ENTREVISTA / CARLOS LOZANO, DIRECTOR DE ACTIVIDADES CULTURALES DE LA UBU

«No quiero cultura, quiero un pueblo culto y que el ciudadano participe activamente»

Se mueve entre bastidores como pez en el agua y trata al artista con cariño y respeto. Siempre atento a los detalles, ha rubricado algunos de los eventos más exitosos de la ciudad. A base de oído y mucho olfato, rara vez le falla la intuición

Carlos Lozano, director de Actividades Culturales de la UBU.TOMÁS ALONSO

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Burgos

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Su especialidad académica es el Derecho Constitucional. Su pasión, de toda la vida, la Cultura con mayúsculas. A finales de la década de los 90, asumió la batuta de un organismo concebido por la Universidad de Burgos (UBU) que goza de identidad propia y total libertad creativa. Siempre a la vanguardia, Carlos Lozano y su equipo han sido capaces de organizar eventos que dejan huella. Léase, por ejemplo, el Tablero de Música o el Escena Abierta. Propuestas de nicho que paladean las mieles del éxito sin empacharse. 

Dice Lozano, con conocimiento de causa, que detrás de todo gran proyecto siempre ha de haber un «buen equipo». En cualquier ámbito, desde el grupo de música que da sus primeros pasos hasta la organización de un evento con vocación de continuidad. De puertas hacia fuera, echa en falta un mayor apoyo institucional a la «cultura de base», esa que nace «de abajo a arriba y no al revés». La misma que, desde hace décadas, ha transformado a Burgos en referente de unas cuantas cosas.

Lejos de dárselas de gurú, el director de Actividades Culturales de la UBU pone en valor los éxitos cosechados bajo su gestión en la estructura que hay detrás. Lo que nadie le puede negar es su olfato a la hora de apostar por artistas o bandas justo antes de «explotar» y volverse inaccesibles. De esto, precisamente, tiene mucho que contar. Pero lo hace con humildad y esa sonrisa, siempre tímida, que le caracteriza. Y que le define como un buen tipo, melómano hasta la médula, que disfruta de lo lindo dentro y fuera de las aulas.

Pregunta. ¿Cómo casan el Derecho y la cultura?

Respuesta. En mi caso, el desarrollo cultural fue antes de empezar Derecho. Siempre estuve relacionado con el mundo del teatro y tenía amigos escritores, pintores, músicos sobre todo... Formaba parte de mi vida cotidiana.

El Derecho, por otro lado, es la cultura que estamos empleando. Cuando lo estudias, te das cuenta de que lo regula todo y nos permite relacionarlos, a nivel individual y social, antes de nacer y después de morir. Se puede apreciar además una conexión en la asignatura que doy de derechos fundamentales, donde hablamos de la libertad de expresión y de creación artística.

P. ¿Hay más teatro sobre un escenario o en una sala de vistas?

R. En una sala de vistas. Hicimos Hamlet en el Palacio de Justicia con cuatro forenses, cuatro fiscales, cuatro abogados, cuatro jurados y las cuatro sentencias eran diferentes con el mismo caso. Ahí se ve el teatro. Hay gente muy buena dentro del ámbito de la Justicia. Sobre todo en materia Penal.

P. ¿Se protege la cultura como es debido legislativamente hablando?

R. Las leyes tienen que ser eficaces. Podemos tener la mejor ley relacionada con la cultura y que en la práctica no funcione. Yo no quiero cultura, quiero un pueblo culto. Y para conseguir eso necesitamos una cultura muy activa que se represente en todos los ámbitos para que el ciudadano pueda participar activamente en su creación.

En Burgos, si uno se fija, los grandes movimientos parten de personas que se unen en torno a una idea y la desarrollan. Lo vemos en los mejores festivales y en todas las disciplinas. Hay una base, de abajo a arriba y no al revés. Y esa cultura de base, que no se apoya en muchos casos, tiene que seguir subiendo.

No hay más que fijarse en Francia, el país donde más regulado está el tema de la cultura y los artistas. Se les cuida y potencia a nivel económico, estructural, laboral...

P. Da la sensación, por lo menos en Burgos, de que se apuesta mucho por lo macro mientras se deja de lado esa cultura de base.

