Marina Río convoca a los dispuestos a fascinarse
La artista burgalesa firma la muestra El Ornitólogo en la sala de Cajaviva Caja Rural, un universo pictórico propio y luminoso, construido desde y para la contemplación, plagado de naturaleza y referencias a la historia del arte
Marina Río muestra uno de los cuadros presentes en 'El Ornitólogo', la exposición que ya puede contemplarse en la sala Cajaviva Caja Rural.
Una frase de 'Walden', el ensayo con el que Henry David Thoreau defendía la vida libre y salvaje allá por mediados del siglo XIX, tiene la clave. Preside, discreta, la muestra que desde la sala de exposiciones de Cajaviva Caja Rural convoca a «los dispuestos a fascinarse», sin más, a dejarse llevar por una «experiencia estética» contemplativa que los enriquezca como «las horas de sol y los días de verano» lo hacían con el filósofo estadounidense, según sus propias palabras.
Firma la intención y las obras al servicio de tan ambicioso propósito la burgalesa Marina Río, empeñada en convertir al espectador en ese ornitólogo que da nombre a su propuesta (y a dos de los cuadros que reúne), capaz de, sencillamente, mirar la belleza que lo asalta.
Despliega para la ocasión la pintora un universo bañado de una luz cautivadora y plagado de referencias históricas, literarias y artísticas que, en conjunto, conforman una mitología propia, alumbrada en el último año. Todas las piezas corresponden a esta última etapa, aunque conservan elementos omnipresentes en la trayectoria de esta licenciada en Bellas Artes, anclada en la figuración, el simbolismo y la naturaleza. Los animales se revelan, de hecho, un «pilar fundamental» que también sostiene esta nueva propuesta, en la que caballos y ciervos cruzan escenas siempre verdes, siempre vivas, en las que la presencia humana, desnuda, evoca el edén perdido y la entrega a un paisaje que, en todo caso, la autora reivindica como real. «Todo existe, todo lo he visto», asegura. La operación de Río consiste, así, en tomar esos fragmentos de realidad con los que se topa, abierta a maravillarse «con la belleza del mundo», y someterlos a un proceso de composición y escenificación en el que la naturaleza, la historia del arte y elementos de su propio imaginario conviven para dar lugar a un mundo en el que la magia la pone la mirada capaz de descubrirla, de «adentrarse en el bosque, caminar por la vida, esperar a que aparezca».
"Todo es real, todo lo he visto", explicaba Río en la inauguración.
Incluso las luces que bañan sus cuadros, y que, por sus brillos anaranjados, adquieren una apariencia extraordinaria, tienen un origen concreto. «Parecen oníricas, pero son reales», sostiene la autora, que tira de humor para reconocer que el tigre que pasea por un rincón de este paraíso pictórico quizá sí sea imaginado.
Lejos de nacer de una aparición repentina, de una revelación, el proceso que conduce hasta el cuadro finalizado es, en realidad, «muy lento y acumulativo». Río trabaja óleo sobre lienzo por capas, «mediante transparencias y sucesivas intervenciones que dejan que la imagen cobre forma poco a poco».
«Los cuadros necesitan muchísimo tiempo para que la pintura se vaya posando y para que también la propia obra vaya sacando sus propias conclusiones, que vayan creciendo capas de significado», explica, con la vista puesta en la pantalla que resume cómo la imagen emerge a partir de un color de base en el que «figuras y escenas aparecen de manera progresiva, como si recorrieran un camino desde la sombra hacia la luz».
Junto a los cuadros, un vídeo acerca su proceso creativo y comparte sus cuadernos de trabajo.
El resultado definitivo de este proceso tiene su antesala en los cuadernos que también acompañan la muestra, convertidos en un diario visual al que la artista regresa en busca de nuevas ideas. Bocetos, dibujos, técnicas mixtas, collage, literatura y referencias a pintores y exposiciones nutren un archivo en permanente crecimiento. Después, las ideas saltan al caos del taller, en el que completan ese trayecto hasta hacerse visibles en la pintura terminada.
La historia de ese universo se remonta, en realidad, a un proceso de formación y búsqueda que Río explora desde hace años, fiel a la pintura figurativa, y que gana habitantes con cada exposición.
De fondo, «mucho estudio teórico, lecturas, referencias históricas e influencias literarias» para alimentar ese mundo al que, por caminos distintos, regresa una y otra vez y en el que, en esta ocasión, ‘El Ornitólogo’, ese que observa y espera, ejerce de guía hasta el 31 de octubre (martes a viernes de 19 a 21 horas, sábados de 12 a 14 y de 19 a 21 horas y domingos de 12 a 14 horas) para que cunda el ejemplo.