El asalto paralizó la actividad en todo el edificio y congregó a cientos de curiosos
La Policía desalojó a trabajadores de la Caja y del resto de oficinas del edificio
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La noticia de que un hombre armado había tomado como rehén a una trabajadora de Cajacírculo se propagó como la pólvora. Cientos de curiosos se congregaron en las inmediaciones del edificio en apenas una hora y, a falta de una versión oficial, muchos daban por sentado que se trataba de un atraco.
El reloj corría y el cielo amenazaba lluvia, pero a nadie parecía importarle. Por el mentidero improvisado en la calle Julio Saéz de la Hoya,frente al garaje común del edificio, circulaban todo tipo de versiones: desde que había más de un rehén hasta que la Policía ya había reducido al asaltante. Pero las horas pasaban y las puertas del inmueble no se abrieron hasta pasadas las 13,00 horas para facilitar la salida a los trabajadores de la Gerencia Territorial de Servicios Sociales, los registros, la Gerencia de Justicia y de Cajacírculo, entre otros muchos.
Todos abandonaron la sede por los portales número 6 y 8 de la calle Julio Saéz de la Hoya, después de que la Policía les invitara a salir «con calma» de las instalaciones. «Encima mañana nos van a hacer recuperar una hora», protestaba una de las trabajadoras desalojadas.
Desde que el asaltante tomara el edificio todos los empleados tuvieron que permanecer atrincherados en su interior hasta nueva orden.Al parecer, los empleados de Cajacírculo que trabajan en las plantas superiores- el inmueble tiene siete alturas- tardaron tiempo en enterarse de lo acontecido en la planta baja.
La circular interna que recibieron y el barullo de la calle irrumpieron en su actividad y no fueron pocos los que dejaron el ordenador para asomarse a las ventanas. Más fortuna tuvieron algunas funcionarios: habían salido a desayunar poco antes del suceso y a la vuelta se encontraron prohibido el paso a su centro de trabajo. La peor parte se la llevaron quienes dejaron en la oficina las llaves de casa y otros enseres personales y los trabajadores de la Caja que tuvieron que volver al ‘tajo’ tras el desenlace.
La angustia de la familia
La otra cara de la moneda en el asalto a Cajacírculo fue la angustiosa espera que vivieron los familiares de Inmaculada. Su hermana y su cuñado llegaron en torno a las 13,00 horas a la sede central. No hicieron declaraciones, pero sus rostros lo decían todo.
No fueron los únicos parientes de la trabajadora retenida que quisieron acercarse a Cajacírculo. En la calle esperaban, entre otros, una prima de Inmaculada. «Esto es terrible. Nos ha avisado su hermana, que está dentro y su cuñado nos ha estado informando de todo por teléfono», explicó.
Aliviada por la liberación de su prima, aunque todavía visiblemente afectada por el suceso, destacaba la tranquilidad con la que Inmaculada había sobrellevado la situación, a diferencia de lo que el resto de familiares vivieron durante la espera. «Somos una familia pequeña y se nos ha hecho eterno», apuntó segundos antes de atravesar la puerta del garaje por la que una hora antes habían accedido los GEOs al interior del edificio para encontrarse con su prima.
Con la salida del coche que llevaba al detenido- que también resultó ileso- a dependencias policiales pasadas las 16,15 horas se levantó el cordón policial y la calle Julio Saéz de la Hoya recuperó la normalidad. Nada que ver con el trasiego de personal sanitario, trabajadores y Policía que durante cinco horas pudieron observar los vecinos y trabajadores de la zona desde sus ventanas.
N. V. / R. G. U . / Burgos