Una reliquia de la ciencia del XVII vuelve desde el fondo de un río
La curiosa historia del hallazgo de uno los microscopios más antiguos se explica en el MEH
La directora general de Políticas Culturales, Mar Sancho, observa los detalles del microscopio de Leeuwenkoek. Ideado en Delft en 1674.-RAÚL OCHOA
Año 2009 en Londres. La casa de subastas Christie’s realiza la subasta de un singular objeto científico. Un microscopio rudimentario que podría tener entre 68 y 266 aumentos. Se vendió por 400.000 euros.
Año 2015. Galicia. El doctor Tomás Camacho, especialista en Toxicología y director médico del Laboratorio Lema&Bandín (Vigo), y su esposa la doctora Estrella Pallás observan un artefacto curioso en Ebay. Era un vendedor de Delft. Identificaron inmediatamente uno de los microscopios más antiguos del mundo. Se vendía por 50 euros. «Como en los museos de ciencias de Holanda se venden reproducciones del microsopio de Leeuwenhoek pensamos que era una más, degradada por una mala conservación, pero una muy buena reproducción», señalaba en la presentación de la exposición temporal del MEH, ‘El amigo de Vermeer’, Tomás Camacho.
Cuando la pieza llegó a casa, no sin dificultades, los bordes eran romos y «en las réplicas están viselados». Así que «cuando lo tuve en mis manos no dudé que estaba ante un microscopio auténtico al 99%». Lo que no sabían Camacho y su esposa es que estaban ante ‘el microscopio de Leeuwenhoek’. Los que se conservaban apenas tenían unos pocos aumentos, cuando se sabe que el comerciante de telas aficionado a la microbiología había logrado hasta 300 aumentos se conservaban los inferiores, desde 68 aumentos.
La falta de predicamento entre la comunidad científica al ser Anton van Leeuwenhoek un comerciante de telas aficionado a ver gotas de agua o sangre bajo sus lentes habían hecho que el padre de la microbiología moderna entregará a la sociedad científica holandesa sus microscopios con menos aumentos. Los de mayor capacidad, según cuenta Camacho, los tiró al río situado junto a su vivienda. Nunca dejó por escrito su metodología para confeccionar estas piezas. De las 200 piezas que se dice creo, solo se conservan diez. El único confirmado oficialmente y sometido a todo tipo de estudios, que conformaron un artículo científico publicado en Nature, es el que se expone estos días en la sala de Pieza Única del MEH.
Y es que el secreto para poder ver ‘el tejido de la vida’ se fue con el. Tal es su hazaña, alcanzar los 300 aumentos, que con la tecnología de hoy en día los microscopios más modernos no pasan de os 400 aumentos. El secretó empezó a desvelarse, o confirmarse, en los años 80 cuando el Ayuntamiento de Delft realizó un drenaje de todos sus ríos. Entre ellos el que bordeaba la antigua casa de Leeuwenhoek, desparecida en 1920. Entre el lodo un anticuario buscaba pequeños tesoros de metal con su rastreador. Allí empezó a pitar el instrumento. Abrió una caja de pintor con diferentes elementos como un cilindro o un tintero. Entre ellos y mal posicionado se encontraba el microscopio de Leeuwenhoek.
El anticuario lo puso a la venta en eBay y allí, entre los diferentes artilugios oxidados por el paso del tiempo y el agua, llamó la atención del doctor Camacho.
Una historia inverosímil de un instrumento de valor incalculable para la microbiología moderna que se tasó en tan sólo 50 euros. Para comprobar su antigüedad y su vinculación con el trapero holandés, Camachó trasladó la pieza a expertos en Estados Unidos y Londres para ratificar lo que para el era casi seguro al 99%. Era antiguo. Tanto es así que es el único de los diez microscopios de Leeuwenhoek del que está certificada su autenticidad.
¿Para qué se utilizó?
Estas lentes de vidrio permitieron descubrir protozoos, glóbulos rojos, espermatozoides y hasta bacterias. El trapero de Holanda fue admitido en la Royal Society inglesa y ahí publicó sus descubrimientos. Cómo recoge el tríptico de la exposición del Museo «a veces llega primero la ciencia y luego viene la tecnología, y a veces es la tecnología la que abre camino a la ciencia».
En la exposición el rudimentario microscopio del año 1674 convive con sus herederos. La evolución de la microscopía se acoge en la casa de la evolución del hombre con la presencia de un microscopio simple que es similar al que se cree que utilizó un coetáneo de Leeuwenhoek español, Cirsóstomo Martínez del año 1750. También se puede observar el microscopio botánico P&J de 1770, el Stanley de un siglo después y el microscopio Nachet, de bella factura, que se fabricó en 1896 en Francia. Junto a estas piezas se exponen trabajos realizados con ellos como ‘Arca Naturae Detecta’ (1722) y ‘Micrographia’ (1667).