La Espuela / Sandra Pinilla, bailaora
«Cuando hay jaleo intento salir por peteneras, que no por patas»
Burgalesa del 83, lleva el duende metido en su pequeño cuerpo desde que se cruzó con él tras hacer ballet clásico, escuela bolera, danza española y folclore. Es la niña bonita en el Cuadro de Mariano Mangas y hace tres cursos se lio el mantón al moño para crear su propia escuela, Danzarte
Sandra Pinilla.-Israel L. Murillo
Pregunta- ¿Cómo se arranca una burgalesa por flamenco?
Respuesta- Desde muy pequeña he sido un poco zascandil, un culo inquieto, y he ido picoteando. Mis primos hacían gimnasia deportiva, la hija de unos amigos de mis padres, ballet y flamenco. Y me dio por ahí.P.- ¿Cómo encontró la niña desorden el duende?
R.- El flamenco tiene algo que cuanto más lo conoces más te pica y al final dentro del caos que yo tengo lo encontré.P.- Ser flamenca en Burgos es como...
R.- Es una ilusión y una utopía, pero sí se puede y cada vez somos más.P.- ¿De qué peca una bailaora con chupa de cuero?
R.- De locura. De estar escuchando una canción de Metallica y que se te vengan pasos de flamenco a la cabeza o de dar palmas en un concierto de Extremoduro.P.- ¿Qué sueños dibuja con su mantón?
R.- Sueños de felicidad, sin esos dibujos Sandra no sería Sandra. Para mí bailar es un punto de alegría, me da lo mismo que sea con mantón o con bata de cola.P.- ¿Qué miedos espanta con el taconeo?
R.- Todos. Ponerte el tacón y darle es un soltar todo lo que tienes dentro. Espantas el miedo al fracaso, a la vida, al qué dirán, a la vergüenza, porque, aunque una parezca muy echada palante, también tiene su pudor. Cuando te pones los tacones tienes la sensación de crecer veinte centímetros, que no me vienen mal tampoco. Es un decir aquí estoy.P.- ¿A qué suenan sus castañuelas?
R.- A energía, a intentar no parar, a vivir minuto a minuto... No me gusta estancarme. A todo lo que me ofrecen digo que sí. Me gusta sumar experiencias en la mochila, o en la funda de las castañuelas.P.- ¿Es una temeraria?
R.- ¡No! Soy una aprovechada de la vida. Intento no dejar nada que pueda hacer por el camino. Solo se vive una vez y, aunque tengo el tiempo súper, súper milimetrado, procuro sacar un poco para tomarme un vinito con los amigos, una cañita a última hora o ver a alguien antes de una actuación. Exprimo las horas del día y de la noche. Dicen que los flamencos somos aves nocturnas y llevan razón. Por la mañana me cuesta mucho madrugar, aunque lo hago, pero por la noche nunca tengo prisa.P.- ¿Qué tiene la luna que no tenga el sol?
R.- Intimidad, vida... La luna hace que la energía fluya.P.- ¿De qué situación salió por peteneras?
R.- De muchas. Me gusta salir por peteneras cuando hay discusiones absurdas, enfados o disputas sin razón de ser. Me gusta dar mi opinión pero no soy persona follonera. Cuando veo que hay jaleo intento salir por peteneras, que no por patas.P.- ¿En cuál se metió por alegrías?
R.- En todas. Todo lo miro por el lado positivo, por la cosa buena. Si nunca habías doblado ropa en una tienda, pues igual tiene su punto, cuando una cosa tan dura como la muerte de un familiar te golpea, obviamente es duro y no puedes salir por alegrías, pero sí recordar lo bueno de esa persona. Hay que ver la vida por alegrías y bulerías, bastantes cosas malas hay para hacerlo por seguiriyas.P.- ¿Qué diferencia a una bailaora de una bailarina?
R.- Las bailaoras tenemos un punto más de locura, de descontrol y de desorden que las bailarinas. Yo he hecho ballet clásico y es una disciplina más cuadriculada, mientras que en el flamenco la cosa tiene que fluir, si se te sale un poco la barriga no pasa nada, si pegas un pellizco con el hombro, pues olé.P.- ¿Tienen más quejío las curvas de los lunares o las líneas rectas de un tablao?
R.- ¡Pon un lunar a la vida! Una línea recta es muy aburrida, mejor la curvita de un lunar.P.- ¿Como quién se siente cuando la jalea su club de fans?
