CIENCIA / ATAPUERCA

La trampa de Dolina que confirma la caza colaborativa

Un artículo de Antonio Rodríguez-Hidalgo y Palmira Saladié revela que hace 400.000 años la tribu de Miguelón cooperaba para conducir a los bisontes hasta la cueva y allí los mataban y procesaban

Las excavaciones en el nivel TD-10 de Dolina han sido muy fructíferas, mostrando diferentes modos de vida en el mismo espacio, y es la imagen de Atapuerca.-RAÚL G. OCHOA

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MARTA CASADO / BURGOS
Burgos

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Miguelón sonríe satisfecho. Es momento de coger un poco de lengua del animal para disfrutar del trabajo bien hecho. En la cueva varios bisontes agonizan mientras que miembros del grupo de homínidos que domina la sierra rematan a los animales y otros cortan las piernas a los que ya expiraron. Otros preparan las herramientas para retirar la piel de los bisontes ya muertos. Cuando se vayan de la cueva solo dejarán la cabeza, las costillas y las vértebras(esqueleto axial) de la que los depredadores de la zona darán buen cuenta. Hay mucha carne que degustar hasta el otoño.

Esta recreación de una escena postcaza sangrienta, pero necesaria para la supervivencia del grupo de homínidos preneandertales que paseaban por la sierra de Atapuerca hace 400.000 años, pudo pasar en el interior de Gran Dolina con una tribu coetánea a los homínidos enterrados en la Sima de los Huesos. Es un festín de una población especializada en la caza de bisontes y en el uso de sílex para fabricar sus herramientas. Los 23.000 restos recuperados en el nivel TD10.2 analizados por Antonio Rodríguez-Hidalgo y Palmira Saladie, investigadores del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), bajo la perspectiva de la zooarqueología permiten inferior que una escena como la que se describe líneas arriba se pudo producir.

La interpretación de estos datos permiten demostrar que la trampa que los homínidos tendían a animales mucho más grandes sólo podía realizarse de forma coordinada con episodios de caza comunal de manadas de estos animales. Algo que repetían cada cierto tiempo. Según los estudios realizados se cree que la zona del yacimiento pudo usarse como lugar de la matanza y primer punto de procesado de los animales. Los huesos localizados son especialmente del esqueleto axial (cabeza, costillas y vértebras). De ahí que los investigadores crean que «al tratarse de cazas comunales con gran cantidad de presas los homínidos podían seleccionar las partes más ricas en nutrientes, como las patas, y se las llevaban a los campamentos dejando la zona axial a merced de los carroñeros, los lobos y las hienas», explica en una nota facilitada por el IPHES Antonio Rodríguez-Hidalgo.

Además, en la concentración de huesos hay gran cantidad de hioides, pieza que se encuentra bajo la lengua. Éstos presentan marcas de corte «lo que significa que durante el despiece de las presas los homínidos consumieron las lenguas de los bisontes a modo de tentempié o snack por ser ricas en grasa y proteínas», añade Rodríguez-Hidalgo.

«Las analogías etnográficas, etnohistóricas y arqueológicas han permitido interpretar el ‘lecho de huesos de bisonte’ como cazadero utilizado durante varios eventos estacionales de caza comunal en los rebaños completos de bisontes que fueron sacrificados para ser explotados intensamente por los homínidos», puntualiza. Además, en función del patrón de erupción, reemplazamiento y desgaste dental y el análisis del patrón de mortalidad catastrófica (cuando se observa la caída de individuos muertos de avanzada edad) han podido determinar que la caza de bisontes se realizaba de forma periódica y estacional. Al final de la primavera y al inicio del otoño se repetía el ritual de caza en las comunidades preneandertales que poblaban Atapuerca.

El trabajo coordinado y en grupo permite atrasar aún más el comportamiento social de los homínidos, ya que no es específico del Homo sapiens. «La existencia temprana de la caza comunal como táctica depredatoria nos informa sobre la emergencia de habilidades cognitivas, tecnologías y sociales similares a aquellas exhibidas por otros cazadores comunales modernos en un momento tan temprano como el Pleistoceno medio», señala el investigador del Iphes.

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Especifica al respecto que «se necesita un gran número de individuos coordinados y trabajando de forma cooperativa con un mismo objetivo para llevar a cabo dicho tipo de caza que, hasta ahora, se pensaba que era monopolio de los humanos modernos y, quizás, de los últimos neandertales. Una estrategia de caza de bisontes, la que realizaban Miguelón y su tribu hace 400.000 años, que se asemeja a la caza comunal de bisontes empleada por los indios de las praderas americanas anteriores al siglo XVIII.