MIRANDA

‘A huertas con la vida’

El proyecto de Cáritas para convertir a desempleados en productores agrícolas comienza a dar sus primeros frutos

Burgos

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Gracias a Cáritas, la agricultura ecológica se ha convertido en una atractiva solución laboral para un grupo de 20 personas de la ciudad que se ha convertido en pequeños productores de hortalizas en el huerto urbanos que esta ONG puso en marcha el pasado verano gracias a una cesión municipal.Ahora, el proyecto A huertas con la vida comienza ahora a dar sus primeros frutos con la floración de varias especies que se recogerán en primavera.Para Soraya Sáiz, responsable del proyecto, destaca que esta iniciativa surgió con el objetivo de «crear un nicho de empleo ante la situación de crisis en la que nos encontramos».Se trata de un proyecto que se desarrollará durante los próximos 3 años en tres fases. Durante los primeros meses, y a través de un proyecto formativo en agroecología para emprendedores, se ha preparado el terreno para el cultivo en una parcela de unos 20.500 metros cuadrados. Éstos vienen divididos en una amplia zona formativa de entre 15 y 20 espacios de 300 metros cuadrados destinadas a autoconsumo de los alumnos, que previamente recibieron formación para trabajar la tierra después un curso de emprendedores, economía social y cooperativismo «para poder llevar a la práctica sus lecciones en un huerto que sirve para el autoconsumo, dada la problemática socioeconómica actual», indica sobre el terreno la educadora social Tania Busto.Es en estos meses cuando ya se ven los primeros resultados. Además, en breve comenzará la segunda fase ampliando la producción para, más tarde, pasar a la comercialización de los productos con la denominación Huertas Espinavera y, con posterioridad, pasar a la profesionalización de la actividad gracias al cooperativismo.El objetivo de Cáritas es poder simultanear unas fases con otras, hasta el punto de que el programa pueda acoger hasta 60 usuarios a la vez y con ello facilitar a personas -con escasas opciones de acceso laboral o con deficiente cualificación formativa- la posibilidad de recibir un aprendizaje global -tanto teórica como prácticamente- que sitúe a la producción agrícola como una alternativa laboral.Es el caso de uno de los productores de este primer curso, Gustavo Laserna, que «siempre había querido recibir esta formación y cuando llegó a Miranda no lo dudé», asegura que el grupo se ha convertido «en una especie de familia» porque «pasamos muchas horas juntos».

De momento, los participantes han sido los primeros en probar sus productos, que «se han ido llevando a casa porque aún no hay mucha producción», explica Sáiz. El escaso excedente se ha llevado al comedor social que posee la entidad y también ha llegado para que algún voluntario de Cáritas «haya ido probándolos para conocer su calidad». A partir de la segunda fase «empezaremos a comercializarlo a nivel local, desde restauración hasta particulares», a un precio competitivo pese a tratarse de un producto ecológico, «que siempre tiene un precio más elevado». Y es que su pretensión es que «sea asequible para todo el mundo».En este sentido, desde Cáritas ofrecen la posibilidad de crear grupos de consumidores que «desde este momento» y de cara a la producción veraniega estén interesados en adquirir productos de temporada como tomates o pimientos. Para ello, invitan a los futuros consumidores a acudir a la oficina de Cáritas y apuntarse «si están interesados en ingresar en un grupo de consumidores».Roberto de Miguel, técnico responsable de formación y producción, cree que esta iniciativa «soluciona a la vez varios problemas de la sociedad actual», pues además de crear empleo, logra un medio de producción de alimentos «más saludables» y también consigue luchar «contra la pérdida de biodiversidad».Trabajan, como es lógico, con productos de temporada y pendientes de la meteorología «que estas semanas, y con la nieve, no nos está dejando continuar de manera normalizada» para ver en qué estado se encuentran las habas, guisantes o ajos que acababan de plantar.El proyecto se ubica en una parcela de 35.500 metros cuadrados junto a las instalaciones deportivas municipales José García. Ésta fue cedida por el Ayuntamiento por tres años prorrogables, además de habilitar una partida de 20.000 euros anuales para el desarrollo del programa, que tiene un coste anual de 40.000.

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