Término de Miranda aspira a hacer 30.000 litros de chacolí en cinco años
La bodega inicia su primera gran añada sin poder etiquetarla como chacolí
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GABRIEL DE LA IGLESIA / Miranda
Tras varios meses de maduración, ha llegado la hora de la vendimia. Un momento muy especial para todas las bodegas, sobretodo para aquellas que inician su particular andadura, como Término de Mirnada, que durante las próximas semanas trabajará en la elaboración de la primera añada de un caldo que «aspira a ser chacolí». Por eso, la bodega abrió ayer sus puertas para dar a conocer su trabajo y de paso brindar por el éxito de una aventura que no ha hecho sino empezar.
A pesar de ello, sus responsables se muestran muy satisfechos de los resultados obtenidos hasta la fecha. «Aún hay que terminar todo el proceso, pero esperamos completar unas 15.000 botellas» repartidas a partes iguales entre vino blanco y ‘ojogallo’, las dos variedades que comenzarán a comercializarse, explica Koldo Madariaga, uno de los impulsores de la iniciativa.
En principio, la intención de la bodega es poner en el mercado sus productos para Navidad, empezando por el circuito local y aprovechando el tirón que está teniendo el chacolí del norte de Burgos en los mercados provincial y regional.
De hecho, las expectativas de la empresa a medio plazo pasan por «elaborar dentro de cinco años entre 30.000 y 40.000 litros». Pero para ello, será necesario aumentar la superficie de cultivo. Y es que, las uvas utilizadas en esta primera vendimia proceden de un viñedo de Sajuela y se han adquirido para tal efecto, pero la intención de aquí a tres años es «vendimiar nuestra propia uva», que ya ha sido plantada en una finca cercana a San Miguel del Monte. Además, subraya Madariaga, «han aparecido nuevos agricultores» que han plantado nuevas viñas en todo el entorno, como Orón o Santa Gadea. El objetivo final es elaborar un chacolí como el que se producía en Miranda hace años utilizando uva local.
Vino sin nombre
Eso sí, la primera añada de Término de Miranda saldrá al mercado rodeada de polémica. Y es que, a pesar de que el caldo «cumple técnicamente» todos los requisitos impuestos por la Unión Europea para ser reconocido como chacolí, todavía no puede denominarse así debido al rechazo planteado por las tres denominaciones de origen vascas.
Aún así, la bodega mirandesa no renuncia a llamar a sus vinos con el nombre utilizado en la comarca durante siglos. «Al consumidor no se le puede engañar. Entiendo que hay que cumplir una regulación, pero nosotros en este proceso ya la estamos cumpliendo. No podemos decir ahora que esto es un vino blanco y dentro de tres años decirle al que ha consumido este vino que en realidad es chacolí. Hay que ser serios y explicar el proceso que estamos siguiendo».
Por eso, tal y como ya se explicó en su día, Madariaga avanza que las etiquetas aportarán una referencia implícita al tipo de vino que es sin nombrar la palabra chacolí en ningún momento. «Habrá un guiño que nos permita cumplir la Ley y hacer que la gente sepa lo que está bebiendo», concluye el responsable de la bodega.