Burgos, la única provincia con tres especies de víboras, camina hacia un récord de mordeduras
El Hospital Universitario de Burgos registra 17 casos hasta agosto (cuatro el penúltimo fin de semana). Este año camina hacia la cifra más alta desde que hay registros. Burgos es la única provincia donde conviven las tres especies. «Es un animal huidizo, lo primero que quiere es pasar desapercibida, lo mejor es dejarla ir»
Imagen de una víbora seoane.
Burgos ha alcanzado un techo crítico. El Hospital Universitario de Burgos (HUBU) acaba de igualar su récord histórico con 17 mordeduras de víbora atendidas, igualando el pico registrado en 2019. Un dato preocupante en el único punto de la península ibérica donde conviven las tres especies del reptil (hocicuda, seoane y áspid).
A pesar de las intensas campañas de información, los encuentros peligrosos en entornos rurales no dejan de crecer. En solo un fin de semana del mes de agosto, los servicios de Urgencias recibieron cuatro heridos, uno de ellos en estado grave.
«Es sorprendente que sigan llegando tantos casos. Seguiremos insistiendo en la divulgación junto al Ayuntamiento, Bomberos y Policía Local», advierten fuentes hospitalarias.
A pesar de los esfuerzos de divulgación, de las campañas lanzadas en colaboración con el Ayuntamiento de Burgos, Bomberos y Policía Local, los accidentes ofídicos alcanzan un máximo. En el HUBU se registran los casos atendidos desde 2018. El cierre de agosto de este año es el más alto desde entonces. El año con más mordeduras fue 2019 y alcanzo 17. Le sigue 2021 con 16. El año con menos mordeduras fue 2020 con seis, marcado por el confinamiento, y 2022 con diez.
«La regla número uno es dejarla ir»
Aunque en España se producen cerca de 100 mordeduras anuales, el centro hospitalario de Burgos es el único del país que mantiene un registro continuo de este tipo de accidentes desde 2018. La Red de Seguimiento de Poblaciones de Víboras Ibéricas tiene localizados más de 30 ejemplares en zonas clave de la provincia: Sedano y Las Loras, Hoces del Ebro y del Rudrón y zona de Salas. Los científicos recuerdan que estos reptiles no son agresivos ni buscan el ataque.
«Las víboras buscan pasar desapercibidas y cuando ven a un humano se quedan quietas para intentar escapar. Solo muerden si se las intenta capturar o se las molesta»
Los herpetólogos estiman que, cada año, se producen un centenar de mordeduras de víbora que acaban en algún hospital del país. El de Burgos es el único que mantiene un registro desde 2018. Los especialistas en el estudio de estos reptiles recuerdan que estos animales no buscan el encuentro ni son agresivos.
«Las víboras son animales que buscan pasar desapercibidos, sus colores y apariencia forman parte de su camuflaje, por eso cuando se produce un encuentro se quedan quietas; ellas quieren escaparse, y la regla número uno para evitar sustos es precisamente dejarla ir», explica el herpetólogo coordinador de la Red de Seguimiento de Poblaciones de Víboras Ibéricas, Fernando Martínez-Freiría.
De ahí que el primer consejo, como con los sanitarios de la Unidad de Toxicología, sea el dejar ir al animal cuando se encuentran con una de ellas. «Solo muerden cuando se las captura o se las molesta», recuerda.
La red de seguimiento de la Asociacion Herpetológica Española (AHE) tiene contabilizados 30 ejemplares en la provincia de Burgos que se ubican especialmente en la zona de Sedano, Las Loras, en las Hoces del Ebro y el Rudrón y Salas. «Burgos es una zona de cruce biogeográfico de zona atlántica a mediterránea, una región fría y, porque tenéis la suerte de contar con espacios que mantienen su biodiversidad, es el entorno en el que estas especies sobreviven», señala el profesor de Zoología en la Universidad de Santiago.
Una especie amenazada que protege el campo castellano
Respecto a la intención de matar al animal en cuanto se encuentra, conviene recordar que es una especie protegida porque está en peligro de extinción. En 30 años ha desaparecido el 30 % de la población. «La pérdida de su hábitat natural por la acción del hombre, el cambio climático con fuertes cambios de temperatura y lluvias torrenciales y los atropellos hacen que sea una especie en peligro», remarca Martínez-Freiría. Y respecto al miedo, el científico recuerda que «es una especie que caza roedores y en una zona como la castellana, con alta presencia del topillo, sería una buena forma de control».