La Bureba vuelve a encender la mecha de la cultura festivalera

El festival Briviesca Arde celebra hoy su segunda edición con la intención de consolidarse

Escena del tema ‘Cada vez’ de Desakato, uno de los temas más emblemáticos de la banda.-ECB

Burgos

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La conversación sale a reducir todos los veranos en los corrillos de rockeros que rondan -años arriba, años abajo- la treintena. ¿Qué fue de los míticos festivales que salían adelante con más ilusión que dinero? La música underground reinaba en Burgos. Tal era su poder de convocatoria que podía congregar a miles de jóvenes en cualquier localidad durante un fin de semana. El Baitu en Villarcayo, el Petróleo en Sargentes y Miranda, el Cebolla en Belorado... Había donde elegir, por cantidad y calidad. Sin embargo, la burbuja festivalera explotó y su onda expansiva alcanzó a toda la provincia.Muy pocos sobrevivieron a una crisis que aún se mantiene. El mejor ejemplo de resistencia hoy en día es el Tresparock, todavía incombustible a pesar de las adversidades. Pero no hay que perder la esperanza. Quizá un efecto dominó ayude a reabrir el camino. Y en esas están, precisamente, los organizadores del festival Briviesca Arde, que hoy celebra su segunda edición con el objetivo de reavivar una llama que se fue apagando por múltiples motivos.«Parece que Burgos ha muerto», declara el presidente de la asociación cultural -recién constituida- que gestiona el evento. Razón no le falta, pero sabe que no es fácil sacar adelante un proyecto de estas características. La suma de factores determina el éxito o fracaso de cualquier festival, y los promotores del Briviesca Arde dependen en gran medida del «último arreón» en la venta de entradas.El año pasado salieron a escena «con los pies en el suelo», jugando la baza -casi siempre segura- de los Narco como cabezas de cartel y la historia «no salió del todo mal». Aún así, en esta entrega esperan «el doble de gente para salvar los muebles». Si todo va bien, incluso mejor de lo esperado, se plantearían la posibilidad de ampliar el festival a dos días. Es su gran apuesta y por eso se dejan la piel, pues «nadie se hace rico» en esta aventura. Por contra, si la taquilla no funciona, las pérdidas corren a cuenta de la organización.Con la ayuda de «la gente del Trespa» y con la filosofía Baitu de los precios populares en barra, el Briviesca Arde aspira a consolidarse en los próximos años con la intención de animar a otras cuadrillas a hacer lo propio en sus pueblos. En su caso, cuentan con el apoyo logístico del Ayuntamiento, de las peñas locales que ceden voluntarios para trabajar y de algunos establecimientos que «aportan lo que pueden».Los conciertos volverán a celebrarse en la plaza de toros, con un aforo máximo de 1.500 personas. Los organizadores hacen porras al respecto. El presidente de la asociación asegura que «con 1.000» bastaría para asegurar una tercera edición. Las expectativas en principio invitan al optimismo por el buen tiempo previsto. Además, se ha habilitado una zona de acampada y las piscinas estarán abiertas. ¿Qué más se puede pedir? ¿Quizá un ‘pasabares’ con charanga? Hecho.PABLO (Cantante y guitarrista de Desakato): «La música ya no funciona a base de pelotazos»Los asturianos Desakato se han convertido, por méritos propios, en uno de los grupos revelación de los últimos años. Más de una década en la carretera ha dado sus frutos y su nombre ya forma parte de los principales carteles del país. Su último trabajo, La Teoría del Fuego, les ha embarcado en una maratoniana gira con parada en El Hangar el pasado mes de marzo. No se prodigan mucho por estos lares, pero la actitud de los burgaleses en ese concierto fue «increíble», confiesa Pablo, cantante, guitarrista y productor de una banda que espera «mucho sudor y mucha energía» esta noche en Briviesca.Aunque les vayan bien las cosas, Pablo es consciente de que «la música es una carrera de fondo» en la que no conviene relajarse. Bastante cuesta llegar, sobre todo porque el oficio «ya no funciona a base de pelotazos». Las discográficas se difuminan y «los grupos tenemos que trabajar todos los campos». Todo tiene sus pros y sus contras, pero en el mundillo de los festivales ve «poco futuro» a la autogestión «y es triste porque es la vida del rock and roll». Visto lo visto, cree que los macroeventos se comerán casi todo el pastel. Espera equivocarse, pues considera que dejar todo el negocio en manos de promotores profesionales «tiene su peligro».

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