La Espuela / Javier Azpeleta, exjefe de sala de Cultural Cordón

«Mi vida laboral ha sido de exposición»

Ingresa en el pelotón de jubilados españoles dispuesto a dar guerra y sin perder la sonrisa que ha lucido durante todos sus años en el tajo. Nacido en Burgos en 1954, estudió Magisterio y ejerció en el extinto Colegio Juan Yagüe y en Aspanias hasta que en 1985 entró en la actual Fundación Caja de Burgos, siempre vinculado a la obra social. Después de 33 años, el abuelo, como le llaman sus compañeros, cree merecerse el descanso del guerrero. Está casado y tiene un hijo

Javier Azpeleta.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Pregunta- ¿El espectáculo termina o empieza ahora?

Respuesta- Se abre el telón de un nuevo planteamiento de mi vida en el que yo voy a hacer mi propio espectáculo, el que yo quiera: pasear, comprar, disfrutar de los amigos, viajar donde quiera cuando me apetezca...P.- ¿Señor jubilado, está preparado para no tener ningún día libre a partir de ahora?

R.- Sí, lo estoy, pero siempre con una meta y una ocupación: nunca caer en el aburrimiento, la rutina ni la monotonía. Esta nueva etapa de mi vida hay que afrontarla con alegría y optimismo.P.- ¿Qué fotografía encabeza su álbum laboral?

R.- ¡Hay tantas! Me quedaría con la primera vez que entré en una clase llena de niños. 45 chavales que te miran y que esperan algo de ti. Tenía 28-30 años y fue todo un reto. Luego cuando ingreso en este mundo todo es totalmente diferente. En el aula tú mandas, aquí son tus jefes o la empresa. Tienes que cambiar el chip.P.- ¿Y cuál lo cierra?

R.- No es ninguna en concreto, pero seguro que en ella están mis compañeros. Lo que más voy a echar en falta es el contacto diario con ellos y también con las personas que día tras día pasan por aquí, te preguntan y esperan de ti un consejo, una información.P.- ¿Cuál es la pregunta que no le han hecho?

R.- ¿Está usted casado? (Ríe).P.- ¿Se pondrá en modo abuelo cebolleta para contar qué anécdota?

R.- Ha habido tantas... Los montajes de las exposiciones son las que más generan. Me viene a la mente una de Chillida, el comisario era una persona súper estricta y quería que hicieras las cosas sin tocar nada. ¡Pero era inevitable! Y te echaba unas broncas tremendas. Menos mal que el hijo del artista razonaba.P.- ¿Qué queda del profesor pipiolo que fue?

R.- La etapa de la enseñanza fueron cuatro años súper bonitos. Queda la alegría, aunque ahora se vive de otra forma, y la persona entrañable y amigable, que siempre está dispuesta a echar una mano o explicar una cosa. Aunque a veces hablo demasiado, eso también me queda.P.- ¿Qué clase de palacio encantado es el de los Condestables?

R.- Es curioso pero en Burgos la gente no sabe cuál es el Palacio de los Condestables, todos lo conocen por la Casa del Cordón. Tiene muchísimo encanto, ha pasado de ser un edificio en ruinas a ser un espacio que crea ambientes mágicos, sobre todo en ese patio, donde cualquier obra de teatro o concierto te ayuda a viajar a otras épocas. A mí me impresionó escuchar El Mesías de Haendel.P.- ¿Qué fantasmas le han acechado en él?

R.- Ninguno. (Ríe). Durante la primera exposición sobre los Condestables, un compañero muy gracioso siempre decía ‘aquí tenemos a Javier Azpeleta, antepasado de los Condestables’. Pero yo no soy supersticioso ni veo fantasmas ni cosas raras donde no las hay, yo veo un sitio agradable, bonito y encantador.P.- ¿Qué día se quiso meter debajo de la alfombra?

