SANIDAD

Burgos, líder de la región con 97 espacios cardioprotegidos

Castilla y León cuenta con 360 desfibriladores instalados en centros de distintos tipos y 22.942 autorizaciones para usarlos, 3.647 en la provincia

Blanca Díez sujeta un desfibrilador.-ISRAEL L. MURILLO

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L. B. / BURGOS
Burgos

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La concienciación gana terreno y hay pruebas que lo demuestran. El registro autonómico relativo al uso de desfibriladores externos semiautomáticos brinda datos al respecto y, de paso, ubica a la provincia de Burgos a la cabeza en número de espacios cardioprotegidos. A saber: aquellos que disponen de los elementos necesarios para asistir a una persona en los primeros minutos tras una parada cardíaca.

Según la normativa vigente, las empresas o entidades que deseen instalar un desfibrilador deben presentar una declaración responsable en la que afirma cumplir con los requisitos establecidos. La Junta contabiliza 97 instalaciones en la provincia burgalesa, la cifra más elevada, seguida por las 93 de Valladolid. Ambas distan bastante de las 38 de Segovia y 36 de León, en tercer y cuarto puesto. Salamanca con 27, Soria con 23, Palencia con 22, Ávila con 18 y Zamora con 6 completan el listado hasta sumar los 360 desfibriladores ubicados en espacios no sanitarios de la región.

A ellos se suman otros 28 emplazados fuera de Castilla y León en los que la formación recibida para su uso sí se ha realizado en la Comunidad.

No es el único ámbito en el que la provincia destaca. También es la que registra mayor número de empresas formadoras en el manejo de estos aparatos, y en otras técnicas de reanimación, que cuentan con autorización oficial. De las 56 que tienen tal acreditación en Castilla y León, 17 están radicadas en Burgos, 15 en Valladolid, 6 en Segovia, 5 en Ávila, 4 en León y Salamanca, 3 en Soria y 2 en Zamora.

Y es que el uso de desfibriladores externos semiautomáticos por personal no sanitario requiere unas nociones básicas para un empleo seguro y efectivo.

En Burgos 3.647 personas están acreditadas para utilizar estos aparatos. En ese caso, y siempre al cierre del primer semestre de 2006, Valladolid ‘escala’ a la primera posición con 6.222 autorizaciones. León suma 3.609, Salamanca 2.635, Soria 2.015, Palencia 1.710, Segovia 1.594, Zamora 880 y Ávila 630.

La naturaleza de los espacios cardioprotegidos que figuran en el citado registro oficial es dispar: centros educativos (Unipec, Círculo Católico, Aurelio Gómez Escolar, entre otros), instalaciones deportivas como los campos de fútbol de Castañares, Pallafría o dependencias municipales, fábricas como Stork Inter Ibérica o Pepsico Manufacturing, dotaciones culturales como el Fórum Evolución, sedes profesionales como la del Colegio de Enfermería o espacios comerciales como el centro Camino de la Plata son solo algunos ejemplos que constatan tal diversidad.

Más allá de la situación física de un desfibrilador hay colectivos que optan por prepararse para saber reaccionar ante una parada cardiaca, conscientes de la importancia de una reacción rápida.

El Instituto de Estudios Ciencias de la Salud de Castilla y León, fundación pública con sede en Soria y vinculada con la Consejería de Sanidad, imparte cursos en toda la región a entidades públicas y privadas. Su director, Alberto Caballero, explica que para hacerlo crearon en 2006 la Escuela de Urgencias yEmergencias, concebida inicialmente para formar a personal sanitario. «Vimos que debíamos extender este conocimiento al resto de la población», indica.

Dicho y hecho. Hoy sus cursos llegan a bomberos, policías locales, guardias civiles, técnicos municipales de ayuntamientos de todos los tamaños, estudiantes universitarios, escolares, sacerdotes o personas con discapacidad de Castilla y León y de otros puntos del país.

