El amor por el detalle inspira Aura Gastronómica. Es de hecho la razón de ser de un negocio recién nacido que supuso el reencuentro de dos talentos, devotos de sus respectivos oficios y curtidos en vastos comedores. Esa pasión y la experiencia acumulada confluyen en un rincón con alma en el que se palpa la sintonía que existe entre sus progenitores: Álvaro Díaz y Diego Sancho, más que satisfechos con los primeros pasos de una criatura que, con apenas siete meses de vida, ha sabido captar la atención del cada vez más exigente comensal burgalés.. Sus caminos se bifurcaron tras coincidir durante más de una década en el Hotel Ciudad de Burgos. Allí se conocieron, se forjaron como responsables de cocina y sala, incluso discutieron, empeñados siempre en mejorar. «Trabajamos muy duro», rememoran, convencidos, tras probar otros destinos, que el actual era el momento adecuado para «montar algo propio, con nuestra esencia, que nos permitiera ir al detalle, sustituir la cantidad por la calidad y brindar una experiencia agradable en conjunto».. No reniegan para nada de su pasado en otros formatos, lo valoran, de hecho, «porque somos lo que somos gracias a los trabajos que hemos tenido antes», pero celebran haber apostado por la calma. Desde ahí dan rienda suelta a los frutos de un binomio con dos áreas bien diferenciadas, cocina -el territorio de Diego- y sala -feudo de Álvaro-, tándem que se sostiene, firme, gracias a la confianza entre ambos.. Deriva tal entendimiento en el aura que envuelve a quienes acceden al establecimiento ubicado en el apacible paseo Pintor Javier Cortés, casi a la vereda del Vena. De ahí, de ese halo buscado, el nombre elegido. Lejos de esoterismos, «buscamos crear un ambiente de disfrute», explican. Ese es el fin, y el punto de partida.. Con la sencillez por bandera, apuestan por el producto para deleitar. «Nuestro menú es una celebración diaria de la frescura y la creatividad», sostienen como carta de presentación. Combinan para ello recetas tradicionales, cocina de temporada, materia prima «humilde, pero de calidad» y su toque, esa «vueltecita» que hace que «una comida normal» se torne una «experiencia gastronómica auténtica y memorable». Destaca en su propuesta el uso de la brasa como elemento diferencial, «pero tocamos muchos palos, nuestra propuesta es difícil de encasillar», indica Sancho, formado en María Madre y la Escuela de Hostelería de La Flora y entregado al reto de demostrar que con un presupuesto limitado -el menú diario cuesta 25 euros y 42 el Paseo Gastronómico que ofrecen el fin de semana- se pueden desarrollar platos que encandilen y sorprendan: «Somos un restaurante para todos».. A ello contribuye sin duda el trato personal de Díaz, que reivindica la atención en sala como crucial para que la vivencia sea «redonda». «Si además de comer bien tienes un servicio excepcional, te vas a ir muy satisfecho, con ganas de más», comenta, empeñado además en cambiar, por la vía de los hechos, la idea imperante de que los camareros son sirvientes. «Hay clientes y profesionales que todavía lo ven así y es un error. Yo recibo en mi casa, soy un anfitrión», añade.. En ejercer como tal se afanan ambos en Aura Gastronómica, un sueño hecho realidad que, antes de crecer, quieren consolidar. El éxito inicial ha superado sus expectativas, pero, defensores como son de la calma y el cocinado a fuego lento, no quieren precipitarse. «La gente que nos descubre, repite. Eso es lo más bonito y es el momento de disfrutar», coinciden.