PASADO BARROCO
Los Duques de Lerma prestan sus trajes
Una exposición permite acercarse hasta el 12 de enero al detalle de la confección
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M. A. DE LA CRUZ / Lerma
El centro de interpretación del Ayuntamiento de Lerma acoge hasta el 12 de enero una interesante exposición sobre ‘la indumentaria en la Época del Duque de Lerma’. Una muestra que ha sido posible gracias a las confecciones de trajes barrocos españoles que el grupo de teatro La Hormiga realiza para sus recreaciones del Mes del Barroco lermeño.
Laura Sancho, comisaria de la exposición, destaca la «gran» labor que el grupo de teatro de La Hormiga tuvo que hacer y «sigue haciendo», pues la confección de trajes continúa en la actualidad para incorporar nuevos elementos al Mes del Barroco, para documentarse sobre ellos y posteriormente coserlos. Reconoce la valiosa colaboración del experto en vestimenta de Juan Pedro Aguilar y la de todas la mujeres que, puntada tras puntada, han confeccionado en sus casas verdaderas joyas. Destaca también la colaboración «inestimable» de Amaya Arzuaga y de su madre María Luisa Navarro, a las que las entusiasmó el proyecto. Sancho reconoce y valora la aportación económica de La Hormiga «que no es banal. Sólo hay que pensar que el traje de la mujer del duque costó hace 20 años unos 1.000 euros, cantidad que se pagó por las telas y los botones, éstos costaron120 euros». Y a ello hay que sumar «las miles de puntadas y la gran cantidad de horas que requirió su confección».
La época barroca en la historia de España fue un período de hegemonía en todos los ámbitos, en las letras, en las artes plásticas y, cómo no, también en las tendencias en moda de la época. La vestimenta marcó un estilo de vida y sobre todo de distinción social. Una hegemonía bastante ficticia pues el imperio español se estaba desmoronando y como todo lo que se muere parece que cobra más energía y así la ostentación de la corte se hizo más acentuada.
Pero el Barroco en España durante la época del Duque de Lerma era un poco ajeno a las tendencias europeas, sobre todo de Francia que era quien marcaba la moda. Era la época entre el Absolutismo y la Ilustración y presentaba un gran complejo de variedad dinámica de formas y expresiones. Frente a la alegría de vivir y la apariencia de una categoría marcada por la distinción, en nuestro país se interpone la espiritualidad religiosa y un riguroso ascetismo, lo que produce variedad en las formas pero con «rigorismo en la estética». Laura Sancho comenta que «esto es palpable cuando contemplamos el tapiz de Charles LeBrun en el que se representa el encuentro de nuestro monarca Felipe IV con Luis XIV en la Isla de los Faisanes. A la izquierda se puede ver a la corte francesa que contrasta por el colorido con la delegación española que está colocada a la derecha del tapiz y en la que predomina los tonos oscuros de los ropajes».
La exposición que bien se merece una visita y en la que aunque se vean unos trajes vacíos de cuerpos, «en nuestra imaginación» podemos reencarnar en ellos al Capitán Ala Triste en la vieja taberna de Madrid o a Gualterio Malatesta o a Caridad la Lebrijana. También está el Licenciado Cabra, de El Buscón. El galante Don Juan Tenorio y sobre todo aquellos políticos de la época y vasallos que vivieron un espejismo contrario a la realidad que era España.
de interpretación del
Ayuntamiento de Lerma acoge hasta
el 12 de enero una interesante
exposición sobre ‘la indumentaria
en la Época del Duque de Lerma’.
Una muestra que ha sido posible
gracias a las confecciones de trajes
barrocos españoles que el grupo de
teatro La Hormiga realiza para sus
recreaciones del Mes del Barroco
lermeño.
Laura Sancho, comisaria de la
exposición, destaca la «gran» labor
que el grupo de teatro de La Hormiga
tuvo que hacer y «sigue haciendo
», pues la confección de trajes
continúa en la actualidad para incorporar
nuevos elementos al Mes
del Barroco, para documentarse sobre
ellos y posteriormente coserlos.
Reconoce la valiosa colaboración
del experto en vestimenta de Juan
Pedro Aguilar y la de todas la mujeres
que, puntada tras puntada, han
confeccionado en sus casas verdaderas
joyas. Destaca también la colaboración
«inestimable» de Amaya
Arzuaga y de su madre María Luisa
Navarro, a las que las entusiasmó
el proyecto. Sancho reconoce y
valora la aportación económica de
La Hormiga «que no es banal. Sólo
hay que pensar que el traje de la
mujer del duque costó hace 20 años
unos 1.000 euros, cantidad que se
pagó por las telas y los botones, éstos
costaron120 euros». Y a ello hay
que sumar «las miles de puntadas y
la gran cantidad de horas que requirió
su confección».
La época barroca en la historia
de España fue un período de hegemonía
en todos los ámbitos, en las
letras, en las artes plásticas y, cómo
no, también en las tendencias en
moda de la época. La vestimenta
marcó un estilo de vida y sobre todo
de distinción social. Una hegemonía
bastante ficticia pues el imperio
español se estaba desmoronando
y como todo lo que se muere
parece que cobra más energía y así
la ostentación de la corte se hizo
más acentuada.
Pero el Barroco en España durante
la época del Duque de Lerma
era un poco ajeno a las tendencias
europeas, sobre todo de Francia
que era quien marcaba la moda.
Era la época entre el Absolutismo y
la Ilustración y presentaba un gran
complejo de variedad dinámica de
formas y expresiones. Frente a la
alegría de vivir y la apariencia de
una categoría marcada por la distinción,
en nuestro país se interpone
la espiritualidad religiosa y un riguroso
ascetismo, lo que produce
variedad en las formas pero con
«rigorismo en la estética». Laura
Sancho comenta que «esto es palpable
cuando contemplamos el tapiz
de Charles LeBrun en el que se
representa el encuentro de nuestro
monarca Felipe IV con Luis XIV en
la Isla de los Faisanes. A la izquierda
se puede ver a la corte francesa
que contrasta por el colorido con la
delegación española que está colocada
a la derecha del tapiz y en la
que predomina los tonos oscuros
de los ropajes».
La exposición que bien se merece
una visita y en la que aunque se
vean unos trajes vacíos de
cuerpos, «en nuestra imaginación
» podemos reencarnar
en ellos al Capitán Ala Triste
en la vieja taberna de Madrid
o a Gualterio Malatesta o a
Caridad la Lebrijana. También
está el Licenciado Cabra,
de El Buscón. El galante
Don Juan Tenorio y sobre todo
aquellos políticos de la época y
vasallos que vivieron un espejismo
contrario a la realidad que era España.