El pico que permite investigar la talla neandertal en madera
Joseba Ríos, del Cenieh, encabeza la investigación en el yacimiento vasco de Aranbaltxa
Joseba Ríos en uno de los laboratorios del Cenieh.-RAÚL G. OCHOA
Cada año excavar en Aranbaltxa es más complicado. Profundizar en una zona con muchas filtraciones de agua obliga a ser muy cuidadosos con la preparación de la excavación en la que junto al martillo y la brocha no puede faltar la bomba de agua para achicar en caso de necesidad. Pero ese agua permite la perfecta conservación de un útil de madera confeccionado por un neandertal hace 90.000 años que ha publicado ‘Plos one’.
Es la pieza más antigua de este material recuperada en la península ibérica y ofrece muchas posibilidades de conocer «algo que apenas se ha estudiado como es la tecnología de estas poblaciones en madera», explica el director de la excavación e investigador de industria lítica en el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh), Joseba Ríos. Lo podrán hacer porque en la zona donde esperan excavar el próximo agosto, aún no se ha aprobado la subvención del proyecto, «hemos recuperado más restos que están en restauración y esperamos completarlo incluso con los restos de la confección y estudiar este tipo de trabajos de herramientas prehistóricas en un material tan difícil de conservar».
Ese agua que permite mantener un fósil de madera que no ha sido quemado en tan buen estado es la misma que disuelve rápidamente el fósil y que complica la excavación. El trabajo en estos niveles empezó mucho antes del momento en el que se encontró. «Tenemos que garantizar la seguridad de la excavación, porque hay muchas filtraciones de agua y la superficie a veces se anega», explica Ríos. Cuenta que para abrir los ocho metros cuadrados del sondeo en el que apareció este fósil tuvieron que abrir en superficie de hasta 30 metros cuadrados para bajar en forma de escalera.
Esa complejidad se une, también, al del tratamiento de un material tan poco común entre los objetos arqueológicos. «Cuando apareció me llamaron, porque yo estaba en otro yacimiento, y al ver la forma en punta y la parte lisa vimos que no era una raíz o una rama que hubiera caído, que era algo que se había confeccionado y utilizado». Era 2015. La pieza, una vez consolidada, se introdujo en un tupper hermético con su sedimento y agua destilada para evitar cualquier daño. Y se trajo al Cenieh para su tratamiento. Se realizó un trabajo de conservación preventiva y se sometió a diferentes estudios como la Microtomografía Computerizada (Micro CT) que permite ver el interior de la pieza. «Con esta técnica la sorpresa fue que podíamos ver los anillos internos para saber que era una rama y que el proceso de elaboración había sido más complejo de lo que podíamos pensar», explica Ríos. De esta manera el resto es la mitad de una rama, «cortaron la pieza de forma transversal». La punta, muy lisa y trabajada se sometió a una quema para facilitar el raspado que se realizó con piedra. La base, de 15 centímetros, «más tosca y poco trabajada» indicaba una reutilización de la pieza. Pudo ser una punta de lanza para pasar a ser, después, un pico para excavar. «Se trata de más de un proceso tecnológico complejo que implica más pasos y planificación», señala Ríos.
Entre los posibles usos de esta singular pieza «entramos en el terreno de las especulaciones que podremos comprobar si recuperamos más piezas similares». Aunque todo parece indicar que se pudo usar para recuperar tubérculos de la zona. En los estudios de la flora presente en este yacimiento se ha podido constatar la presencia de polen de Espadaña que tiene raíces comestibles. También creen que muy cerca hay rocas de sílex pero están enterradas bajo tierra. Pudieron utilizarlo como pico cavador para obtener el sílex. O, también, se pudo usar para acondicionar el hábitat puesto que aunque es un yacimiento al aire libre «necesitaban crear su zona de fuego, depósito de herramientas o alguna rudimentaria cabaña», explica Ríos.
Esta pieza, y las que se están analizando y restaurando en el Museo Arqueológico de Bilbao permiten al equipo trabajar en la conservación de madera, que se convierte en un proceso de investigación en sí mismo. En las excavaciones, que se realizan con unos 16 voluntarios, participan personal del Cenieh, la UBU, Universidad del País Vasco, Universidad de Barcelona y Cantabria y desde 2014 participa la Instituto Nacional de Arqueología Preventiva Francés que son especialistas en yacimientos al aire libre. Arantbaltxa se excava desde 2013 y con tres yacimientos abiertos se ha convertido en un lugar clave de la península para estudiar la época Chatelperroniense.