Más concienciación

Esta experiencia permite a Caballero confirmar la creciente concienciación. «Cada vez más entidades públicas y empresas privadas apuestan por prepararse. Tiene mucho que ver la difusión de los casos de éxito, porque demuestran que unas nociones básicas pueden salvar una vida y afortunadamente hay personas que dan testimonio de ello», opina, para recordar que en España fuera de los centros sanitarios, se producen cada año más de 25.000 casos, lo que equivale a una muerte súbita cardiaca cada 20 minutos.

Con todo, Caballero apuesta por reforzar todavía más la preparación general y para lograrlo sugiere incorporarla «de manera transversal» a la educación escolar.

Más allá de contar con un desfibrilador, «que si está, mucho mejor», el director del Iescyl recuerda la importancia de aprender varias cuestiones básicas «al alcance de todos», tales como «saber alertar aEmergencias de lo que ocurre de forma adecuada: nombre, ubicación precisa y descripción del caso», y saber reaccionar hasta que llegan los sanitarios.

«Adquirir los conocimientos de reanimación cardiopulmonar es, en realidad, bastante sencillo. Los cursos que impartimos son de pocas horas y eminentemente prácticos. Se trata fundamentalmente de automatizar los movimientos de compresión y ventilación para hacerlo de forma correcta, que es importante para que sean efectivos, y, ante todo, perder el miedo a actuar», relata para insistir: «Quien lo aprende no lo olvida».«Estar preparados da mucha tranquilidad»

2.000 pulseras hicieron posible, allá por 2014, que el colegio Círculo pasara a ser uno de los primeros centros escolares de la ciudad considerado espacio cardioprotegido. 2.000 pulseras implicaron a toda la comunidad educativa en la iniciativa promovida por Blanca Díez, docente de la rama sanitaria en los grados que se imparten en las instalaciones. «El colegio suma mil alumnos de todas las edades, pues oferta desde Educación Infantil hasta Formación Profesional, y tiene la peculiaridad de disponer de un polideportivo que acoge muchas actividades deportivas escolares y ajenas», relata.

Dadas las circunstancias estar preparados para responder ante emergencias sanitarias se tornaba casi una obligación. Y en este empeño se toparon con el Proyecto Salvavidas, una plataforma que facilita, mediante la venta de las citadas pulseras, sufragar el coste del equipamiento (desfibrilador y botiquines) y la formación del personal, que se extendió a profesores, miembros del AMPA, conserjes y administrativos. En total, 16 personas obtuvieron la acreditación oficial.

«Lo que buscábamos era tener un soporte básico y la tranquilidad que nos aporta estar preparados para reaccionar», insiste, convencida de haber alcanzado ese objetivo y satisfecha con la «extraordinaria respuesta de todos». Pero Blanca, que subraya la estupenda acogida de la propuesta en el centro, no se conformó con eso y extendió la formación a todos los docentes.

«Eso fue hace dos años y en 2016 hemos hecho unas sesiones de reciclaje y diseñado un protocolo de actuación porque, dadas las dimensiones del colegio, es muy importante tener claro el reparto de funciones: qué hacer, cómo hacerlo y a quién avisar según lo que pase y dónde ocurra», detalla, sin olvidar los alrededores, con gran tránsito de niños, jóvenes, padres y abuelos en las horas de salida y entrada.

Díez señala que lo fundamental es que «quien intervenga en una situación de emergencia lo haga con tranquilidad». Lograrlo, prosigue, es posible «con unas nociones básicas» que, a su juicio, como sanitaria y docente, deberían incorporarse como una asignatura obligatoria llamada Salud a los planes educativos, «más allá de conocimientos que deben transmitirse de manera transversal», tales como buenos hábitos alimenticios, higiene postural, mecánica corporal o hábitos de sueño, amén de esos primeros auxilios cuyo manejo es literalmente vital.

Incide además en la reducción de costes sanitarios que podría suponer incorporar al aula esta educación, pues evitaría problemas al elevar la calidad de vida.

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A la espera de que las administraciones tomen nota los docentes concienciados tratan de paliar esta carencia con talleres y actividades complementarias como la relatada, que procuraba una preparación que, afortunadamente, hasta la fecha no han tenido que poner en práctica.