TOROS
Sinfonía de clase de Morenito que indulta un toro en el cierre de feria
Es el segundo indultado en el coso arandino / Cuatro orejas y un rabo para el burgalés, a hombros con Sebastián Castella / Dos orejas para Juan José Padilla que pasó a la enfermería
El torero burgalés toreando sobre la diestra al ejemplar indultado.-A. CALVO
Rúbrica triunfal al ciclo arandino ayer con una extraordinaria corrida de Victoriano del Río y un indulto a cargo de Morenito de Aranda que rayó a un nivel extraordinario. Importante animal –‘Jubilado’, de nombre, número 92- y obra sensacional de Morenito que se explayó logrando una faena soñada. Bella, creativa, despaciosa y toreando siempre a favor del toro, ligando las tandas en un palmo, plenas de intensidad. Bramó Aranda con su torero que cuajó la faena más redonda de cuantas ha firmado en su tierra. Al natural hubo momentos sublimes. En redondo, cautivó por la largura de su toreo, su trazo y ese ritmo embelesador del toreo ligado y sin toques.
Se pidió de forma unánime el indulto para el toro que fue bravo por definición, exponiendo en el último tercio todo su potencial, su clase, su forma de entregarse, de humillar y de repetir. Una sinfonía perfecta entre Morenito y el toro de Victoriano del Río, que como toda la corrida tuvo bellas y armónicas hechuras. Pañuelo naranja para el toro y las dos orejas y el rabo de forma simbólica para el arandino. Triunfo grande. Página para la historia taurina de Aranda de Duero que vivió el segundo indulto de un ejemplar en su moderno edificio.
El diestro arandino había entrado en el cartel a primera hora de la mañana, sustituyendo al alicantino José María Manzanares que resultó volteado aparatosamente en Albacete el pasado miércoles. Morenito, además del triunfo grande del indulto, cortó las dos orejas al tercer toro de la función, el único deslucido de una importante corrida de Victoriano del Río. Muy severo, muy metido con su oponente y con recursos de torero preparado, el ribereño buscó bien las vueltas a su oponente y le hilvanó una faena tenaz que tuvo buen remate con el acero.
Para la clausura de la feria se lidió una corrida de Victoriano del Río que tuvo buenas hechuras. Abierta de líneas y con dispar remate, pero seis toros con presencia y elástica musculatura. Ofreció variantes y un juego dispar dentro de una nobleza que resulto el común denominador del encierro. Hubo toros excelentes, además del indultado. Por ejemplo, el primero, un extraordinario. Y un sexto de muy buen son. Corrida de nota. El encierro se remendó con un toro de Torrealta, lidiado en segundo lugar, que fue también bueno.
El francés Sebastián Castella es uno de los triunfadores de la campaña. Renovado y crecido, reinventado sobre su propia tauromaquia, el de Beziers torea con más amplitud de registros que nunca. Asentado frente al toro, capaz y solvente, la mayor evolución de Castella ha surgido en la amplitud de sus muletazos. La dimensión del toreo ligado, de trazo largo sobre el pitón derecho y despacioso al natural. Los vuelos por encima del contexto. Cortó cinco orejas y toreó a placer a sus tres oponentes. Tres faenas de mucho carácter y hondura. Cada una distinta. Torera la primera, muy reunida. Vibrante la que le firmó al cuarto frente al que abrió faena con un ramillete de pases cambiados que fueron arrolladores y de planta firme. A ese le cortó un único trofeo por un pinchazo previo a la estocada definitiva. Y volcánica la faena frente al sexto, con un final apoteósico por circulares.
Juan José Padilla no defraudó en el único que pudo estoquear. Fiel a su personalidad y a su entrega, el jerezano no renunció a nada frente al extraordinario primero al que le montó un alboroto. Vistoso con el capote, fácil y buen banderillero y templado con la muleta en la primera parte de su labor. Y más frenético en la segunda. Cortó dos orejas que no pudo pasear por resentirse de las lumbares. Pasó a la enfermería y no pudo continuar la tarde. Ni si quiera pasear los trofeos.