Dios está entre los pucheros de un pequeño pueblo de Burgos

El convento del Carmen de la villa ducal, hoy Monasterio de Lerma, pone en marcha una experiencia única, un taller de cocina tradicional en estancias que han vivido 400 años en clausura

Los participantes pueden elaborar una olla poderida en una cocina del siglo XVIMONASTERIO DE LERM

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Burgos

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Casi a buen seguro que si Teresa de Jesús se pudiera asomar a la actividad que llena ahora el Monasterio de la Madre de Dios, conocido también como Convento del Carmen de Lerma, aprobaría con un gesto y una sonrisa el trabajo que se desarrolla en su interior.

Entre las actividades que acoge este singular lugar está la posibilidad de crear, al amor de la lumbre del convento, una ‘olla poderida’, la clásica de Burgos, en su cocina. Un lugar intacto, suspendido en el tiempo de más de 400 años de vida de clausura, que se abre ahora en una experiencia especial. No olvidemos que fue Santa Teresa, quien dejó reflejado en su libro de las Fundaciones «también entre los pucheros anda el Señor».

Entrar en Clausura 

Pero antes de entrar en harina es preciso situarse para conocer el lugar especial donde se desarrolla esta actividad. En el año 2023 se pone en marcha la propuesta Monasterio de Lerma para abrir una nueva página en la historia de la comunidad de hermanas Carmelitas. Una propuesta que busca «tocar lo mínimo posible el lugar para que conserve su carácter y transmita con solo entrar en él las huellas de la vida en clausura», explica Gustavo Peña, gerente cultural del proyecto. Antes de esta segunda vida hay mucha historia.

El claustro es uno de los corazones del lugar.MARÍA BARTOLOMÉ

El convento de la madre de Dios está situado frente a la puerta de la muralla llamada Puerta de la Cárcel de la Vila.  En el siglo XVII fue mandado construir bajo el patrocinio del por el Duque de Lerma, valido del rey Felipe III, para su consuegra. Situado fuera del refugio de la villa, pero a la vera de Camino Real, donde el agua era abundante, un elemento vital para poder sustentar su gran huerta. Rodeado por altas tapias, las más altas del Carmelo de todo el mundo, con nueve metros de altura, aunque en algunos puntos llegan a elevarse  hasta los 13. Dentro queda un recinto de paz de 13.000 metros cuadrados, con una rica huerta de 10.000 metros que hoy es un espectacular jardín.

Tras la tapia en esta ciudad de Dios, las religiosas siguieron su vida en comunidad en el trabajo silencioso, tranquilo, callado. Donde los cambios del exterior a penas llegaron, ajenas en gran parte, al desarrollo de los siglos. Suspendidas en el tiempo. 

Pasados más de cuatrocientos años, las carmelitas de Lerma tomaron una decisión importante. Dejar su querido convento para unir su mermada comunidad a la de Villanueva de la Jara, en Cuenca, donde poder formar una comunidad de ayuda y cobijo en los últimos años de su vida. Y los lermeños dejaron de escuchar el tañer de sus campanas que unía la vida de las hermanas con el exterior 

El enlosado del claustro refleja la luz de las ventanas.MARÍA BARTOLOMÉ

Atrás quedó su convento. Vacío desde el año 2017, pero listo para vivir una nueva aventura. Ahora ya Monasterio de Lerma es una propuesta única en España para descubrir una lugar vedado desde 1608 , un lugar abierto a la curiosidad del que lo contempla con los ojos y la mente del siglo XXI. Sin calefacción, sin luz eléctrica en muchas de las salas,«hay en algunas de las estancias, pero no en todos y costó meses porque los operarios no podían cruzarse con las hermanas para trabajar. Fue un poco, como jugar al escondite», explica Peña.

El silencio del claustro donde un eterno suelo de terrazo haría ahora rabiar a más de un interiorista moderno. La veintena de celdas  de las religiosas, con jergones de paja y poco más. 

Todo sigue tal cual lo dejaron las religiosas, el mismo mobiliario, en gran parte donado por los lermeños, cómodas y armarios,  sin espejos, «no  hay ninguno en todo el monasterio, no estaban permitidos», apunta Gustavo  Peña. Todo es original, algunas de las piezas las han ido recibiendo, ya que fueron las monjas las que han querido que vuelva a su lugar.  «Hay cosas que se  utilizaban  y que se lo llevaron porque no sabían a qué se destinaría el monasterio, ahora nos lo han dado porque les gusta la idea. Consideran que estamos haciendo las cosas bien», explica el gerente cultural del proyecto. 

