Otro lunes al sol
Miles de sanjuaneros disfrutaron ayer en el monte del día grande de unas fiestas a las que acompañó el buen tiempo
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ESTEFANÍA MALDONADO / Miranda
Los mirandeses son incansables, al menos cuando se trata de disfrutar de sus fiestas de San Juan del Monte. Después de un intenso fin de semana, parece que el cansancio no ha hecho mella en los cuerpos de las personas que apenas han dormido, ni parado de bailar desde el pasado jueves.
Así lo atestiguaron ayer los miles de sanjuaneros que tomaron el monte de San Juan en el día grande de la fiesta. Y lo hicieron, como manda la tradición, con sus blusas, sus alpargatas o albarcas, su bota de vino y sus charangas para animar uno de los días más esperados del año en la ciudad.
Los más valientes se dieron cita en la plaza de España a las 9,30 horas para acompañar andando a la imagen del Santo en su romería, que les llevaría hasta la ermita al filo de las 11 de la mañana, donde les esperaba ya mucha gente que había subido en taxi o autobús.
El calor de los últimos días hizo que los previsores se pertrecharan de abanicos y botellines de agua fresquitos para el camino. Y es que Lorenzo volvió a brillar con fuerza durante todo el camino, como ya había sucedido en las jornadas de sábado y domingo, con temperaturas superiores a los 30 grados en algunas ocasiones. El tiempo era una de las cuestionas más comentadas durante la romería. Y es que, es una fiesta de contrastes «lo mismo te mueres de frío, como el año pasado, que te asas de calor, como ahora», decía Manoli mientras bebía un traguito de agua apoyada a la sombra de un árbol.
Una parada en La Laguna sirvió para que los caminantes recuperaran fuerzas, secaran el sudor y buscaran motivación para recorrer el último tramo. En ese punto se unieron las autoridades que esperaban al Ermitaño en la caseta que la Cofradía tiene ubicada en ese punto.
En el último trecho del empinado camino a la ermita, el Santo -portado en carro hasta el paraje sanjuanero-, fue llevado a hombros por miembros de ‘Los del Santo’. Un repique de la campana ferroviaria avisó de la llegada de la comitiva, que fue contestado con aplausos por los muchos romeros que esperaban ya en la explanada de la gruta.
Entre los centenares de asistentes, el delegado territorial de la Junta, Baudilio Fernández Mardomingo, quien afirmó que San Juan del Monte es una fecha «imprescindible en mi calendario desde que la conocí», valorando que «una fiesta que consigue congregar en el monte a más de la mitad de una población de 40.000 habitantes es muy grande». El delegado subrayó asimismo, que lo más importante de la fiesta es que «ayuda a olvidar los problemas que todos tenemos y compartimos un día muy hermoso», concluyó.
Lo primero, protegerse
La misa comenzó con la recomendación de Cruz Roja de protegerse la cabeza del sol para evitar golpes de calor, puesto que los árboles no ofrecen sombra en toda la superficie de la explanada.
Y como mandan los cánones, tras la misa -amenizada con la música de Familia Castellana-, y después de cantar el Himno a San Juan del Monte, se abrieron las puertas de la ermita para que San Juan pudiera volver a descansar después la fiesta. La talla de madera fue introducida por sus porteadores en la gruta, donde descansará hasta el próximo festejo.
Una vez colocada la imagen en su lugar, los mirandeses y forasteros comenzaron a desfilar al interior de la gruta para encender una vela en honor al santo, o estampar su firma en el libro de visitas.
Pero faltaba lo mejor, el bacalao con tomate que cada año la ermitaña María del Mar García Ortiz de Zárate cocina para los más afortunados. Autoridades y cuerpos de seguridad degustaron las varias raciones que se sirvieron a los pies de la propia ermita, mientras el resto de asistentes emprendía su camino de regreso hacia la Laguna, donde las cuadrillas ya empezaban a disfrutar del ambiente.
Miles de sanjuaneros distribuidos por todo el paraje natural disfrutaron de un día de fiesta con su habitual banda sonora, la de las charangas que suenan incesantemente durante toda la jornada.
Que si la pancarta...
Y mientras tanto, en las casetas de cada cuadrilla, la misma rutina de cada año: que si colocar la pancarta para que se vea desde lejos, que si poner la mesa para todos los componentes, que si tomar el ‘marianito’, que si hacer la comida…
Aunque cada vez son menos las cuadrillas que cocinan el lunes, la mayoría se inclina por contratar un servicio de catering y evitarse el trabajo. «Porque a todos nos gusta que nos sirvan la comida de vez en cuando, y no que siempre pringuen los mismos», señalaba Ana, de la cuadrilla ‘Bebe y Saca’, que este año celebra su 50 aniversario.
En Los Cocerolos «hoy cocinan los hombres», manifestaba Conchi, mientras su marido Paco echaba al fuego «el chorizo de los macarrones». Por su parte, Tontxu mostraba orgulloso los pinchos para el almuerzo.
En los Brindis, uno de los cocineros era el portavoz de la Diputación y concejal mirandés, Borja Suárez, a quien encargaron «lo mejor, los bocadillos de la bajada, que hemos hecho otro compañero y yo, las dos estrellas Michelín de la cuadrilla», bromeaba.
A eso de las 20 horas se encendía el cohete anunciador que indicó que hay que dar comienzo a la bajada de romeros. Un camino de 5 kilómetros de retorno a la ciudad, en el que las cuadrillas invierten siempre varias horas para llegar, al filo de la media noche, a la plaza de España, donde aún quedaba mucha fiesta, a ritmo de la New York Show Orquesta de la que muchos disfrutaron hasta altas horas de la noche, mientras que otros, prudentemente, se retiraron a dormir, para recuperar fuerzas para el día de hoy, martes de Sanjuanín.
Una jornada más distendida, que sirve de transición entre la fiesta y la vuelta a la normalidad.