UNIVERSIDAD ISABEL I / INNOVACIÓN ACADÉMICA

La Universidad Isabel I analiza los retos globales de la educación

La responsable de la Escuela de Idiomas de la Universidad Isabel, Marta Bujan, acudió a la Cumbre Wise de Qatar, con ponentes de la talla de Michelle Obama o la jequesa Mozah bint Nasser

La profesora de la Universidad Isabel I, Marta Buján, durante su estancia en la Cumbre Wise sobre Educación en Qatar.-ECB

Burgos

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La séptima edición de la Cumbre Mundial para la Innovación en Educación (Wise) estuvo marcada este año por la contundente denuncia de la jequesa Mozah bint Nasser sobre el preocupante estado en que se encuentra el ámbito académico en países como Siria e Iraq, de ahí su empeño en garantizar el derecho a la educación en situaciones de conflicto. La responsable de la Escuela de Idiomas de la Universidad Isabel I, Marta Buján, fue testigo de ésta y otras intervenciones a cargo de importantes personalidades. Entre ellas, Michelle Obama, ponente principal en la sesión inaugural, que pronunció unas emotivas palabras sobre el poder de la educación como la mejor herramienta para lograr una vida mejor para todos.La reunión de este año giró en torno a tres pilares: los objetivos de desarrollo sostenible recientemente aprobados en la ONU, el vínculo entre la educación y la economía y la búsqueda de fórmulas para fomentar la innovación en los sistemas educativos.Buján escuchó atentamente las palabras del empresario brasileño, filántropo y fundador de las escuelas Luminaria, Ricardo Semler, quien adujo que la transformación necesaria en el ámbito educativo no se va a lograr con cambios marginales, sino concibiendo un sistema totalmente nuevo alejado del modelo decimonónico industrial, que ha quedado obsoleto si tenemos en cuenta las habilidades necesarias en el siglo XXI.Respecto a la educación superior, la Cumbre puso sobre la mesa el papel que le corresponde a la universidad en un mundo en que los cambios se suceden a un ritmo cada vez más vertiginoso. En este sentido, se analizaron las variaciones demográficas, el perfil de los estudiantes en el mercado de trabajo, la gran competencia a nivel mundial o las nuevas tecnologías.¿Cómo se puede formar a los alumnos para dotarles de las habilidades demandadas en el mercado laboral cuando no se puede predecir cuáles serán sus puestos de trabajo en el futuro? Todas estas cuestiones plantean retos para las universidades, pero también oportunidades para reinventarse.La clave radica en consolidar un modelo ágil, flexible, capaz de satisfacer tanto a las necesidades de los educandos como de la sociedad en su conjunto, con docentes que acompañen al alumno en su proceso de aprendizaje. Es decir, una universidad que aproveche las nuevas tecnologías para dotar a sus alumnos de habilidades cruciales como adaptabilidad, creatividad, y capacidad de recuperación.En definitiva, como afirmaba Ricardo Semler, se requiere un entorno en que el que se pueda acceder al conocimiento en apenas unos segundos a través de internet para transmitir sabiduría. Así, gran parte de los debates se centraron en cómo lograr una educación que mejore la empleabilidad de los jóvenes.La ceremonia de clausura contó con la presencia de la doctora Sakena Yakoobi, galardonada con el premio Wise a la Educación de este año por su labor en Afganistán. Y es que Yakoobi se ha convertido por méritos propios en un ejemplo elocuente de cómo la aplicación de un enfoque innovador y creativo -además de mucho tesón- puede colmar las ansias de aprender de los estudiantes hasta en las condiciones más adversas.La edición Wise de este año se caracterizó por un tono más pragmático y más realista en la búsqueda de medidas concretas para mejorar los sistemas educativos. De momento, se conocen los problemas que aquejan a la educación y cunden los ejemplos de soluciones acertadas e innovadoras. Ahora se trata de explorar vías para replicar y ampliar dichas iniciativas para que el mayor número de personas posible pueda beneficiarse de ellas.En cuanto a la educación superior, se lanzaron ideas, como -por ejemplo- la posibilidad de ofrecer estudios más largos pero intermitentes. En otras palabras: titulaciones que los estudiantes puedan completar en seis u ocho años al tiempo que adquieren experiencia en un puesto de trabajo o la compartimentación de las universidades con unas cuantas instituciones dedicadas a la investigación y la creación del conocimiento mientras la gran mayoría se dedica a formar profesionales cualificados.En términos generales, la conclusión principal fue que la educación no puede permanecer estática y anclada en el pasado cuando nos encontramos en un mundo cambiante y en permanente evolución. Por lo tanto, se requiere una radical transformación de los sistemas actuales para acercarlos más a las necesidades de la sociedad -tanto económicas como de desarrollo sostenible- sin olvidar la concepción humanista de una educación superior rica en valores capaz de formar ciudadanos implicados. Para ello, se antoja necesario un cambio de paradigma y avanzar hacia una educación accesible que apueste por las nuevas tecnologías, contenidos de calidad, docentes sumamente cualificados y educandos que protagonicen su propio proceso de aprendizaje.

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