Querido pintor retratado

Román extiende el homenaje de la Peña Recreativa Castellana a los que como él han trabajado

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Burgos

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A.S.R. / Burgos

El viejo pintor luce una sonrisa de oreja a oreja y unos vivarachos ojos que hablan por él. Está contento, feliz, emocionado, aunque el baile todavía no ha empezado. Román, vestido de pana negra, lazo y sombrero del mismo color, aprieta manos y da besos que es un primor. Le dan la enhorabuena, le felicitan y le recuerdan esto y aquello. Está hecho un pincel aunque confiesa que ha estado «muy jodidillo». Todos los dolores se le han pasado con la alegría del homenaje que ayer le dieron sus compañeros de la Peña Recreativa Castellana. Una fiesta a la que se sumaron colegas y políticos y en la que no faltó el vaso de vino. Ese al que, con permiso del señor doctor, sigue fiel el llamado Rembrandt castellano. Sirvió el caldo para deshacer el nudo que se le formó en la garganta en el momento de descubrir el busto que de él ha realizado el escultor Francisco Ortega y que ya ocupa un lugar principal en la sede de la sociedad. Ni un alma más entraba en ella en este gran momento. Tampoco unos minutos antes en la Sala Polisón donde había comenzado el aplauso con un retrato escrito y leído por los profesores de la Universidad de Burgos René Jesús Payo y José Matesanz.

Y Román, con la humildad que solo los grandes derrochan, y sin perder su picardía de castellano recio, hizo extensible este homenaje a todos los que como él han trabajado y lo siguen haciendo desinteresadamente por la Peña Recreativa Castellana, de la que se siente más que pagado. «Ya es el tercero que me hacen y este ya es, ya es... Creo que se han pasado», acierta a decir cuando todavía no le han sobrepasado los acontecimientos, desconociendo aún si podrá aguantar la lagrimita. Llorón, llorón no es, dice, aunque en el lugar menos esperado a uno le tocan el corazón.

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