TROTABURGOS- BELBIMBRE
Donde el pasado mira desde lo alto
Las ruinas de su castillo, su iglesia y la pila bautismal conservan entre sus piedras trocitos de la historia local
La iglesia está consagrada a la patrona local, la Natividad de Nuestra Señora.-L. C.
El nombre de la pequeña localidad de Belbimbre deriva, según análisis morfológico de los expertos, del latín Bene-vivere, (bien vivir), lo que permite dejar volar la imaginación por los parajes que la rodean en su pequeño rincón de la comarca de Odra-Pisuerga, y las calles que trazan y dan cobido a los apenas 77 habitantes que en ella conviven.Asimismo, su origen toponímico, que la denomina como ‘enclave en tierra de aguas’, recuerda que sus raíces la sitúan en la falda de una colina, en un bello balcón al río Arlanzón y a su fértil vega, haciendo al visitante olvidar los apenas 38 kilómetros que la separan de la capital burgalesa.Lejos queda también su origen, el cual se remonta a una época romana -de la que aún hoy quedan restos vinculados a una calzada y una villa romanas-, ésta última también lugar de hallazgo de mosaicos con dibujos geométricos, en el paraje llamado ‘El Cotarro del Fraile’. Enclave en el que en torno al siglo X se levantó el Monasterio de San Millán, coincidiendo así en el tiempo con la aparición de Belbimbre como cabeza del alfoz que lleva su nombre, y con su castillo -también conocido como ‘Torre de Doña Imblo’-, construido a mediados de ese siglo en la época de la Reconquista.Alfoz compuesto por 27 núcleos de población, de los cuales, hoy sólo siete están habitados. La historia remarca también el momento en que se concede el Fuero a Belbimbre y sus 4 aldeas, por parte del rey Alfonso VIII -en Burgos en junio de 1187-, el primer fuero otorgado a una villa realenga burgalesa, como era Belbimbre. PHecho que permite así una organización jurídica y unas leyes que confieren al pueblo libertad, protección para las personas y una posesión pacífica de heredades, tierras y aguas, que refuerzan la importante labor ganadera y agrícola que la localidad mantiene en la actualidad.Septiembre se convierte en Belbimbre en sinónimo de fiesta y celebración, ya que en honor de su patrona, Nuestra Señora de la Natividad, la misa y la subida a las bodegas es cita ineludible, dando también paso al tradicional aperitivo con que el Ayuntamiento obsequia a los lugareños.Cita a la que sigue San Isidro el 15 de Mayo, otro evento fuertemente arraigado, así como la celebración de la noche de Santa Bárbara cada 4 de diciembre. Día en el que una gran hoguera en la plaza de la iglesia y alrededor la hoguera, se canta un canto popular que recuerda la vida de la santa, en honor de la cual, con cierta ironía ‘lúdicamente pagana’, se recuerda mientras se aprovechan las ascuas de la hoguera, para una parrillada popular.Vigilante callado de ese entorno natural que se asoma el Arlanzón -protagonista también de un agradable sendero que con 10,6 kilómetros de trazado comunica la villa con la vecina de barrio de Muñó-, se alza el castillo de Belbimbre. Fortaleza hoy en ruinas, los escasos muros que perviven dejan patente su pasado glorioso como enclave defensivo ante la invasión muslmana, pues muestra sin pudor los dos metros de espesor que éstos tienen y tuvieron, tras su relleno de cal y canto.Junto al castillo, otra joya que guarda dentro y fuera de sus muros trocitos de historia es su iglesia visigoda, que desde la céntrica plaza del pueblo se convierte en testigo mudo de los buenos y malos momentos de los lugareños. Bello envoltorio, a su vez, de su bonita pila bautismal, que guarda en sus formas y sobria decoración a dos niveles, la práctica ancestral que más de un nativo recupera en fechas destacadas como sus antepasados hicieron siglos atrás. Es el elemento más antiguo que se conserva en el templo local, tras datarse en el siglo XIII y destacado como ejemplo del estilo románico gracias a las figuras arboriformesy motivos vegetales que la adornan.Y junto a ella, en el inmenso refugio de piedra se halla también la talla de la Virgen en el misterio de la Asunción, la cual fue restaurada en 2008 conservando así, bajo una estética cercana a Siloé y Vigarny, su policromado original del principios del siglo XVI.