La feria pozana aumenta un 50% su número de expositores
En siete años ha pasado de un proyecto de recuperación histórica a colocarse entre las más destacadas de La Bureba
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GERARDO GONZÁLEZ / BriviescaEl casco histórico de Poza de la Sal recobró ayer su aspecto de villa próspera y comercial cuando sus ferias y mercados eran referentes dentro de la comarca burebana y territorios limítrofes. La práctica totalidad del centro de su casco histórico medieval se encontraba ocupada por los setenta y tres puestos de comerciantes agroalimentarios y artesanos que ofrecían sus productos.A ello se añadía una auténtica marea humana que, a falta de cifras oficiales, duplicó ampliamente la cifra del pasado año rondando las 3.000 personas.Cabe destacar que la cifra de expositores que este año han participado en la feria pozana también se ha incrementado en un 50% más respecto al evento precedente. Pese a que las altas temperaturas de la jornada se dejaban notar en la villa no alteraron el animado ambiente festivo en el que el movimiento en los puestos era constante.Tanto la afluencia de visitantes como la de expositores han dejado clara la consolidación de la feria como una de las más importantes de la comarca y que recuerda su historia como uno de los centros mercantiles más importantes en la Edad Media.Un importante factor que confiere a la feria pozana una seña de identidad peculiar es que, al haberse conservado intacto el trazado urbano medieval, ocupa casi exactamente los puestos de los comerciantes en 1371.En esa fecha Enrique II concede a la Villa la gracia y disfrute de un mercado semanal los sábados y dos ferias anuales, el 1 de mayo y el 8 de septiembre, como reconocimiento a la muerte de su buen vasallo Sancho Sánchez de Rojas, señor de Rojas que había muerto por servirle. Como quedara dispuesto en tan lejana fecha la feria ocupó la plaza Nueva, el Arco del Conjuradero, la Plaza Vieja y la Plaza de la Villa, centros neurálgicos de vida y actividad en el pueblo, y las calles paralelas a la muralla defensiva.Entre los puestos destacaban una amplia oferta agroalimentaria de viandas típicas de la zona, cómo quesos, miel y productos hortofrutícolas. A ellos se añadían los artesanos de la madera, cerámica, abalorios, forja y piedra.Como no podía ser de otra forma uno de los puestos que despertaba el interés de los visitantes era el de la asociación de Amigos de las Salinas de Poza.En él, salineras ataviadas con el traje típico de la villa explicaban las características de las variedades de sal que se producía en Poza y, aprovechando la temperatura ‘salinera’, realizaban una demostración, a escala, de la extracción.El éxito de esta feria, una de las más recientes recuperadas en La Bureba, ha superado con creces las expectativas cuando fue planteada como forma de recuperar un legado histórico y atraer visitantes. Con el aumento de expositores y visitantes ambos objetivos han sido alcanzados en un tiempo record.