Las carmelitas vivieron con el voto de pobreza.MARÍA BARTOLOMÉ

Son muchas las historias que ha vivido el lugar, incluso cuando vieron venir la invasión francesa que obligó a la comunidad a huir Un palomar, regalo del duque de Lerma, para que las religiosas pudieran vender los pichones y tener algún sustento más. Los panales de madera para acoger  la miel de los enjambres, una morera de 400 años, un árbol desconocido que creció en clausura y pasará a formar parte del Catálogo de Especies Singular de Burgos. 

  En la visita se descubren sus historias, retazos de una vida dedicada a la oración, el silencio, el trabajo en calma. Una paz que se percibe. Un lugar que acoge actividades y propuestas abiertas a la  participación. 

La cocina de las monjas 
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La cocina es una estancia especial. Una estancia grande, casi ha llegado hasta nuestros días,  tal y como la crearon en el siglo XVII, con pocas variaciones. Y se nota que, conserva su esencia y autenticidad.

La cocina guarda elementos originales.MONASTERIO DE LERMA

En este entorno se desarrolla el Taller de Cocina puesto en marcha este otoño, que volverá a la actividad tras la pausa de la época de Navidad. «Más que una actividad al uso, es una experiencia», apunta Gustavo Peña, gestor cultural del proyecto. Una propuesta abierta a grupos de 16 personas que ofrece una experiencia «Es la posibilidad de que cada persona compruebe como cocinaban nuestros abuelos. En un suelo de brasas, sin gas, ni luz, solo fuego».

Y es que la propuesta lleva a los visitantes a ‘entrar en clausura’ a las nueve de la mañana hasta la seis de la tarde. «Más o menos son nueve horas, pero no es venir y cocinar. Es mucho más bonito». Antes de su llegada, el Maestro Cocinero ha trabajado ya para tenerlo todo dispuesto. «En la madrugada se enciende el fuego para que las brasas estén dispuestas, con las alubias a remojo». Con todos los ingredientes, «dispuestos en una mesa en lebrillos de barro del siglo XIX, de la época, no hay plásticos». Cada persona tiene su puchero, «cada uno con su letra, como hacía las monjas», y van a introducir los ingredientes un poco a voluntad, pero con la indicación del profesor». Podrán costilla adobada «que hemos hecho nosotros y les explicamos como se realiza», morro, oreja, tocino, chorizo. Después, son cinco horas de cocción a fuego lento para vuestra propia “Olla poderida” de Burgos. Pero  el menú no acaba ahí.

«En este tiempo no nos quedamos mirándolas. Hay momentos en que vamos de vez en cuando, entre actividades, a vigilar el puchero para que nos peguen, y no pase nada, pero entre medias nos vamos a ir a hacer cosas por el monasterio».  La visita a las estancias y recinto se intercala con otras propuestas culinarias muy sorprendentes para muchos, como, por ejemplo, elaborar una morcilla.

Al amor de las brasas de leña cada uno vigila su olla de barro.MONASTERIO DE LERMA

«Con los ingredientes de toda la vida, se realiza la morcilla típica de burgos, y la van a embutir a la tripa, como se hacía en las matanzas. Una oportunidad de experimentar algo que antes era común y ya no se hace. Y después la podrán asar en el fuego, en la misma chimenea».

Los participantes trabajan pueden para elaborar sus propias morcillas.MONASTERIO DE LERMA

La comida se realiza en el refectorio donde las hermanas comía en silencio escuchando las escrituras, para terminar con un café «de puchero, por supuesto» y la degustación de pastas totalmente artesanas. «Es la oportunidad de saborear la comida de antaño, como lo hacían nuestros antepasados, con los sabores propios, sin adulterar, con nuestros productos naturales», explica Gustavo.

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Una idea que, hasta el momento, está atrayendo a personas de Madrid, País Vasco, algunos burgaleses que disfrutan de un día especial, diferente. Acompañando a los pucheros del Señor junto a Santa Teresa.