El abuso de poder sí pasa factura... en las tablas

Morfeo estrena 'El sombrero de tres picos' en el Teatro Principal el viernes y ya prepara un Cervantes

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Burgos

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A.S.R. / Burgos

La presentación pública del proyecto con el que Burgos aspira a la corona de la Capitalidad Cultural Europea obligó ayer a Morfeo Teatro una parada en los ensayos de El sombrero de tres picos, de Pedro Antonio de Alarcón. La compañía burgalesa nacida en Madrid estrena su propia versión de esta obra del siglo XIX el viernes en el Teatro Principal con una segunda función el sábado. Mayte Bona y Francisco Negro, cuerpo y alma, alma y cuerpo, de esta formación revolotean entre bambalinas ultimando detalles técnicos, administrativos y burocráticos. El telón pintado por el leonés Regue Fernández Mateos, que ambienta todo el espectáculo, espera recogido hasta que hoy alguien lo baje para reanudar los ensayos.

Una vez más Morfeo se deja liar. Esta vez entra al trapo del enredo planteado por Pedro Antonio de Alarcón en El sombrero de tres picos, inspirado en el viejo romance castellano del corregidor y la molinera. Él, Eugenio de Zúñiga y Ponce de León, querrá conseguir los favores de ella, doña Frasquita, enamorada hasta las trancas de su marido, el tío Lucas, cuarentón «más feo que picio», al que el corregidor conseguirá alejar del hogar para materializar su tropelía. Ella será más lista que él y don Eugenio caerá al agua. Se meterá en la cama conyugal hasta secar sus ropas. En ese momento llegará el tío Lucas. ¡Y para qué quieres más! El lío está montado y el desenlace será el esperado.

«La adaptación, firmada por Francisco Negro, es hilarante, muy divertida y muy accesible al entendimiento del espectador. Ha cargado las tintas en esa pequeña crítica social de ese momento que es extrapolable al día de hoy. Son las mismas cosas de siempre, este corregidor pagado de sí mismo, fatuo y pretencioso, ridículo al mismo tiempo, que por el poder que le otorga su propia corregiduría cree que todo le corresponde, incluso el derecho de pernada, de galantear a una molinera casada y bien casada y enamorada de su molinero. Hay enredo, hay diversión, hay un poquito de todo. Y es que el clásico toca un amplio espectro», comenta Mayte Bona, quien deja muy claro que su pretensión es divertir. Sin más. Nada de buscarle más pies al gato. «Obviamente -aclara- existe ese abuso de poder que acaba corrompiendo y que puede ser un fiel reflejo de lo que está pasando en la actualidad».

Ironía, mordacidad y crítica no se escapan de los textos clásicos. Tampoco de los escenarios.

La popularidad sobrevino a esta novela costumbrista tras ser elegida por los grandes ballets rusos, con música de Manuel de Falla y escenografía y figurines diseñados por Dalí y Picasso. La estética imprimida por estos creadores es la elegida para esta puesta en escena.

Mayte Bona interpretará a la molinera, la alegre, bella y pizpireta doña Frasquita. Francisco Negro se enfundará en el solemne, libidinoso y tirano traje del corregidor, don Eugenio de Zúñiga y Ponce de León. El elenco se completa con Javier Leoni (el alguacil), Ángel Gonzalo (el molinero, el tío Lucas) y Felipe Santiago (la corregidora). Todos habituales colaboradores de la compañía asentada en Cuevas de San Clemente.

Morfeo Teatro regresa al principal auditorio capitalino en su cita anual con el público burgalés. La anterior temporada no pudo ser por obligaciones en Madrid y para resarcir esa falta ya están preparando una nueva pieza de Cervantes, que presentarán en enero.

Pero el presente es El sombrero de tres picos. Tras su estreno en Burgos viajará, de momento, a Mérida, Plasencia, Murcia y Béjar.

Y es que el teatro clásico continúa en racha... Un momento. Quiere puntualizar algo Mayte Bona: «Funciona hasta donde lo hacen las artes escénicas en un momento como el que estamos pasando. Pero gusta cuando se hace desde el ánimo de recuperar grandes hits clásicos de la literatura mundial y desde el disfrute, de intentar que se entienda bien y el público salga con un gusto agradable, tanto que desee volver».Cinco años lejos de la gran ciudad

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Hace cinco años, Mayte Bona y Francisco Negro hicieron las maletas, cogieron el coche y enfilaron la A-1 desde su Madrid natal. La ciudad ya no era para ellos. Se preguntaron dónde se metía la felicidad y la encontraron en Cuevas de San Clemente, un pequeño pueblo situado a 27 kilómetros de la capital burgalesa. Allí continúan. Allí tienen su domicilio fiscal y familiar. Y allí seguirán escribiendo su historia. Sus palabras no dejan lugar a dudas. Están encantados. Y quieren que quede constancia de ello. «Hemos sido bien acogidos desde todos los niveles, desde el personal al institucional. No puedo compartir las quejas de mucha gente. Hemos recibido el apoyo de órganos públicos, como el Instituto Municipal de Cultura, y privados, como Caja de Burgos, que es coproductora de este montaje. Y el público siempre ha estado ahí. Hemos venido para quedarnos. Burgos culturalmente no tiene nada que envidiar a las grandes capitales». Dicho queda.