El Santuario de Santa Casilda despierta el interés de los visitantes
Tras una década de trabajos se ha recuperado la práctica totalidad del entorno
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GERARDO GONZÁLEZ / Briviesca
Las mejoras realizadas en los últimos diez años tanto en el propio santuario como en sus aledaños han permitido recuperar su antiguo tirón de visitantes al lugar.
Así en el trimestre estival la cifra de petición de información se ha visto incrementada de forma sustancial por los visitantes a la comarca.
Igualmente la presencia de grupos familiares ha sido muy frecuente en la zona especialmente tras la recuperación de paseo entre el Pozo Blanco y el Pozo Negro.
Según los conocedores del lugar la difusión por los medios de comunicación de la costumbre vinculada a la fertilidad del santuario y el Pozo Blanco también ha atraído a numerosos visitantes.
Cabe recordar que tras languidecer durante buena parte del pasado siglo, afectado por los cambios sociales y culturales, este símbolo de la identidad burebana llegó a un punto muy cercano al no retorno en su estado de conservación.
La fundación de la asociación de Amigos de Santa Casilda en ese crítico momento, convirtiéndose en la imagen pública del vínculo secular de los burebanos con la santa, supuso un cambio radical en decadencia.
El respaldo popular a esta iniciativa fue masivo desde sus primeros momentos y en apenas un año superó con creces el medio millar de asociados lo que permitió iniciar el largo camino de recuperación.
Así comenzaron una serie de actuaciones en el entorno y el propio santuario que diez años después han cambiado tanto el aspecto como su proyección fuera de la comarca burebana.
El inicio de este lento y sostenido trabajo comenzó con las obras de recuperación del histórico Pozo Blanco, que recuerda junto con su hermano el Pozo Negro, los antiguos Lagos de San Vicente que convirtieron este paraje en centro espiritual de La Bureba.
Así comenzando literalmente por el principio de la historia este pozo que hace casi un milenio atrajo a la princesa mora toledana a la comarca fue el primero en recuperar su nunca perdido pero sí dañado papel en el entorno.
El éxito de esta primera actuación infundió los suficientes ánimos para dar continuidad al trabajo sobre el terreno del colectivo y siguiendo esta línea se plantearon nuevas iniciativas.
Así actualmente se puede llegar a pie desde Briviesca a Santa Casilda por caminos cómodos y señalizados, subir por un camino seguro o aparcar el vehículo en zonas habilitadas para ello.
La flora del entorno también se ha visto beneficiada creciendo en número de árboles y plantas y contando inclusive con un detallado catálogo donde está clasificada.
Sin embargo la parte más visible donde el trabajo de los Amigos de Santa Casilda es apreciado por los devotos y visitantes se encuentra en el propio santuario.
Este ha sido la cuidadosa restauración del altar mayor de la ermita, el camarín trasero y los retablos de las naves laterales del templo que recuperaron su aspecto original.
Como es habitual en las actuaciones que se llevan a cabo en este lugar todas ellas han de contar con el visto bueno de las autoridades eclesiásticas del Cabildo catedralicio burgalés que también ha apoyado la recuperación del lugar.
Así los edificios anejos a la propia iglesia han sido objeto durante estos años de amplias y profundas mejoras tras décadas de olvido.
Esta suma de actuaciones cívicas y religiosas ha llegado, literalmente, a lo más profundo del lugar.
Así la antigua talla de San Vicente, originalmente de madera, que se encuentra en la gruta sobre la que se asienta el santuario también fue renovada por una de piedra.