TROTABURGOS / QUINTANAR DE LA SIERRA
Paradigma de tesoros arqueológicos
La villa muestra al visitante impactantes necrópolis, grandes parajes verdes y una estampa de las típicas casas pinariegas con originales portadas y chimeneas cónicas
Durante las fiestas patronales, la villa se viste con sus mejores galas.-ISRAEL L. MURILLO
Nada más entrar en esta localidad se aprecia la riqueza de sus casas pinariegas con originales portadas y chimeneas cónicas, herencia de la antigua y provechosa industria de las carretas, ya que fue centro importante de la Real Cabaña de Carreteros que está datada en la época de los Reyes Católicos.
Para hallar los orígenes de Quintanar hay que remontarse a los celtíberos, concretamente a la tribu de los pelendones. Pastores, ganadores, cazadores y pescadores fueron los primeros pobladores de estas tierras donde se han hallado necrópolis de la Alta Edad Media.
Hasta el siglo XIX, la principal ocupación de los vecinos de Quintanar era el transporte con carros de bueyes, pero el declive de esta actividad supuso la emigración de muchos vecinos a otras provincias.Durante el siglo XX, la explotación comunal de los pinos, hayas y robles ha supuesto un crecimiento de la villa y un aumento de la calidad de vida.
La localidad burgalesa cuenta con un rico patrimonio histórico atesorado por viejas piedras de monumentalidad religiosa. Conviven un conjunto de necrópolis y eremitorios medievales que se conservan en lugares de gran interés y constituyen un gustoso patrimonio cultural, verdadero paradigma de la arqueología burgalesa y considerados como auténticos tesoros.
Su elevado atractivo turístico emana tanto del interés de los yacimientos como del gran valor ecológico de los parajes en los que se integra. La necrópolis de Cuyacabras es la más grande, monumental y variada, y se encuentra situada en un promontorio de roca arenisca.
Del mismo modo, es una parada obligada el Comunero de Revenga, un paraje rodeado por grandes pinos y bañado por las aguas cristalinas del río Torralba, que ofrece al visitante tranquilidad y mucha diversión Dentro del conjunto urbano se encuentra la imponente iglesia de San Cristóbal, que se levanta sobre los restos de un antiguo templo visigodo. En su interior alberga joyas de gran valor, entre las que destacan numerosos retablos así como una pila medieval. Otro de los tesoros del pueblo es la ermita de Nuestra Señora de la Guía, que posee una imagen de lo más gótica de la Virgen.
Asimismo, la llamada Casa de la Madera forma parte de un ambicioso proyecto a través del que se persigue explorar las posibilidades que tienen los montes de utilidad pública como lugares de divulgación, formación y ocio, especialmente dedicados al público más joven. Quintanar de la Sierra presume también de patrimonio natural caracterizado por una sierra frondosa en la que se mezclan el color siempre verde de los pinos, el blanco de la nieve en invierno y el amarillo de los pequeños prados en verano, dónde los aficionados a la montaña y a la naturaleza podrán disfrutar de parajes de singular belleza, de aire puro, árboles centenarios, fauna silvestre, de los sonidos del silencio o del rumor de las copas de los pinos y las aguas saltarinas que forman pequeñas cascadas.
Las Calderas es otra de las grandes paradas de este villorrio, a la que tan sólo se puede llegar a pie tras una marcha montañera de las de parar cada poco para recuperar resuello. Entre los 1.600 y 1.800 metros de altitud, las suaves laderas de la sierra se rasgan en mil pedazos para dibujar sobre el terreno dos kilómetros de callejones, desfiladeros, paredones, cornisas y pedruscos gigantescos jugando a hacer equilibrios imposibles.
La guinda del pastel de este camino la constituye el reguero de pequeñas pozas que se descubre entre los paredones del barranco alimentadas por el empuje del arroyo en su descenso hacia las cotas más bajas. Son las marmitas naturales que, entre cascada y cascada, otorgan el nombre de Las Calderas a este singular paraje burgalés.
La gastronomía típica de la zona es exquisita donde los platos típicos como la sopa de ajo carretero, el bacalao arriero, las patatas guisadas con mículas o las magdalenas hechas en el horno panadero conquistarán a cualquiera puesto que todos los platos son puro placer para cualquier paladar.
Si hay un día en el que Quintanar rebosa de gente, ese es el 10 de julio, con motivo de sus fiestas patronales en honor a San Cristóbal. Durante una semana, la villa se pone sus mejores galas para disfrutar así de grandes verbenas, procesiones y torneos de pelota, sin olvidar la tradicional pingada del mayo. Todo acompañado de un rico banquete, en el que no faltan los manjares típicos del municipio: el ‘paturrillo’ y la ‘asadurilla’. Asimismo, son jornadas en las que los quintanaros llenan de color las calles con sus trajes tradicionales, unos de los más destacados de la comarca. Sin embargo, el ambiente de fiesta comienza mucho antes, puesto que el primer fin de semana de julio se celebran las Jornadas Cidianas y el Mercado Medieval. Otras de sus festividades son Las Candelas y San Blas, que a pesar de ser menos concurridas, están cargadas de una gran solemnidad.