JAVIER SERRANO / VOLUNTARIO EN PROYECTO HOMBRE
«Los chicos curran tela marinera, cuando uno abandona, lo pasas mal»
Javier Serrano es el cocinero del centro terapéutico. A su mando alguno de los usuarios destinados a cocina. En diez años se ha llevado algún disgusto, amigos y lecciones de vida. «Recibes más de lo que das».
Javier Serrano es voluntario en el centro terapéutico donde orienta en las labores de cocina a algunos usuarios.
Javier Serrano siempre estuvo en los fogones. Alguna vez dio un curso en Proyecto Hombre de cocina para los jóvenes. Hasta que hace diez años Isidoro Martín le pidió ayuda para la cocina del centro terapéutico. «En aquel entonces recibían muchas entregas y los chicos no acaban de controlar las existencias, me pidió que les ayudara y hasta hoy», recuerda.
En estos diez años «has visto de todo quien es majo, quien quiere aprender, quien va de subidito pero con esos yo soy más chulo», dice medio en broma medio en serio. Sí reconoce el esfuerzo de todos ellos que han dado el paso de superarse. «Los chicos curran tela marinera, el que quiere aprender conmigo aprende y mucho, cuando uno abandona lo pasas mal».
La vida en el centro es como en una familia, «se les coge cariño, te van contando si avanzan en la fase, si ya están en la cuarta, que les acerca a la salida... Aprendes muchos con ellos porque te dan más ellos a ti de lo que tú recibes», explica.
La figura del voluntario es clave para Proyecto Hombre. «Es una figura modelo que no es un profesional, no es un terapeuta pero tampoco es un usuario, tiene una postura intermedia y no es fácil porque no tienen autoridad, ni es compañero», reconoce la responsable de Proyecto Hombre, Marta González. Asiente Javier quien apuntala que «estás en medio, te llueven palos si lo haces mal como me pasó el primer día que estaba acostumbrado a mandar en una cocina profesional y ellos pensaban que iba a colaborar, el malentendido se acabó con un entendimiento y aquí sigo», dice.
En ese contacto directo ven cómo los usuarios van cambiando. «Llegan a principio no te dicen nada, están con los terapeutas, cuando llevan un tiempo y en segunda fase están mas animados, en tercera ya te van contando y cuando están en la cuarta están como locos, no paran de preguntar... Podría estar en mi casa, pero esto me gusta es reconfortante ver como salen adelante, como pelean por superarse, hay disgustos, sí, pero he llegado a hacer amigos», sostiene.