Burgos

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Cada vez son más las personas que aprovechan el verano para lograr un dinero extra con el que afrontar el resto del año. Estudios, trabajo precario o un complemento profesional son algunos de los motivos por los que la llegada del calor no significa descanso.

Son muchas las profesiones que el mercado reclama cada periodo vacacional. Llenar de música las fiestas, proporcionar un refigerio o velar por la seguridad de los que disfrutan de las vacaciones, son algunas de las tareas que desempeñan estos trabajadores anónimos.

HELADEROS

Con la llegada del periodo estival aparece el calor y atrás quedan los chocolates calientes con churros para dar paso al compañero veraniego preferido de turistas y burgaleses, los helados. Cualquier momento del día es el idóneo, no hay excusa ni mejor refrescante que este alimento. Un homenaje de limón, lima o sabores dulces, no importa cual, es el mejor combatiente para las elevadas temperaturas.

Entre sabores, colores, cucuruchos y tarrinas pasan el verano los heladeros. Un claro ejemplo de ello es Raquel Nogales, que a sus 20 años está tras el mostrador de la heladería Smooy desde el 16 de junio. Ella renuncia a su verano por un claro motivo: «El trabajo lo hago por dinero, sobretodo para ayudar con los estudios».

Para ella, el descanso llegará el 30 de septiembre aunque tenga que lidiar entonces con una buena cantidad de apuntes.

Pese a perder sus vacaciones, para Raquel lo mejor de su oficio es «el trato con la gente».

ORQUESTAS

Niños y mayores comparten una tradición que no pierde peso con los años. Las verbenas de los pueblos son indispensables para hacer de las fiestas un gran evento y para ello las orquestas son las encargadas de llevar a la música a cada rincón del país.

Sofía Rodríguez es una de las voces del grupo Standard y ha recorrido unos cuantos kilómetros junto a los otros siete miembros que componen la orquesta. «Desde pequeña he estado vinculada a la música, de hecho mi trabajo durante el año consiste en enseñar música a niños en la enseñanza pública, así que todo encaja».

«Un día en la orquesta es largo e intenso, por lo menos en la nuestra», en abril comienzan los bolos hasta octubre, sumando 50 fechas por temporada y en alguna ocasión 11 días consecutivos de trabajo. «El cansancio va haciendo mella, estás mucho tiempo viajando y tu familia son los componentes de la orquesta», expresa la cantante, sin embargo la música hace de éste un trabajo «divertido y dinámico», donde disfrutar de cada actuación y también «conocer mucha geografía».

BIBLIOTECARIOS

El verano es para relajarse, y una de las actividades que mucha gente suele desempeñar para ello es la lectura. Un buen libro evade de la realidad por unos momentos y puede ser el mejor compañero en verano. Lo podemos leer en cualquier lado, ya sea una piscina o un parque. La biblioteca de Burgos lo pone fácil y acerca la lectura a estos lugares a través de los puntos de lectura. Esto crea puestos de trabajo, empleados que en una pequeña cabaña de madera ofrecen periódicos, revistas, libros y material audiovisual.

Este es el caso de Alicia Hernández, que a sus 24 años y a través de una empresa de trabajo temporal pasa su verano como auxiliar de biblioteca. Ella, como muchos otros, sacrifica su agosto para el disfrute de los demás. El motivo de Alicia para llevar desde el 10 de julio trabajando en el punto de lectura de La Isla es claro: «Quería conseguir un trabajo en verano y este puesto es afín a mis estudios».

La joven auxiliar de biblioteca reconoce que «trabajar en un punto de lectura es una ventaja frente a otros trabajos de verano como el de camarera, porque el horario es bastante mejor».

SOCORRISTAS

La piscina se convierte con las altas temperaturas en el principal reclamo para aquellos que buscan esconderse del calor bajo el agua. Para asegurarse de que vuelvan a la superficie, las piscinas necesitan de un socorrista que vele por la seguridad de aquellos que disfrutan del baño. Álvaro López decidió con 18 años que el socorrismo podía ser una buena forma de amortizar el periodo estival, y a día de hoy considera que «fue una buena inversión, gracias a ese título he conseguido trabajar tres años».

Desde principios de verano hasta finales de agosto, Álvaro trabaja cada día a pie de piscina, «este año tengo un día libre, pero otros años trabajaba de lunes a domingo», uno de los principales inconvenientes de la profesión junto a las horas muertas en las que no hay bañistas que vigilar, «absolutamente nadie se baña a primera hora de la mañana y nadie se baña a la hora de comer, eso es un hecho».