R. Cuesta percibirlo desde arriba. Por eso digo que lo primero que tenemos que hacer es apoyar la cultura de base. Salió un estudio, por ejemplo, que decía que el apoyo económico a los proyectos de base en Cataluña no llegaba al 0,8%. Es preferible apostar por un festival grande que da visibilidad a la ciudad. Aun así, contar con una estructura, una telaraña de todo tipo de ámbitos, hace que una ciudad cambie totalmente.

«En Burgos hace falta una sala adecuada de unas 300 personas en la que cada fin de semana haya dos o tres grupos de aquí»

P. Quizá también influye el hecho de que hoy en día hay más trabas administrativas que antaño. Sobre todo para las salas de conciertos.

R. Pasa en Burgos y en cualquier otra ciudad. A veces hay muchas trabas para que los espacios, desde un ámbito privado, puedan ir floreciendo. En los años 80 y 90, la ciudad fluía. Estaba la sala Was, el Metropol, la Pécora... Había un gran abanico y no ponían tantas trabas, aunque también hay que tener en cuenta el conflicto que puede surgir con el derecho al descanso de los vecinos.

Por otra parte, en Burgos hace falta una sala adecuada de unas 300 personas en la que cada fin de semana haya dos o tres grupos de aquí que confluyan. Y donde se mezcle teatro, arte... Que no solo vayan personas a ver un concierto. Sé que hay gente intentándolo.

P. La UBU se ha convertido, a base de eventos e iniciativas, en un referente dentro y fuera de la ciudad. ¿Cuánto se ha sudado para llegar hasta aquí?

R. Es mucho trabajo, pero siempre hemos tenido muy buen equipo, personas a las que les encanta lo que hacen. La estructura ha recaído sobre mí, pero tiene que haber mucho más detrás. Desde que empezamos con ello en el 97, la idea de la Universidad era aportar algo a la ciudad. Vimos qué faltaba y creo que lo hemos conseguido. Ahí está el Escena Abierta, que lleva veintitantos años, las Noches del Clunia... Siempre con uniones, porque no tenemos espacios adecuados para hacer todo esto. La ventaja es que somos una institución de ámbito libre y programamos lo que consideramos oportuno desde una línea muy concreta de vanguardia y de investigación.

P. ¿De qué ‘criatura’ se siente más orgulloso?

R. La más compleja y de la que más orgulloso me siento es el Escena Abierta. Puede que no atraiga a grandes multitudes, pero apoya a toda esa gente que quiere dar un paso más en la investigación, innovar, y no tiene espacio. Gente que puede hacer un estreno en un festival de Madrid y después no tiene hueco en la programación de teatros en España.

Esta apuesta ha supuesto cierto cambio en la ciudad. El teatro nos muestra debates de otra manera. O debates que todavía no existen en cuanto a diálogos y formas. Además, es muy complejo porque también están el Ayuntamiento y la Fundación Caja de Burgos, pero se ha normalizado y nos dejan hacer. Se puede programar Zorra dorada, que de repente gana un Premio Max y luego ves el seguimiento que tiene.

P. El Tablero de Música también es un fenómeno digno de estudio. ¿Imaginaba semejante respuesta en los inicios?

R. Para nada. Empezó como un complemento de los Cursos de Verano con Maite Carrancho, que estaba de vicerrectora por aquel entonces. Como ya habíamos hecho cosas de piano y danza en el Tablero, decidimos organizar algo los cuatro jueves de julio con una línea de raíz.

Esperábamos buena afluencia porque avanzó rápido, de 200 a 1.000 y pico personas, y se nos desbordó. Al octavo o noveno año ya tuvimos que empezar a cobrar entrada para controlar el aforo. Y hemos podido comprobar que se ha convertido en un evento social.

P. ¿Qué tiene el Tablero que no tengan otros festivales?

R. Varias piezas. La primera de ellas es el sitio, que me parece imprescindible. Después el tipo de grupos que traemos, de raíz aunque ahora sean más cañeros que al principio. Y luego está el ambiente que se genera: nunca hemos tenido ningún percance. Son todo sonrisas.

«Ha habido artistas que rebajaron mucho el caché, casi más de la mitad» 

P. A punto estuvo en su día de venir Residente. ¿Lograrán quitarse algún día esa espina?

R. Depende de él, no de nosotros (risas). El presupuesto es limitado y la entrada lo más económica posible teniendo en cuenta que hay que cubrir gastos. Lo que no se pretende en ningún caso es ganar dinero, así que tendrá que salir de él o de su mánager.

