La borrasca Harry sacude Girona: una burgalesa cuenta cómo lo vivió

«Estábamos a salvo, pero preocupados porque no sabíamos qué iba a ocurrir», relata Laura, una joven ingeniera, tras cruzar el río Onyar justo antes de que el temporal causase estragos

Laura, ingeniera burgalesa, observa el río Onyar de Girona tras el paso de la borrasca Harry.ECB

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Burgos

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Laura dormía «plácidamente» cuando una «alarma tremenda» le sobresaltó a las 7 de la mañana. «Parecía que se iba a caer la habitación» y pensó, en un primer momento, que podría tratarse de un incendio. Todavía «desorientada», comprobó que aquel estruendo provenía de su teléfono móvil. Era «un mensaje, primero en catalán y luego en castellano, de alerta roja». 

Con el susto todavía en el cuerpo, esta joven ingeniera burgalesa pudo leer detenidamente que «el río Onyar, que tenemos muy cerca del hotel, se podía desbordar por inundaciones». En Girona desde el lunes para realizar un curso formativo de una semana, no imaginaba que se toparía con un temporal que ya se ha cobrado al menos la vida de una persona. 

Tanto Laura como el resto de sus compañeros se quedaron «bastante asustados» al ser conscientes de que la borrasca Harry podía causar estragos. No pintaba bien la cosa, máxime cuando «la noche del lunes fue tremenda». Hasta el punto de que, según cuenta, «me desperté varias veces veces de todo lo que llovía». 

Bajaron a desayunar con incertidumbre. Todo el mundo con la misma duda: ¿podrían realizar las actividades programadas para al martes habida cuenta de que tenían que pasar al otro lado del río? Los organizadores, con la mayor de las cautelas, salieron a comprobar si salir del hotel suponía un riesgo. Al cabo de un rato, «dijeron que habían cruzado y que era seguro». Lo de la alarma, en aquel momento, podía interpretarse como un 'mejor prevenir que curar'. 

La mañana transcurrió con aparente normalidad en el edificio en el que se desarrolla el grueso del curso. Nadie estaba al tanto de lo que ocurría fuera aunque en cierto modo pudiese intuirse. De repente, en plena comida, Laura y sus compañeros recibieron indicaciones para «terminar rápido porque la situación se estaba volviendo peligrosa». Resulta que «el nivel del río había subido en muy poco tiempo y teníamos que cruzar cuanto antes». 

Recogieron sus bártulos a toda velocidad y con evidente inquietud. «No sabíamos si podríamos regresar», rememora esta joven burgalesa, todavía consternada tras tener constancia de que la borrasca Harry se ha saldado con una víctima mortal cuyo coche fue arrastrado por la riada. 

Las previsiones meteorológicas apuntaban que el temporal remitiría a partir de las de 6 de la tarde. En realidad, «no dejó de llover en ningún momento» y el Onyar, pasadas las 15 horas, ya se encontraba al límite de su caudal. Dadas las circunstancias, las autoridades recomendaron encarecidamente a los vecinos de las viviendas próximas al río que subiesen a las plantas superiores ante la inminente amenaza de inundaciones. 

«Estábamos a salvo, pero preocupados porque no sabíamos qué iba a ocurrir». Sin salir del hotel, como es lógico, Laura pasó el resto de la jornada pendiente de las últimas noticias. También habló con su familia, que todavía no estaba al tanto de cómo estaba Girona, para informar de que se encontraba bien.

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Ese mismo día, el grupo tenía programado un free tour por la ciudad. «Una pena», lamenta. En cualquier caso, agradece los llamamientos a la prevención -inclusive la dichosa alarma a primerísima hora de la mañana- porque, de lo contrario, «es probable que hubiese muerto más gente».