MIRANDA
El Teatro Apolo con los cinco sentidos
Un proyecto piloto narra su historia a través del tacto, el gusto, el oído y el olfato para personas con escasa o nula visión
Los asistentes emplearon su sentido del tacto para reconocer algunas figuras.-D.S.M.
El teatro salón Apolo acogió ayer una experiencia piloto en la que una treintena de personas pudo conocer a través de los cincos sentidos la historia del emblemático edificio. Bajo el nombre de Viaje del pasado al presente del teatro Apolo a través de los sentidos, Sensorama se convirtió ayer en una iniciativa pionera y experimental -con un notable éxito a tenor de la satisfacción de los asistentes- encaminada a acercar a los ciudadanos con reducida capacidad visual este recuperado icono artístico de la ciudad.Durante aproximadamente hora y media de visita, los asistentes pudieron descubrir cómo fue la creación del teatro, su crecimiento y auge durante el siglo pasado y su posterior ocaso hasta llegar a su renacer en 2015. Pero también hubo algunas sorpresas que hicieron las delicias del público gracias a la estimulación a través de los sentidos. Así, muchos pudieron evocar su infancia en el teatro través del estímulo olfativo, como el de los chicles de fresa de la marca Bazooka que mascaban en las matinés de cine, el del chocolate caliente que antaño se servía en las fiestas de la calle San Juan o el del Zotal con el que se evitaban pulgas y chinches en los teatros. Pero también pudieron escuchar en directo la actuación del ochote Amigos por San Juan, que interpretó dos piezas musicales para estimular el sentido del oído o sentir, a través del tacto, cómo eran las metopas de los fragmentos conservados de algunos frisos del antiguo edificio. Además, se mostró el único documento gráfico que existe del día del estreno de la Zarzuela de San Juan del Monte, publicado en un diario riojano el 5 de junio de 1927.Según Julio Santamaría, uno de los promotores de esta iniciativa, la idea surgió de una manera «un tanto peculiar» por su amistad con Carlos Díez, una persona a la que le une su conexión con el Apolo, puesto que Santamaría nació en la casa de enfrente y Díez vivió en esa misma residencia con posterioridad. «Él ha ido perdiendo progresivamente la vista y hace unos meses me comentó cuánto le gustaría volver a ver el Apolo». Este hecho se convirtió en un revulsivo para Santamaría, que se puso manos a la obra hace unos cinco meses para sacar adelante una visita guiada para personas en situación similar a la de su amigo. «Hemos investigado un montón de cosas, probando técnicas nuevas y con la idea de hacer extensivo el Apolo a todo el mundo», declaraba entusiasmado con el proyecto.Una visita «profundamente humanística» y «de persona a persona» en la que Santamaría olvidó su condición de arquitecto -pero no hacer mención a Fermín Álamo, quien proyectó el edificio- y que narró la historia del salón mediante anécdotas referidas a personas de la ciudad, a través de los años, desde la época de la posguerra hasta que inició su declive y posterior desaparición. Entre ellas, su inauguración el 4 de octubre de 1921, la llegada del cine sonoro en 1930 con el estreno de El Cuerpo del Delito o la primera proyección tras la Guerra Civil: la película animada Blancanieves y los 7 enanitos, «porque estaba catalogada para todos los públicos y eran tiempos en los que la censura era muy fuerte».Durante la mañana tampoco no faltaron las anécdotas que compartieron los asistentes, como la de Celia, que comentaba que la historia de amor con su marido comenzó gracias al Apolo. «A él le trajeron a Miranda para pintar el teatro por dentro. Entonces nos conocimos y ya nunca se fue», evocaba nostálgica.Javier pudo comprobar con sus manos cómo eran algunos de los elementos ornamentísticos de la época, como los frisos o las esculturas de grandes literatos como Lope de Vega que adornaban el teatro en sus primeros años.En el caso de Loli, la experiencia fue «muy positiva» y manifestó en varias ocasiones que todo le había parecido «muy bonito». Además, aprovechó la ocasión para solicitar a la concejala de cultura «que se realicen obras de teatro para personas ciegas, que existen y son de muy buena calidad». Un guante que pronto recogió la responsable de esta área municipal, Montse Cantera, al afirmar que «todo lo que sea bueno y pueda aportar, también se puede admitir, por qué no». La edil manifestó que Sensorama puede convertirse en «una buena experiencia de cara a que, quienes no cuentan con todos los sentidos, puedan apreciar lo que significó y significa este teatro en la ciudad de Miranda». A tenor del desarrollo de la cita de ayer, adelantó que «debemos intentar buscar que más personas con distintas discapacidades puedan realizar una experiencia similar que, además, no sólo es el típico espectáculo teatral o musical, sino una forma distinta de acercar a la ciudadanía la historia de Miranda».Y es que este planteamiento permitirá en el futuro realizar visitas para otros colectivos, ya que la de ayer fue recogida en vídeo por otro de los colectivos organizadores -Trace the Lights Producciones Digitales- con el objetivo de proceder a su análisis y efectuar las correcciones, mejoras o sugerencias surgidas tras esta primera experiencia. Una cita que mostró el Apolo a través de los cinco sentidos, ya que al terminar se ofreció un pequeño ágape en el bar Las Manuelas «porque hemos querido que también el sentido del gusto forme parte de nuestro pequeño proyecto», concluyó Santamaría.