La UBU refuerza su liderazgo científico con 12 proyectos reconocidos por la Agencia Estatal de Investigación

La AEI compromete 1,2 millones de euros y la contratación de dos investigadores. “Es un resultado excepcional porque es una de las convocatorias más competitivas del sistema universitario español”

Imagen de uno de los laboratorios de la UBU.ECB

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Burgos

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La Universidad de Burgos (UBU) mantiene el pulso de la investigación en un ámbito cada vez más competitivo. Un indicador es la resolución de la convocatoria de ‘Proyectos de Generación del Conocimiento’, que cada año concede la Agencia Estatal de Investigación (AEI). Doce son los proyectos aprobados este año, con una inversión global de 1,2 millones de euros. «Para una universidad pequeña como la nuestra es un resultado excepcional que, además, se mantiene de manera estable en los últimos años, cuando la competitividad y el número de propuestas se incrementan», apunta la vicerrectora de Investigación de la UBU, Verónica Calderón.

La cifra global supone mantener el pulso de financiación estatal de iniciativas científicas impulsadas por investigadores de la universidad burgalesa. El año pasado se concedieron diez proyectos con una inversión de 1,4 millones de euros y en 2024 fueron doce con 1,6 millones de euros. Estos proyectos se plantean en tres o cuatro anualidades y, en algunos casos, implican la contratación de personal investigador. En este caso son dos los proyectos que añaden personal en la financiación. También se conceden cantidades para la adquisición de equipamiento científico, estancias de investigación y actividades de difusión científica.

La convocatoria de Proyectos de Generación del Conocimiento es referente para financiar trabajos de investigación de universidades y centros públicos de investigación. La satisfacción es doble porque estas iniciativas «tienen una evaluación muy exigente, con unos criterios de excelencia científica absoluta en los que nuestros investigadores obtienen resultados y es un indicador de cómo estamos posicionados científicamente», remarca Calderón.

Uno de los secretos para mantener el ritmo en la concesión de este tipo de proyectos y sostener el pulso investigador en la UBU tiene que ver con la tutorización y mentorización que se lleva a cabo desde el área de investigación. «En todas las convocatorias intentamos dar el valor añadido de acompañar a los investigadores en la petición de propuestas, damos una formación para dudas y los protagonistas son profesores o investigadores que han conseguido proyectos de este tipo en otras convocatorias», señala. De esta manera se logra cubrir esa espiral de generación del conocimiento, ya que unos proyectos permiten generar nuevas iniciativas; más contratos de investigación logran retener personal investigador que sigue produciendo nuevos proyectos.

Desde la institución destacan como factor positivo la diversidad de las áreas de los proyectos aprobados. Desde iniciativas vinculadas a la Inteligencia Artificial (IA), el ámbito de la sostenibilidad, temas de salud, biosanitario, arqueología, educación o arte. «Está recogida una gran variedad de ramas del conocimiento y la cuantía también tiene mucho que ver con el tipo de pruebas o tecnologías que se necesitan manejar», señala.

Los proyectos, uno a uno

Los doce proyectos financiados en la convocatoria de Generación de Conocimiento recogen materias diversas que abordan las grandes líneas de investigación actuales, como ingeniería artificial y tecnologías, sostenibilidad, descontaminación y gestión de los recursos, y educación en ciencia y tecnología en un contexto futuro en el que se necesitarán estos perfiles con mayor relevancia. Pero también registran otros curiosos, como el uso del coral en el arte o el aprovechamiento del mar por las primeras poblaciones del litoral mediterráneo.

La catedrática de Ingeniería Electromecánica, Cristina Alonso Tristán, ha logrado la mayor financiación de la convocatoria de este año con el proyecto FOCUS, que persigue la creación de una herramienta que permita ayudar a la hora de tomar decisiones urbanas con criterios de eficiencia energética. De esta manera combinan modelos 3D, simulación por elementos finitos, termografía e imágenes HDR. El objetivo final es «evaluar y optimizar el confort térmico, la ventilación natural y el consumo energético de las ciudades antes de aplicar intervenciones urbanas como zonas verdes, sombras o rehabilitación de edificios». Cuenta con un proceso de desarrollo de tres años y una financiación total de 420.000 euros, en los que se incluye la contratación de un investigador.

