ARANDA / CONVIVENCIA
El centro planta cara al botellón y a los malos olores
El Ayuntamiento estudiará la posibilidad de contratar seguridad privada
Los vecinos piden atajar el problema, al principio de cada botellón.-L.V.
Los que no viven allí dicen que son solo unos días al año, pero los vecinos de la zona centro (concretamente del triángulo comprendido entre Puerta Nueva, Travesía, Comadres y Barrionuevo) están hartos. Hartos de botellones que duran 12 horas, hartos de esa mezcla inenarrable que solo da el alcohol con el orín y el calor, hartos de enfrentamientos y peleas, de no poder pasar por la acera. Hartos en definitiva de vivir un sinvivir. Y por ello han decidido unirse y crear una plataforma por un centro limpio que cuenta ya con 70 familias, unas 200 personas.
Sobran los motivos. «Esto no es una cuestión solo de ruido; son vómitos en los portales, meadas por todas partes, excrementos, grafitis, peleas, cristales rotos», relatan indignados porque los días en que los jóvenes deciden hacer allí su fiesta, los coches no pueden pasar y los que se atreven se arriesgan «a cualquier cosa». «Una vez salí vestido para una boda y me tiraron un cachi por la cabeza», recuerda un vecino de la calle Comadres. «Cuando llega el Sonorama o las fiestas de Aranda me tengo que ir de mi casa porque las ventanas casi estallan del ruido», explica con nerviosismo otra vecina de la plaza Arco Pajarito, consciente de que tampoco pueden vender sus viviendas porque nadie las quiere con ese panorama.
Como primer paso, han presentado más de 200 denuncias y tal y como anunciaron en el último pleno: o el ayuntamiento pone orden o les declaran ‘la guerra’. «Nos sentimos vecinos de segunda y no lo vamos a consentir más», advierte el portavoz, quien también se ha puesto en contacto con la Subdelegación de Gobierno y el Procurador del Común. «El Ayuntamiento tiene que mover ficha impidiendo los botellones cuando se puede, que es al principio; cumpliendo las ordenanzas, el horario de cierre de los bares», insisten convencidos de que las calles sucias «invitan a ensuciar y orinar». «Hay que limpiar y desinfectar porque da asco», reprochan con la mirada puesta en el próximo 22 de junio, fecha en que los alumnos terminan las clases y organizan su particular quedada.
Junto a los vecinos reivindican también los comercios de la zona. «Es la quinta vez que rompen el cristal y las aseguradoras no quieren asegurar», cuenta un empresario a sabiendas de que esos días los clientes no pueden entrar.
Porque aunque desde el Ayuntamiento se han puesto en marcha algunas medidas, como reforzar la plantilla policial los días de macrobotellones, o multar a los que pillan orinando o ensuciando la calle, la propia alcaldesa, Raquel González, lo admite: luchar contra el botellón es muy difícil. «Estamos tomando medidas en el asunto», asegura preocupada por el incivismo. «Con cinco agentes (de Policía Local) por turno es imposible», advierte decidida a estudiar la posibilidad de contratar seguridad privada para evitar la aglomeración prevista para el próximo 22 de junio.
Y es que, no solo es una cuestión de ruidos y molestias, también inquieta la seguridad y las vías de evacuación en caso de emergencia. «Esto hay que solucionarlo», exigen los afectados. Consciente de que el epicentro del problema se encuentra en el bar Savoy, el concejal de Seguridad Ciudadana, Máximo López Vilaboa, fue a visitar al dueño junto al jefe de la Policía Local. «Se ha comprometido a abrir un poco más tarde», informa a sabiendas de que esas quedadas empiezan a primeras horas de la mañana y terminan de madrugada.
A propuesta de la plataforma vecinal, el concejal de Seguridad Ciudadana convocará la próxima semana una reunión en la que está prevista la asistencia de la alcaldesa, Raquel González, representantes del colectivo, de la policía Local y Nacional, del técnico de prevención de Riesgos y de los grupos políticos.