P. Hace un par de años trajeron a Ana Tijoux. El boca a boca, por lo que ha comentado en más de una ocasión, también hace mucho entre los propios artistas.

R. Ha habido artistas que rebajaron mucho el caché, casi más de la mitad. Pero les compensa por el ambiente y les llama la atención lo de tocar a 360 grados. Aparte, no existe la típica presión de festival. Nosotros estamos para solucionar problemas, no para crearlos, y cuidamos cada detalle. A muchos, lo que más les sorprende es tener una cena caliente después de la actuación.

P. ¿Algún otro artista o banda top que se les escapase a última hora?

R. Al que hemos perseguido siempre es a Manu Chao, pero no venía a Burgos hasta que un día anunció un concierto, en julio, en el Andén.

Los que sí se nos escaparon fueron Bomba Estéreo. Teníamos el festival programado y dije: «para el año siguiente». Lo que pasa es que la bomba explotó y ya después imposible. En el Tablero hay que coger a los artistas antes de explotar. Como hicimos con La Pegatina.

P. ¿De dónde le viene el olfato?

R. Escuchar música ahora es más fácil que nunca, basta con abrir el móvil y escoger una plataforma. Antes no era así, te comprabas un disco o alguien te lo pasaba.

Investigando ves si algo te encanta. Me pasó con La Raíz y con Amparanoia, que también han venido. Son grupos que han triunfado, pero también los hay muy buenos y se disuelven porque ya no aguantan.

También ha sido un placer hacer el Uburama con la gente del Sonorama, con Izal o Carolina Durante antes de dar el salto. Y eso que Burgos no es zona indie sino más bien heavy, porque haces un concierto de ese tipo y se te llena.

P. No cabe duda de que en Burgos hay cantera de sobra. ¿Hay posibilidades de que proyectos emergentes puedan dar el salto que muy pocos han logrado hasta la fecha?

R. Lo primero es la profesionalidad y el trabajo. Si te quieres dedicar a esto, necesitas meterle horas y horas. El siguiente paso es tener un apoyo en la industria con un mánager, discográfica, etcétera. Alguien que te guíe porque no sirve de nada gastarte 20.000 euros en la grabación de un disco y no reservar un porcentaje para publicidad y vídeos. Al final, puedes hacer un gran trabajo, pero sin una estructura detrás es muy difícil.

«La clave es tener paciencia, proyecto y criterio; no hacer por hacer»

P. ¿Se ha roto definitivamente el mito de que para triunfar hay que mudarse a Madrid u otras grandes ciudades?

R. No hace falta. Menos aún si tienes un equipo detrás. De hecho, mucha gente está viviendo en pueblos. Se notó un montón después de la pandemia. ¿Hay que ir a Madrid? Pues se hacen más viajes.

P. Esto evita la fuga de talentos...

R. Depende de qué ámbito. Si quieres ser músico de jazz, vete a Madrid o Barcelona. Según la meta que cada uno tenga, claro.

P. ¿Se puede extrapolar esta descentralización del arte a disciplinas como el cine, el teatro o la pintura?

R. Puede haber varias fases. Aquí tenemos grupos de teatro que llevan muchos años y se ganan la vida en un ámbito determinado. A la hora de dar un salto mayor, todo depende de la propuesta que hagas. Lo que no hay en ninguna otra ciudad, y es la envidia de la gran mayoría, es un centro de creación como el de La Parrala.

P. El curso, como quien dice, acaba de empezar. ¿Cómo se presenta?

R. Empezamos fuerte con la fiesta de inauguración, Tardeo Alumni UBU, con Iseo & Dodosound.

El resto lo tenemos muy diseñado. No se trata de hacer cosas puntuales sino saber por qué las hacemos. Me encanta, por ejemplo, que haya surgido el UBULive Arlanza para el medio rural. A veces te surgen ideas que se desarrollan y salen genial.

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De momento seguimos proyectando cada uno de los elementos culturales que hay para potenciarlos, pero no hay nada nuevo. La clave es tener paciencia, proyecto y criterio; no hacer por hacer.