El segundo proyecto con mayor financiación es el de María Teresa Sanz Díez, catedrática de Biotecnología y Ciencia de los Alimentos. Investigarán el aprovechamiento del residuo del cereal. El proyecto Ceresval propone crear una biorrefinería integral basada en el uso de fluidos presurizados verdes para superar las dificultades del aprovechamiento de la paja de trigo, cebada o maíz, permitiendo extraer biopolímeros estructurales que se utilizan para el desarrollo de materiales sostenibles o que tienen aplicaciones biomédicas, generando un aprovechamiento de un material que ahora se tira o quema. Cuenta con 362.500 euros y también incluye la contratación de un investigador.

En tercer lugar, por fondos obtenidos, se sitúa el proyecto de Gustavo Espino Ordóñez, que con 300.000 euros buscará desarrollar nuevos tratamientos contra el cáncer mediante terapias fotodinámicas, utilizando fotosensibilizadores avanzados y nanopartículas para atacar las células tumorales con más precisión, especialmente en el cáncer de pulmón.

El profesor titular de Química, Santiago Aparicio Martínez, obtiene 300.000 euros para el proyecto Hydrodes, que busca crear disolventes para extraer de manera selectiva, segura y sostenible las partículas contaminantes emergentes del agua. Por ejemplo, los microplásticos o pesticidas muy comunes en aguas superficiales, subterráneas, residuales y de consumo.

No solo de tecnología va la investigación financiada por la AEI, porque Asier García Escárzaga ha obtenido 225.000 euros para investigar el uso de los recursos costeros en las poblaciones cazadoras-recolectoras del litoral mediterráneo de la península ibérica, del Solutrense al Mesolítico. De la arqueología a la IA, porque el sexto proyecto con más subvención, 187.250 euros, es el de Pedro Latorre, que persigue desarrollar modelos de inteligencia artificial que ayuden a la clasificación de imágenes y datos, mejorando su clasificación mediante las relaciones existentes entre ellos. Sirve para definir, por ejemplo, que un individuo no puede aparecer varias veces en la misma imagen o para la revisión fotográfica de piezas fabricadas.

De la inteligencia artificial al arte a lo largo de los siglos. En él buscará René Jesús Payo la presencia del coral en el arte español, analizándolo como elemento decorativo, simbólico y protector. No solo se rastrea su presencia en los objetos artísticos, sino que se plantea también su rastreo en textos históricos y determinar su uso religioso, médico o social. Ha obtenido 162.500 euros. Y vuelta a la IA con el estudio de David Checa Cruz, que busca crear un sistema de realidad virtual adaptativa con inteligencia artificial para analizar el estado cognitivo y fisiológico de una persona en tiempo real. El proyecto BehaiVR cuenta con 148.750 euros.

Todo el desarrollo tecnológico actual demanda perfiles profesionales relacionados. Fomentar la competencia STEM (Matemáticas, Ciencia, Tecnología e Ingeniería) es clave para cubrir esas necesidades. Fomentar el interés STEM en los escolares es el objetivo del proyecto de Radu Bogdan Toma. Obtiene 130.000 euros para desarrollar un programa de formación del profesorado en este ámbito, así como el desarrollo de una app educativa con laboratorios virtuales en 3D.

Identificar modelos y soluciones de gestión eficiente de los recursos sostenibles es el objetivo de Julio César Puche Regaliza. La iniciativa está reconocida con 112.500 euros. El objetivo es optimizar servicios como la asignación de ambulancias, diagnósticos tempranos, vacunación, distribución de material médico o la organización de turnos mediante modelos de IA y optimización que permitan una gestión sostenible de unos recursos tan esenciales como los vinculados a la salud.

Un aspecto singular dentro de la tecnología es el ámbito del derecho del individuo. En este ámbito se mueve el proyecto de Teresa Rodríguez Cachón. Neurodatos y neuroderechos persigue definir cómo proteger los derechos de las personas frente a la neurotecnología, la inteligencia artificial y la minería de datos. Busca desarrollar marcos legales y éticos que regulen la aplicación de las tecnologías, teniendo en cuenta la privacidad, la dignidad, la salud y la integridad física y mental de las personas.

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Junto a todos ellos, Julio César Puche Regaliza investigará modelos de aplicación de tecnologías Fintech (crowdfunding, blockchain o criptodonaciones) para explorar formas de participación de donantes en entidades no lucrativas. Recibe 65.296 euros en un proyecto a tres años vista.