TROTABURGOS / PRADOLUENGO
Del pasado celtíbero al prodigioso liderazgo textil
Las revoluciones industriales del siglo XIX propiciaron el progreso de esta tierra, que al mismo tiempo cuenta con un rico legado histórico y vocabulario propio de influencia riojana
La iglesia Parroquial de Pradoluengo destaca por su mezcla de estilos arquitectónicos.-ECB
Los tópicos pueden resultar graciosos, pero jamás reales. Es más, su abuso denota incultura. Un ejemplo aplicable al caso: Portugal no se reduce a la fabricación de toallas. Pues bien, Pradoluengo va mucho más allá de sus famosos calcetines. De hecho, cuenta con un vasto patrimonio histórico, festivo e incluso lingüístico que lo convierte en una más que atractiva opción para los amantes del turismo rural con tintes culturales.Anclada en un pequeño y espectacular valle de la Sierra de la Demanda, lo primero que llama la atención de esta acogedora localidad que ronda los 1.300 habitantes es la arquitectura ‘neo’ de sus principales edificios. La historia del arte se refleja en ellos mientras sus paredes guardan innumerables secretos de épocas pasadas. Lo de ‘neo’ tiene su explicación. Empecemos por la Casa Consistorial, escenario de múltiples reformas desde su inauguración en 1843 hasta su consolidación, de corte neoclásico, en 1930. Por aquel entonces, la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora comenzaba a vislumbrar su estreno, que tuvo lugar un año más tarde.Neorrenacentista en términos generales pero neobarroco y neogótico por sus retablos, el templo cuenta con una impresionante planta basilical de piedra de sillería cuya combinación estilística de bóvedas, arcos y fajones nada tiene que envidiar a los máximos exponentes artísticos de la época. De puertas hacia fuera, el campanario destaca por méritos propios. No solo por su imponente tamaño, también por majestuosa división en tres cuerpos.Muchos son los edificios con encanto en Pradoluengo, como el Mercado Municipal, el teatro Cinema Glorieta o el kiosco de la música. Sin embargo, los orígenes de Pradoluengo se remontan varios siglos atrás. Lo que hoy se considera municipio fue patria de diversas tribus celtíberas antes de Cristo, propiedad de nobles castellanos ocupada por vasallos vizcaínos y alaveses o territorio del mayorazgo de los Condestables hasta su refundación como villa en 1720 bajo el reinado de Felipe V.La prosperidad llegó para quedarse a finales del siglo XIX gracias al contagio de las revoluciones industriales acaecidas en Europa. La industria textil despegó con un complemento que parece abocado a la extinción en la Castilla del siglo XXI: la boina. Y llegaron los calcetines, que nunca pasarán de moda, para convertirse en estandarte comercial del pueblo desde su transformación en batanes hasta la sofisticación de las fábricas modernas.No es la única seña de identidad de Pradoluengo. El lenguaje también se las trae con los ‘palabros’, con toque riojano, de toda la vida. Hace falta un traductor o un diccionario para conocer el significado de algunos vocablos, porque abisinio no es un nombre propio, un payo no es lo que usted cree y el veneno no mata. Además, han conseguido exportar algún término que otro, porque a estas alturas todos sabemos que un chamizo es el clásico local –o lonja- donde los jóvenes –y no tan jóvenes- se reúnen para celebrar fiestas y beber barato.¿Cuál es la mejor fecha para hacer una visita? Siempre es buena época, sobre todo para quienes gustan conocer las particularidades y tradiciones de los actos festivos en el medio rural. En este sentido, Pradoluengo no defrauda, ya que casi todos los meses hay algo que celebrar. La Cabalgata de Reyes y San Tirso en enero, el Jueves de Todos y –si toca- el carnaval en febrero, la Semana Santa entre marzo y abril, el Día de la Cruz y del Árbol en mayo… El ecuador del año con el Encuentro de Malabares, que durante tres días reúne a grandes maestros de las artes circenses para transmitir su magia por las calles del municipio. Por su parte, la Romería de San Antonio y la Noche de San Juan despiden el mes y conceden un respiro hasta las fiestas patronales en agosto. Finalmente, septiembre cierra el calendario anual con las fiestas menores de Gracias para que los pradoluenguinos inicien el nuevo curso con energías renovadas.Con todos estos atractivos, más lo que uno encuentra siempre in situ, cualquier burgalés de pro debería programar –si no lo ha hecho con anterioridad- una visita a Pradoluengo. ¿Algún aliciente más? De acuerdo, el que nunca falla por estos lares. La morcilla de Bartolomé Pérez, el queso de Burgos y el lechazo y su excelente fama en la provincia. ¿Qué más se puede pedir?