R.- ¡Ni lo sé! Fue una historia que me hizo muchísima gracia. ¡Están locas! Pero sí, me sentí poco más que como la Pantoja cuando la van a buscar a la puerta de la cárcel. Además yo a las actuaciones me llevo a mi padre, como la madre de la Pantoja...P.- ¿Se muere por salir a qué escenario?
R.- A cualquiera. Me siento igual de feliz bailando en un remolque de un pueblo de 100 habitantes, que lo he hecho, como en el Fórum. Me gustaría pisar todos los escenarios del mundo. Sería un sueño bailar en el Teatro Real de Madrid o en el Albert Hall de Nueva York. He estado en sitios muy pequeños, viejos, no preparados, y en lugares impresionantes como el Palacio de Congresos de París. Tiene un punto diferente.P.- ¿Y compartirlo con quién?
R.- Con mis compañeros de siempre, con la gente que batalla contigo todos los días, Mariano Mangas, Jorge Jiménez, José Salinas, a los que sumaría un gran elenco. Me encantaría que me cantase David Palomar, un cantaor de Cádiz al que descubrí por casualidad hace un montón de años en Jerez, Maite Martín, Miguel Poveda... Cómo no me iba a gustar que me tocase la guitarra Paco de Lucía, poder bajarle para abajo y que me diera unas pinceladas por alegrías. Y para bailar me llevaría a una de mis maestras, Matilde Coral, que ha hecho mucho por el flamenco, a Mercedes Ruiz, Marcos Flores, Manuel Griñán...P.- ¿Sintió un pellizco cuando actuó dónde?
R.- Afortunadamente, soy muy de emocionarme. El último ha sido en Calcuta, durante un trocito de espectáculo en el que interactuábamos con músicos indios, turcos y un cantante egipcio y se creó una magia tan, tan especial, que hubo pellizco. También en el estreno de Flamencas o cuando me ha tocado bailar tras fallecer alguien muy cercano. Estos los tengo grabados. Se me quiebra la voz al recordarlo.
P.- ¿Cuándo dejará la mujer de interpretar un papel secundario en este arte?
R.- Cuando ocurra en la sociedad en general, cuando demos el patadón y salgamos muy farrucas para adelante, aunque no nos podemos quejar, en baile el papel no es tan secundario y sí hay grandes artistas mujeres.P.- ¿Qué bulería de locura transitoria bailaba para montar una academia en plena crisis?
R.- La de no querer perderme nada en esta vida, intentar cargar cositas en la mochila... y la edad. Tenía treinta años y me dije ‘ahora o nunca’. Desde pequeña tuve claro que no quería ser ingeniera, que yo quería bailar. Nunca tuve la intención de hacerme millonaria, pero sí era mi sueño tener una escuela especializada en flamenco en Burgos, que no había hasta ahora. No me arrepiento. Aunque exige mucho esfuerzo está muy recompensando. La acogida ha sido muy buena. No es la academia de Fama, pero estoy encantada con mi huequecito.P.- ¿Qué tienen sus pies que la embrujan cada noche antes de dormir?
R.- Juanetes, durezas, rojeces... ¡De todo! Todos los días me los hago un repaso. Esta ampolla se me ha roto, me tengo que forrar este dedo con esparadrapo, este se me ha encarnado... Son muchas horas dentro de un zapato y los mimo mucho. Me despido de ellos antes de meterme en la cama.P.- ¿Y qué esencia esconden las gotitas de perfume con que se mete entre sábanas?
R.- Esa frescura y esa alegría que intento no perder por muchas gotas de sudor que tenga antes. Es decir ‘vamos a dormir y mañana será otro día’.P.- ¿Qué ole le ha sabido más dulce?
R.- El de mi familia, mi pareja, mis amigos. El ole de tira palante.P.- ¿Y el de quién más amargo?
R.- El de la gente que te intenta poner trabas, que no se alegra de que a alguien que está empezando le vaya bien, que cuando ve que intentas ser profesional le resta importancia. Esos duelen porque yo sé lo que he tenido que luchar y batallar y más en una ciudad como Burgos.P.- ¿Y a quién se lo lanzaría?
R.- A la gente honesta, a la que lucha por tirar palante, por tener un trabajo, por sacar a flote a su familia, mantener su casa, conservar sus ideales aunque no se ajusten al patrón... A toda esa gente de a pie que no está en el escenario pero debiera estar le tiraría no un ole, sino siete.