievales se topó Alejandra Alcaide, barcelonesa que viajaba desde Guipúzcoa con su kit de depilación natural consistente básicamente en una esponjita de silicio, que, dice, exfolia sin dolor y poco a poco elimina para siempre el vello indeseado. Una suerte de láser natural. «La depilación ha existido siempre. Desde los egipcios a la época romana y griega. Incluso nos podemos remontar a las homínidas, que buscaban al menos peludo de la comunidad por el tema de los parásitos», comentaba al tiempo que atendía a ese presumido zancudo, que, para pasmarse, se hizo un selfie con la esteticista.
Acompañado por un pequeño séquito, recorría este personaje las hileras de puestos que al filo de las 14 horas lucían desnudos de clientela.
Carlos Monteros confiaba en que la situación cambiara por la tarde. Su puesto, el de menaje de madera de boj y olivo procedente de Cascante (Navarra), es uno de los fijos. No ha faltado un año. Asegura que la crisis ha hecho que la gente se fije menos en la calidad que en el precio, pero aún halla fieles de plaza en plaza.
Complementos de cuero, cerámicas de colores, perfumes y ambientadores, encurtidos, productos ibéricos, bisutería... De todo se encuentra en el medievo. Pero a esa hora el rugido del estómago y el suculento olor de viandas a la parrilla guiaba a los vecinos sin remedio hacia la taberna instalada por la Sociedad Cultural y Recreativa de San Pedro de la Fuente.
De un lado a otro de la barra iban algunos de sus miembros mientras otros sudaban en cocina. Al quite de todo, su presidente, Primitivo Saiz, que aplaudía la labor de los voluntarios que hacen posible que este mercado medieval haya celebrado su sexta edición... y las que vendrán.