Villalibre estaba «muy tranquilo» cuando la Policía llegó a la casa

El acusado de asesinar a su exmujer en Aranda declara que trató de arrebatarle un cuchillo y que «en ningún momento» tuvo intención de hacerle daño

José Tomás Villalibre durante su declaración, ayer, ante la Audiencia Provincial.-SANTI OTERO

Burgos

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Desde que abrió la puerta a los primeros agentes hasta su traslado a dependencias policiales, José Tomás Villalibre se mostró «excesivamente tranquilo». Su actitud llamó la atención de los efectivos de la Policía Local y Nacional que acudieron al domicilio de su exmujer, Benita Núñez, tras el aviso de dos vecinos alarmados por los «ruidos», «golpes» y «voces de socorro» que acababan de escuchar en plena madrugada del 17 de julio de 2016.En cuestión de minutos, una patrulla de la Policía Local se personó en la vivienda en la que residía el matrimonio hasta su separación un mes antes. Ya en el portal, los agentes escucharon una serie de «ruidos» que a priori parecían movimientos de mobiliario. A continuación, subieron al segundo piso y uno de ellos percibió «una voz leve pidiendo auxilio», por lo que comenzaron a llamar «insistentemente» a la puerta. Poco después, una dotación de la Policía Nacional se sumó al requerimiento sin éxito. Los agentes llegaron a propinar varias «patadas» a la puerta con intención de acceder al domicilio e incluso se barajó la posibilidad de llamar a los bomberos. No en vano, Villalibre acabó abriéndoles mientras presionaba las heridas de su antebrazo con un trapo.

La versión policial de que al hombre «no se le veía nervioso» fue previamente confirmada por el propio acusado, que aseguró sentirse «mucho más tranquilo» al oír las «voces» de los agentes.¿Por qué tardó entonces tanto tiempo en abrir? Según su relato, porque «bastante tenía con intentar salvar la vida». Sin embargo, pese a insistir en que «en ningún momento» tuvo intención de matarla, no fue capaz de articular una narración coherente sobre las 27 heridas por arma blanca que presentaba la víctima al desconocer «cómo pasó». Lo que sí esgrimió es que al aproximarse a la puerta para abrir a la Policía escuchó un «golpe de caída».Aunque nunca antes oyeron al matrimonio discutir, los dos vecinos que alertaron de los gritos coincidieron al describir las peticiones de auxilio de una mujer que llegó a suplicar «no me mates» entre golpes y silencios. Asimismo, ambos se mostraron convencidos de que la víctima trataba de solicitar ayuda con dificultad, «como si le tapasen la boca».Cuando Villalibre escuchó la primera llamada, Núñez «intentaba soltarse» con intención de volver a atacarle. De acuerdo a su testimonio, la discusión comenzó cuando él le preguntó a su exesposa sobre la tasación de las propiedades conjuntas para su posterior reparto. Fue entonces cuando la mujer sacó un cuchillo, le dijo que «se iba a quedar con el piso» y le «pinchó» cuando el hombre trató de arrebatárselo.Debido al «terror terrible» que aseguró sentir en ese instante, Villalibre cogió otro cuchillo para defenderse. Por otro lado, justificó su aparente tranquilidad argumentando que jamás imaginó que Núñez estuviese muerta. De hecho, se enteró en el hospital cuando preguntó por ella y se quedó «en shock».Si algo sorprendió a los agentes de la Policía Local que se personaron en el domicilio fue el cuerpo de la víctima, en posición «decúbito supino», con la mano derecha abierta portando un cuchillo -«no parecía una caída normal»-, y «cierto mobiliario» que parecía «colocado premeditadamente». En su opinión, tanto el cadáver como algunos elementos de la cocina pudieron ser manipulados para simular un forcejeo y así justificar la legítima defensa del acusado.También observaron la «mano extendida» con el cuchillo los agentes de la Policía Nacional que accedieron junto a los locales cuando Villalibre les abrió la puerta. Según la agente que intentó reanimar a Núñez, un trapo cubría la palma de la víctima y el arma que en teoría portaba. Este detalle centró buena parte de la estrategia de la defensa, ya que los policías locales no recordaron con claridad si el paño cubría la mano de la mujer. De igual manera, el letrado del acusado, Fernando Vecino, preguntó insistentemente por los dos cuchillos con el fin de esclarecer si se archivaron correctamente las pruebas, dado que uno de ellas -el arma del crimen- acabó en el fregadero.La teoría de la Policía Local sobre la aparente preparación del escenario no fue ratificada por los agentes de la Nacional que prestaron servicio esa noche, aunque tampoco descartaron dicha posibilidad. Lo que sí corroboraron es que en la cocina se apreciaban signos de violencia, con muebles y diferentes objetos por el suelo. Por su parte, la agente de la Policía Científica que inspeccionó la estancia consideró que la escena pudo verse «alterada» por los facultativos sanitarios que asistieron a Núñez.En lo que sí coincidieron los agentes fue en la actitud taciturna del presunto asesino. De entrada «casi no hubo conversación», aunque sí explicó que había asistido solo a un concierto en el que también se encontraba su exmujer. Sobre los acontecimientos previos, el acusado detalló que, efectivamente, acudió a dicho evento para ver si veía «a alguien conocido» aunque sin la motivación de espiar a Núñez. Una vez allí, consumió un vaso de cerveza, se tomó la medicación correspondiente a su tratamiento por depresión a las 11 de la noche y después pidió otra cerveza. La mezcla le sentó «mal» y se veía incapaz de conducir, por lo que decidió quedarse en el domicilio conyugal con el beneplácito de Núñez. No obstante, los agentes no apreciaron alteración alguna de su estado.Según Villalibre, tanto él como su exesposa quedaron «como amigos» tras su divorcio «de mutuo acuerdo». En cuanto a su relación matrimonial, precisó que los problemas de pareja comenzaron cuando su hijo Abel comenzó a sufrir «bullying» en el colegio. A partir de ahí, siempre según su versión, Núñez manifestó cambios de humor que le hicieron sentirse «anulado» durante los seis últimos años de convivencia. Aún así, pese a que «nunca» se negó, jamás llegó a solicitar el divorcio.La defensa también sacó a relucir los presuntos actos de «brujería» que la víctima realizaba contra su exmarido, ya fuera esparciendo agua con sal por la casa, colocando tijeras debajo de la cama y cuchillos a los lados o dejando zapatos de tacón sobre una fotografía del acusado. Villalibre aseveró que nunca se lo contó a sus hijos porque «después de lo que han pasado, lo que no quiero es darles ningún disgusto más».El homicida confeso solo respondió a las preguntas de la Fiscalía y de su abogado. Además, tampoco solicitó su puesta en libertad porque «desde el primer momento estoy juzgado». En este sentido, lamentó que a sus hijos, por mucho que se pusieran de su parte tras el divorcio, les han «manipulado totalmente» para declarar en su contra.Sin biomboAunque su intención inicial era evitar el contacto visual con el acusado, la hija y las hermanas de Benita Núñez deberán declarar sin biombo. Así lo acordó ayer el juez tras ratificar la protesta de la defensa, interesada en una «confrontación visual» porque Laura Villalibre «viene influenciada»y porque se trata de «testigos perjudicados, no directos». De nada sirvió la petición de la Fiscalía, basada en los informes de la psicóloga que atiende a la joven.

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