R.- Alguno ha habido (piensa). Cuando se inauguró la Casa del Cordón se organizó un concierto, pero antes se decían unas palabras y se puso un micrófono que había que quitar antes de la actuación de la orquesta de cámara. Estaba anclado en el suelo y para soltarlo había que dar un botoncito, me agaché, toda la sala llena, empiezo a tirar y no salía, tiro, tiro y nada, tenía una tijera en el bolso y pensé en cortar por lo sano, pero en un último intento se soltó. Solo faltó el aplauso del público. Fue un día tremendo.P.- ¿Cuándo tuvo que dar una voz más alta para hacerse oír?

R.- Pocas veces. Aquí no hemos hablado nunca en alto. En los momentos difíciles, vale más hablar que cualquier voz alta y, desde luego, nunca delante del público.P.- ¿Entre entrada y entrada, dónde vio la salida?

R.- (Ríe). Soy un culo inquieto. No puedo estar sentado mucho tiempo, prefiero subir y bajar, pasear por la sala o hacer lo que sea. Me gustan más las salidas que las entradas.P.- El espectador burgalés es...

R.- Espectacular, también agradecido y enterado, sabe a lo que va. Y son muchos. Hay mucha programación cultural en la ciudad.P.- Un artista que le hizo reír...

R.- Modesto Ciruelos. Era muy campechano, pero tenía una ironía y una forma de ver a la gente muy particular.P.- Se enamoró de...

R.- Ute Lemper. Es una diva y una señora.P.- ¿Y quién le sorprendió?

R.- René Lavand. Era un señor, nunca le había visto en directo, y me encantó. Me gusta mucho la magia. Y me quedé con las ganas de ver a James Rhodes.P.- Le impresionó tener cerca a...

R.- Pablo Milanés. Le había visto treinta años antes en el polideportivo El Plantío desde muy lejos, en los años en que sonaba La Nueva Trova Cubana, Víctor Jara..., y tenerlo tan cerca y poder hablar con él fue muy bonito.P.- Y le decepcionó...

R.- Nadie, todos tienen su punto bueno y bonito, quizás alguno no cumple las expectativas que esperas, pero decepcionarte es decir mucho. Ni artistas ni compañeros.P.- Se marcaría un dueto con...

R.- Canto fatal. Soy amigo del director del Grupo Coda, un día estábamos en Soria, en una ermita sin gente, y empezaron a cantar, yo lo intenté y sonaba horrible. Me hicieron callar. Tengo que cambiar el oído antes que la garganta.P.- ¿Qué momento de su vida laboral ha sido de exposición?

R.- Ha sido una exposición continua, de principio a fin, como el título de la que tenemos ahora. Toda mi vida laboral lo ha sido, todo ha sido aprender cosas nuevas y vivir momentos diferentes.P.- ¿Qué banda sonora resume 33 años de trabajo?

R.- Hoy puede ser un gran día, de Serrat.P.- ¿Cuántos quilates tendrá la edad de oro que inicia ahora?

R.- ¿La edad se mide por quilates? No sé. Hasta donde llegue, me gustaría vivir con la misma satisfacción con la que he trabajado. En vez de en quilates lo mediremos en momentos bonitos, que cada día me levante con ganas de seguir colaborando y descubriendo cosas.P.- Acaba de dejar de sonar el despertador y ya echa de menos...

R.- De momento nada, puede ser que más adelante sí eche de menos la actividad del día a día, a los compañeros con los que compartes tu tiempo, conocer a personas con cosas interesantes que mostrar como pintores, músicos..., que ha sido un aliciente.P.- ¿Qué pancarta ondeará el jubilado Azpeleta?

R.- Habrá que seguir reivindicando el tema pensiones. Estaremos en la brecha.P.- ¿Qué sueño le queda por cumplir?

R.- Siempre queda alguno, como ir al concierto de Año Nuevo de Viena.P.- ¿Con qué vino brindamos por esta nueva etapa?

R.- Con un Ribera del Duero, por supuesto.P.- ¿Y por qué levantamos las copas?

R.- Porque no decaiga la vida y la afrontemos con optimismo y alegría. Que termine la vida profesional no significa nada. Hay que levantar las copas para que todos sigamos buscando ser mejores y para que todo vaya un poco mejor.

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