Por otro lado, el resto del día se convierte en un trabajo ameno gracias a la compañía de los bañistas, «llega gente, hablas con ellos, lo que más me gusta sobre todo son los niños, me gusta jugar con ellos porque te ameniza mucho más el tiempo y además es a los que más tienes que vigilar».

MONITORES

El verano puede ser la fecha en la que más tiempo pasan los niños por casa y, siendo sinceros, cansa. Además, muchas veces es imposible hacerse cargo de ellos por diferentes cuestiones ya que, aunque para los más pequeños sean tres meses de diversión y relax, lo cierto es que sus padres trabajan también durante gran parte de este periodo, por lo que necesitan de alguien que pueda hacerse cargo de ellos. Muchos son los que aprovechan las vacaciones para que los abuelos pasen más tiempo con sus nietos, también están los que optan por el pueblo o los que deciden librarse de sus hijos durante un par de semanas. Para esto están los campamentos o colonias, para muchos unos días de gente desconocida (al principio), nuevos amigos y diversión.

Es ahí donde entra la figura del monitor, sobre el cual recae no solo la responsabilidad del pequeño, sino el hecho de que su estancia fuera de casa haya merecido la pena. Sin embargo, estos no sólo se dedican a campamentos de varios días, también pueden colaborar en colonias en las cuales los más pequeños y pequeñas de la casa pasan una parte del día fuera de ella, y en las que los protagonistas son ellos.

Este último es el caso de Asier Cosgaya, que trabaja como monitor durante el verano. «Tenía tiempo libre y decidí hacer algo interesante» relata, añadiendo que este es su segundo año y que, probablemente, no será el último. Sin duda para él, este trabajo es una satisfacción ya que, según sus palabras, siente que ayuda a la gente.

En cuanto a alguna anécdota puntual cuenta que «una cosa muy bonita es cuando un niño te reconoce fuera de las colonias, cuando estas ya han acabado y te lo encuentras por la calle con sus padres y te saluda».

CAMAREROS

Un buen punto de encuentro donde se apaciguan las temperaturas son los bares. En verano, muchos buscan refugio del calor en las frescas bebidas. Dar un paseo bajo las altas temperaturas sin caer en la parada de una terraza es difícil. Los clientes aumentan considerablemente en este periodo y es que, incluso en Burgos, las horas bajo el sol piden un respiro. Muchos trabajan de camareros por la oferta de esta época, pero otros lo hacen durante todo el año, notando un gran cambio cuando acechan las buenas temperaturas. Buena cuenta de este último caso puede dar Valeria Díaz, que lleva desde principios de año trabajando como camarera en el bar Papamoscas.

Valeria no duda en afirmar el aumento de trabajo que existe en este periodo, «hay mucha más gente que viene al bar y por ello mucho más trabajo que hacer». La razón de esta joven camarera para hacerlo es la necesidad: «necesitaba el dinero y por eso acepté este trabajo».

VIGILANCIA DE INCENDIOS

Poder gozar de la tranquilidad, en medio de la naturaleza y con un buen libro entre las manos, puede ser una buena forma de disfrutar del periodo estival.

Quitando el libro y subiendo la temperatura hasta los 40 grados, la situación se asemeja al verano de Pilar. Desde hace 10 años trabaja en la escucha de incendios, «eslabón principal en la cadena de prevención». Arqueóloga y técnico en prevención de incendios se dedica durante el resto del año a la docencia, «siempre he estado vinculada por mi profesión y amigos a la naturaleza».

Durante tres meses permanece 10 horas al día sobre una torre de vigilancia a 20 metros de altura, oteando el horizonte en busca de cualquier amenaza de incendio. «Son muchas horas sola, eso es lo más duro y no te puedes llevar un libro, no debes, porque puede que levantes la vista y haya una columna de humo», explica Pilar, que se ocupa de la vigilancia de la zona de Aranda de Duero, en la última torreta al sur de la provincia.

Su puesto abarca una zona muy amplia, toda la zona de la Ribera del Duero, con multitud de fincas y actividad agraria, «una zona muy conflictiva, prácticamente todos los días hay algún aviso». Debe permanecer alerta bajo las inclemencias del tiempo, con la única compañía de «la radio y los animales», para frenar cualquier conato de incendio e identificar su naturaleza y procedencia.

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Tanto los técnicos que trabajan en la escucha como las brigadas de extinción, reclaman ser reconocidos como bomberos forestales y ampliar su calendario laboral, «con el cambio de clima los incendios ya empiezan en abril, y hasta junio la torre se encuentra sin vigilancia».